Varios. Cuentos de ajedrez.

enero 27, 2020

Varios, Cuentos de ajedrez
Páginas de espuma, 2005. 286 páginas.

Incluye los siguientes relatos (cada uno acompañado de una partida de ajedrez):

Apasionados, obsesivos, delirantes
La cuestión de la dama en el Max Lange,Abelardo Castillo
Partida «Stemtz — Meitner Viena, 1860»
Relatos apoyados en una esquina, Hipólito G. Navarro
Partida «Tolstoi — Maude Yasnaya. Polaina, 1906»
La botella, David Vivancos Allepuz
Partida «Karpov-Polgar Linares, 1994»
La locura juega al ajedrez, Enrique Anderson Imbert.
Partida «Capablanca Aficionado. Nueva York, 1918»
El tablero de nácar, Carmen Resino
Ajedrez y crímenes en la gran pantalla
Zugzwang, Rodolfo Walsh
Partida «Samisch — Nimzowitsch. Copenhage, 1923»

Estrategia, razón y una tela de araña
Ajedrez, Nana Rodríguez Romero
Partida «Pachman – Najdorf. Mar del Plata, 1955»
El rey negro, Juan José Arreóla
Partida «Légal Saint-Briey los mates de Arreóla»
La celada (india de rey), Hiber Conteris
Partida «Letelier — Fischer Leipzig, 1960»
Partida, Cristina Peri Rossi
Partida «Rudensky — Gribin. Moscú, 1957»
El campeón del mundo de ajedrez Juan Pedro Aparicio
Partida «Dan Cramling — Pia Cramling. Barcelona1986»

La Reina y el Rey
Una partida de bijedrez Miguel Ángel Mendo
Partida
Ajedrez
Nana Rodriguez Romero

Se dice que el juego del ajedrez originariamente era una técnica de adivinación que interpretaba el resultado de la batalla entre las fuerzas eternas del Ying y del Yang.
Más tarde en Praga, con la humedad de un sótano como testigo, un hombre de ojos tristes vislumbró el ajedrez como un castillo habitado por reyes, damas, caballos y alfiles invisibles, custodiados por peones sonámbulos y torres que no duermen. Mientras en Buenos Aires, con fervor, un hombre de ojos que miran al infinito poetizó que Dios mueve al jugador, y este a ¡áptera… Ahora, yo solitaria, en el silencio de una ciudad sumergida, sobre mi cuadrícula de luces y de sombras, veo cómo el caballo traza una ele movido por mi mano, y relincha como una señal de la escritura de Dios, deseoso de que algún día esta secreta partida pueda finalizar en tablas.

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