Candaya, 2025. 140 páginas. Un hombre y una mujer, hermanos, regresan a casa tras el funeral de su hermano mayor. Tras una parada en una gasolinera, donde se escapa el gato que es lo único que les quedaba del fallecido, llegarán hasta un extraño hotel donde todo es extraño y desconcertante. Si hace poco me quejaba de un libro que estaba bien escrito pero que no llevaba a ninguna parte, esta Estación Saturno es todo lo contrario. Igualmente bien escrito, te sumerge rápidamente en una atmósfera a medio camino entre Kafka y Lynch, te desconcierta, te abandona al extrañamiento y te perturba en varias páginas. La novela no tiene un inicio, nudo y desenlace y, aún así, no sales del libro igual que entras, y es de esos textos que se te quedan pegados días en la memoria. Lo leí, además, en el estado adecuado de ánimo, así que todo bien. Menos la portada, que no le pega ni por casualidad al contenido. Muy bueno. PECERA AL REVÉS Lo que se pierde La hermana toma la ruta y avanza veloz. El hermano levanta la mano izquierda como diciendo más despacio. El limpiaparabrisas se agita igual que la cola del gato…
Candaya, 2023. 122 páginas. No pongo la habitual lista de cuentos porque es bastante larga. Son textos muy breves, en ocasiones hasta de media página, pero cada uno de ellos condensa una historia que se derrama por los márgenes y nos hace pensar en todo lo que puede haber detrás y lo que pasará después. Si seguimos la división de los relatos en aquellos que tienen inicio, nudo y desenlace y los que nos dan una rebanada de vida, los de este libro pertenecerían a los segundos pero, a la vez, nos dejan clara cuál es la conclusión, no porque esté explícita, sino porque la autora nos da las herramientas necesarias para imaginarla. Además, la calidad media es altísima, hay muy pocos relatos que sean insustanciales, y algunos son una verdadera obra maestra. Yeso o El monstruo que heredé me han parecido sublimes. Muy bueno. El frío y la lluvia se colaban por mi abrigo en mal estado, incluso antes de abandonar el techito donde nos refugiábamos. Teníamos una fecha en una sala inmunda que gozaba de cierto prestigio a pesar de la mugre y había que probar los textos con urgencia. Estrenábamos en tres semanas. El cuerpo entumecido de…
Candaya, 2024. 140 páginas. En esta colección de relatos la autora confirma lo que dije en Sanguínea, que es capaz de escribir cosas crudísimas con una prosa excelente. Textos que no nos dejan indiferentes, escritos desde las tripas, que nos pegan una bofetada en la cara. Me han gustado más los de la segunda mitad que los de la primera. Piel de iguana contiene una escena de sexo que te arrastra a esa pasión desesperada. Perder el mundo nos cuenta una noche de fiesta con más contenido y emoción que las mil borracheras alcohólicas que hemos tenido que aguantar de tantos escritores de medio pelo. En Tejido hay una descripción tan descarnada y tan física que puede ponernos mal cuerpo. Me confirma que Gabriela es una escritora excelente a la que hay que seguir la pista. No apta para estómagos sensibles. Muy buena. Entramos al cuarto y ella me mira curiosa y yo me acerco y la abrazo y le agarro las nalgas y le aprieto como exprimiendo bombas de agua mientras ella dice, aprovecha. Me manosea las tetas y murmura, no he agarrado unas tetas antes, pero cuando era niña dormía con mi perra y un día succione su…
Candaya, 2024. 156 páginas. Igual que en aquel Madre mía la autora construye una especie de ensayo basado en sus propias experiencias sobre la necesidad de tener una casa y la dificultad casi titánica de encontrar una en estos tiempos. Problema que está más de actualidad que nunca, debido a los altos precios de los alquileres y a la casi imposibilidad de comprar una vivienda. La única posibilidad, como cuenta la autora, es buscar en los pueblos, y aún así la cosa está difícil. Pero no creamos que es una crítica social, al contrario, más bien una narración de los vaivenes emocionales dentro de una situación de incertidumbre, las diferentes maneras de encarar una relación de pareja y la búsqueda de un lugar que podamos llamar hogar. No me ha impactado tanto como el otro y es normal, porque la muerte de una madre tiene mayor potencia emocional que la falta de un techo, pero Florencia escribe de maravilla y saca petróleo de cualquier parte. Muy bueno. En junio, agotada de cuidar también a la mayor, y muy cansada de amar, supe que tenía que dejar esa relación. Me propuse la ruptura. El padre me dijo: Me sorprendió que no…
Candaya, 2018. 140 páginas. Incluye los siguientes relatos: A tiempo para desayunar Paladar Instantánea borrosa de mujer con luna Funeral doméstico Un hombre en mi cama Pequeñas mujercitas Conversación de los amantes Pistola cargada Un paseo de domingo La historia incómoda que nos contó Olivia el día de su cumpleaños Matadora El Atanudos Cuento antes de ir a la cama Confeti en el cielo La primera vez que vi un fantasma Que crean atmósferas angustiosas, situaciones ominosas donde el desastre parece estar a la vuelta de la esquina. En Paladar, por ejemplo, la promesa de una comida excepcional solo para comensales arriesgados se mezclan con el regreso a Lima de la protagonista y una escapada nocturna donde todo está siempre a un paso de pero que nunca ocurre. Los cuentos largos suelen tener un final sin estridencias ni giros de guión, pero en los cortos sí que hay esa sorpresa que es marca del género. Mis preferidos son El Atanudos, buena historia narrada con un pulso excelente y el que cierra el volumen y da título al libro, una vuelta de tuerca a un tema aparentemente agotado como es la aparición de un fantasma, que deja un poso de tristeza…