Recopilación de artículos contra cosas tales como la cancelación, el matrimonio, la imaginación o la muerte, a cargo de autores como Andrea Calamari, Tamara Tenenbaum o Rafael Spregelburd.
Como todos los libros de esta colección son artículos frescos, de una calidad media alta, y que se leen con mucho placer.
Muy bueno.
Que esa unión será un lugar seguro, un refugio contra el mundo. Y que el sexo se convertirá en garantía dentro de esa pequeña sociedad para calmar el dolor de la existencia.
Todos los matrimonios felices se parecen: no soportan que les digan que su pasión tiene fecha de caducidad. Pero un día nos despertamos y mientras nos lavamos los dientes o preparamos la mamadera del bebé coqueteamos con el principio del fin. No es que las cosas hayan cambiado. Perdimos el brillo en la mirada y la risa cómplice, y no podemos terminar de resignarnos al descubrimiento. Quizá suceda de una vez y para siempre, quizá comience con una pequeña punzada de dolor que preferimos ignorar. Es indistinto. Se terminó.
¿Por qué mi corazón desea cosas imposibles? Estar casada y vivir un amor intenso. Volver cada día a la comodidad de lo conocido queriendo encontrar algo nuevo. Ser libre pero ahogarme con gusto en las responsabilidades de la organización de la vida familiar. Trabajar como un hombre pero rendir cuentas como una mujer.
Tal vez le pidamos demasiado. Creemos que el amor romántico tiene dos derivas: el tormento
insoportable que aviva la carne (invivible, celoso) o el tedio absoluto, la muerte en vida. Nos resistimos a ser como los árboles, que no dejan que sus copas se mezclen con las de sus vecinos más próximos. Esta timidez botánica —su delicadeza, su manera de cederse el espacio, de estar juntos sin avasallar al otro— nos es ajena en la vida de a dos.
El matrimonio es un trabajo: una composición que ensayamos a diario y que se cimenta o se pudre, según la suerte de cada pareja, a fuego lento. También puede ser muchas otras cosas: una cura para el desamparo, un Bildungsrornan, hasta una empresa redituable. Y al mismo tiempo un lodo informe, pegajoso, una dupla criminal. No hay solidaridad en el matrimonio, no hay innovación ni revolución, no hay creatividad: es un complot en contra de todos y a favor de la supervivencia, la propia y la de la prole. Intenten derribar un matrimonio: es una cruzada imposible. Basta con mirar de cerca cualquier affaire para comprobarlo.
Como organización de la vida, el matrimonio es vil: solo busca su propio bien, es ombliguista, desconfía de terceros y rechaza la curiosidad. Es una alianza por conveniencia, una unión hostil al mundo. Casi como una omertá.

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