
Alfaguara, 2012. 280 páginas.
Tit. or. a maquina de fazer espanhóis. Trad. María José Arregui Galán.
Tras la muerte de su esposa y auténtico amor de su vida al protagonista lo internan en una residencia de ancianos. Allí tendrá que adaptarse a su nueva vida, con dificultad al principio, con resignación al final.
Buenísima. No solo por la calidad de la escritura, con esa particularidad de no utilizar mayúsculas, también por la trama y personajes, ese retrato de la tristeza de las residencias, con vistas al cementerio, donde ya sabes que no tendrás escapatoria. ¡Ah! Y no hagan caso a la contraportada en la que parece que el protagonista encontrará el amor de su vida, nada más lejos de la realidad.
Cruda y desoladora como la vida misma.
Muy bueno.
hada campanilla con su minifalda erótica tan inadecuada a la ingenuidad de los niños, el ser humano es sólo carne y hueso y unas tremendas ganas de complicar las cosas, yo aprendí que aquellos creyentes se despellejaban unos a otros de tanto prejuicio y estigmatización. y aprendí, el día en que perdimos a nuestro primer hijo, que estábamos solos en el mundo, tirados en el fondo de una habitación sin ninguna ayuda, y yo aún fui a pedir al cura que nos ayudase a llegar a un hospital, que fuera rápido, porque había roto aguas y laura no se movía, no tenemos coches en este barrio, le decía yo, es un barrio pobre, nadie tiene de esas máquinas, pero, cómo está, no hay partera que se ocupe, está sangrando, padre, laura se está desangrando de nuestro hijo, y el hombre dijo unas cuantas veces que todo sería la voluntad de dios y quería con eso afirmar que todo iría bien, era para que yo no me preocupara, y después se fue con dos viejitas y no se pensó en ningún coche, nuestro hijo ya estaba en el regazo de laura y ella estaba sin conocimiento, apartada por el dolor de permanecer con los ojos abiertos sobre el silencio mortal del bebé.
no fue culpa del cura, ni de la iglesia, ni de dios, fue sólo la triste casualidad de ser miserables en un país de miseria que no esperaba de nosotros más que el brío y el sacrificio mudo, habíamos sacrificado a nuestro primer hijo, y salido con dos monedas en el bolsillo que pagarían cuatro o cinco sopas y nos dejarían para el resto del mes a la deriva de la suerte, los otros comenzaron a santiguarse y a rezar y me sentaron en una silla donde me dieron el crucifijo que teníamos sobre la cómoda, y esperaron a que dios, o peter pan, entrase en mi vida con explicaciones perfectas sobre lo que había pasado, esperaron a que la vida aún se valorase, hecha de dolor y aprendizaje, hecha de dolor y esperanza, hecha de dolor y coraje, hecha de dolor y ciudadanía, hecha de dolor y futuro, hecha de dolor y dios y salazar.
aquel día lo más importante de todo era salvar a laura, antes que rebelarme contra el catolicismo, yo prefería abdicar de un hijo que no había conocido para continuar compartiendo mi vida y creciendo como individuo al lado de la mujer que definía todas las inconclusiones de mi ser y las colmaba, yo quería realmente a laura muchos puntos por encima de aquel hijo que se perdía para siempre, y en eso tuve suerte, dejé aterrorizado el crucifijo en la cómoda nuevamente y me acerqué al mujerío que picoteaba a mi mujer, quise saber si la mantenían viva, si ya le habían cortado el cordón para que ganase autonomía a la muerte y se quedase entera del lado inmenso de la vida, y así fue. laura tardaría unas horas en recuperar el conocimiento y en vislumbrar mi sonrisa triste pero inequívoca, habíamos ganado nosotros, nosotros dos. el lugar maduro del amor, el lugar en ejercicio, y ella lloró y aceptó, como yo, que nos haríamos más fuertes y despejaríamos el camino en el tiempo venidero con garras más afiladas, que nada de lo que nos habían dicho nos había preparado para aquella tragedia, y nada de lo que nos dirían habría de volver a engañar a nuestras intenciones, a nuestros gestos.
durante mucho tiempo, portugal fue un país cuyos niños nacieron en francia. tantos, caramba, y yo pensaba, allá por el año mil novecientos sesenta y dos, que en francia estaríamos a salvo, escapando del hambre y del yugo de un trabajo sin retribución suficiente para un rayo de sol por día. pero nuestros sueños de francia nunca irían a ninguna parte, no sabíamos quién nos traficaría con seguridad y, honestamente, no teníamos soborno que se pudiera ver y, peor todavía, no había valentía para vivir a la buena de dios y laura recién embarazada nuevamente, no podíamos ir clandestinamente a francia, como tampoco podíamos correr ningún riesgo que aquel nuevo niño pudiese padecer, cuando laura parió, torturada de incertidumbres, nuestra elisa nació en la felicidad y en la frustración. podrías ser francesa, elisa. podrías haber sido francesa, aunque sentimos un gran orgullo por la resistencia que te permitió ser portuguesa y, así, heredar portugal.
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