Daniela Catrileo. Piñen.

abril 29, 2026

Daniela Catrileo, Piñen
Las afueras, 2022. 160 páginas.

Incluye los siguientes cuentos:

¿Han visto cómo brota la maleza de la tierra seca?
Pornomiseria
Warriache
Y Si La Tierra Debe Regarse Con Sangre

Que me han sorprendido por su crudeza y calidad, te arrastran a un ambiente de violencia explícita y latente, y te dejan descompuesto a la vez que maravillado,

Muy bueno.

No hay caricias, no hay puntos erógenos. Hay sexo duro, hardcore.
La caja del escenario puede ser la sábana de una cama, un sillón, un baño. Cierto lugar común o exótico, como tú quieras. Los contextos y los métodos suelen ser diversos. Existen imágenes variables: exteriores, interiores, con o sin iluminación, con o sin terceros. Una eterna posibilidad de ruidos y movimientos. En esta escena hay gemidos, hay gritos, hay llanto. Existe una voz dominante.
Vamos moviendo la cámara. La imagen incluye golpes, sado. Al cuerpo lo arrastran por el piso. Le agarran el pelo, la arrojan contra los muebles. Hay más sexo aún, bofetadas. Pero sobre todo un pene que entra y sale por todos los orificios posibles.
La escena se vuelve solo griterío. La imagen es la repetición de estas acciones infinitamente, como los cuadros del montaje pornográfico. Siguen los golpes. Sigue la penetración, ya no solo de un hombre. Aparecen tres hombres más. Se encienden un par de focos, se apunta hacia el cuerpo penetrado. Close-up del rostro femenino. Se exhiben partes mutiladas, amarradas, sometidas, laceradas. Solo partes. Fragmentación,
caleidoscopio. La siguen violando. Ella dice no, pero ellos siguen.
Esta imagen se repite por el mundo. En el piso de arriba, en la casa del lado, en tu cama.
Imagina que estás en ese lugar. Imagina que a nadie le importa. Imagina que para que importe te dicen que podría ser tu familia. Una articulación de roles. Mercancías estigmatizadas, una forma del dolor. Imagina que otros dicen que no es nada. Finalmente es solo un pene que entra.
Ahora puedes dejar de imaginar. No hay cuerpos, porque ni siquiera nos pertenecen.
*
La primera vez que palpé lo que había entre mis piernas me aterré. Nunca había sido consciente de las fibras y la materia que componían mis genitales hasta ese momento. Debo haber tenido al menos nueve años. En la quietud de una familia que duerme, decidí acariciarme intuitivamente para conocer qué había en las profundidades de mi cuerpo. Si bien ya me había tocado, nunca antes lo había practicado de esa forma.

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