Li Bai. A punto de partir.

febrero 23, 2023

Li Bai, A punto de partir
Pre-textos, 2005. 310 páginas.
Trad. Anne-Hélène Suárez Girard.

Antología de poemas de Li Bai, poeta chino del siglo VIII, que tuvo una vida que podríamos calificar de bohemia. Sus poemas son preciosos, dejo muestra extensa y la edición excepcional, muy cuidada. Bilingüe, algo que se agradece no porque uno tenga conocimientos de chino, sino porque los poemas tienen una estructura visual que se explica en el prólogo y que se puede reconocer. Por contra las notas del final solo aclaran términos, en ningún caso dan alguna explicación del poema.

Me ha gustado leer un poema, sorprenderme de lo que me gustaba, y enterarme de que es un poema clásico que es toda una institución en china. También leer versos como el siguiente:

Dicen que ha vuelto la primavera, y yo sin saberlo.

Y pensar que se podría haber escrito ayer mismo. A través de 1300 años de distancia y en una cultura completamente diferente a la nuestra y sin embargo es como sentarte a beber con un amigo y hablar del amor, de la vida y de la muerte.

Muy bueno.

BEBAMOS
¿NO veis, señor?
Las aguas del Río Amarillo caen de los cielos
y se precipitan al mar para no volver.
¿No veis, señor?
Los espejos de este salón lloran nuestras canas,
que al alba fueron seda negra y nieve al ocaso.
En esta vida disfrutad del gozo hasta el fin,
que el vaso nunca esté vacío bajo la luna.
Los dones que el cielo nos hizo han de hallar empleo; miles de monedas gastad, que ya volverán.
¡Que asen camellos y reses, festejaremos!
De un solo trago beberemos trescientos vasos.
Maestro Gen.
y vos, Danqiu,
bebed, no os detengais.
Para vosotros canto,
dignaos escucharme, os lo ruego, con atención.
Campanas, tambores, manjares no valen nada,
sólo deseo emborracharme y no despertar.
De santos y sabios antiguos queda el silencio,
y sólo de los bebedores pervive el nombre
Cuando el rey de Citen festejaba en Gozo Apacible,
con vino de a diez mil el jarro se deleitaba.
Pero ¿qué decís, anfitrión, que falta dinero?
Es preciso que compréis más, con vos beberemos.
¡Mi corcel pío!
¡Valiosas pieles!
Llamad al mozo y que los cambie por un buen vino,
fundiremos juntos las penas inmemoriales.

PENSAMIENTO EN UNA NOCHE TRANQUILA
Ante la cama, contemplo la luna.
Parece escarcha esparcida en el suelo.
Alzo los ojos, la veo en el monte;
los bajo y pienso en mi tierra natal

CANTO DE QIUPL V
En Qiupu abundan los monos blancos,
saltarines copos de nieve al viento.
Arrastran sus crías de rama en rama;
turban, al beber, la luna en el a<;ua. INSCRITO EN UN ÁRBOL DEL HONDO SENTIR Y ENVIADO A XIANGGONG En las ramas los monos desgarran el alma, junto al monte las lágrimas llenan el vaso. Las nubecillas blancas me miran partir, y se mecen flotantes, a modo de adiós. ENVIADO A WANG DE HANYANG A PRINCIPIOS DE PRIMAVERA Dicen que ha vuelto la primavera, y yo sin saberlo. Me acercaré al ciruelo de invierno a pedir noticias. Hizo irrupción el viento del este anoche, en Wuchang, junto al camino, los sauces cobran tonos dorados. El agua azul ondea infinita, lejanas nubes, en vano siento que no esté aquí tu bella persona. Mientras te espero, limpio una roca del monte verde, juntos podremos emborracharnos día tras día. EMPUÑO EL VASO Y PREGUNTO A LA LUNA ¿CUÁNTO llevará la luna en el cielo azul? le pregunto hoy, dejando mi libación. En vano pretende el hombre alcanzar la luna, la luna errabunda, en cambio, acompaña al hombre. Refulgente espejo, sobrevuela palacios; extintas las nieblas, irradia esplendor puro. Se la ve en la noche emergiendo desde el mar, se sabe que al alba se sumerge en las nubes. El conejo hace elixir año tras año. ¿Con quién vivirá la solitaria Chang’e? El hombre de hoy no ve la lima de antaño, la luna de hogaño alumbró al hombre de ayer. El hombre de ayer y el de hoy, aguas que corren, miraron la luna clara, y así fue siempre. Yo sólo deseo que, cuando cante y beba, su luz se refleje eternamente en el vaso. UN DÍA DE PRIMAVERA, BEBIENDO SOLO II Tengo deseos de arreboles escarlatas, quiero vivir en las riberas azuladas. Mas, de momento, frente a una jarra de vino, imperturbable, me desentiendo de todo. Toco la cítara apoyándome en un pino, tomo la copa contemplando las montañas. En el espacio se abisman aves viajeras, en el ocaso regresa una nube sola. Sólo me inquieta que ya se me haya hecho tarde, que en poco tiempo mi rostro sea otoñal. UN DÍA DE PRIMAVERA, AL LEVANTARME DESPUÉS DE LA BORRACHERA Morar en este mundo es como un sueño. ¿A qué dejar la vida en los afanes? Por eso estoy borracho el día entero y rendido, me tumbo aquí en la entrada. Al despertarme miro allá en el patio un pájaro que canta entre las flores. Decidme, por favor, ¿ qué tiempo es éste? Al viento vernal habla la oropéndola. La emoción casi me hace suspirar, mas me sirvo de nuevo, frente al vino. Esperando la luna, canto a voces; al acabar olvido el sentimiento. ENVIADO A LO LEJOS XI CUANDO la belleza estaba, florecía la estancia, mas la belleza se ha ido, vacío queda el lecho. En la cama abandonada está plegada su colcha; hoy se cumplen ya tres años, y aún flota su aroma. Ni se extingue su perfume, ni regresa la persona. Pienso en ella, caen las hojas. El rocío moja el musgo.

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