Destino, 2013. 230 páginas. Dos amigos se acaban de trasladar a Zaragoza huyendo de un matrimonio fracasado. El protagonista se reboza en su propia autocompasión mientras su amigo Jacobo empieza a tener un miedo atroz, casi irracional, pero que tenía alguna justificación porque un día aparece muerto. En la contraportada nos lo venden como un thriller de muerto encontrado investigación y mujeres misteriosas y fatales y es que no. EL 80% de la novela son reflexiones del protagonista aderezadas de miradas al río desde el puente, mucha depresión, abundancia de referencias a escritores y mucho de gustar escucharse a uno mismo. Ojo, que Carlos Castán escribe muy bien y la prosa es excelente, pero a mí tanto decir pobrecito de mí lo desgraciado que soy con lo mucho que leo me ha resultado cansino. Uno se pregunta ¿Es que el autor no sabe meterle chicha al texto? Y sí que sabe, porque las páginas finales sí que tienen trama, sí que hay thriller (sin despegarse del gusto por el lenguaje) y me han resultado muy interesantes. Si toda la novela hubiera sido así, excelente. Por desgracia sólo es el final. Se deja leer. […]deteniéndome en las mismas tumbas que me…
Paidos, 2013. 230 páginas. Tit. or. The pleasantries of the incredible Mulla Nasrudin. Trad. A.H.D. Halka. Segundo intento de buscar los cuentos de Nasrudín de mano de este autor y segundo fracaso. La mayoría son chistes, muchos de tradición popular y no sufí, que se encasquetan sin más problema a Nasrudín y a pasar por caja. Decepcionante. Idiotas El Muía Nasrudín transportaba a su casa una colección de ñnas piezas de cristal cuando éstas se le cayeron en la calle. Todo quedó hecho añicos. Una multitud se aglomeró a su alrededor. —¿Qué pasa con ustedes, idiotas? —bramó el Muía—. ¿Es la primera vez que ven a un tonto? ¿Qué es una prueba verdadera? Un vecino de Nasrudín fue a visitarlo. —Muía, necesito que me preste su burro. —Lo lamento —dijo el Muía—, pero ya lo he prestado. No bien terminó de hablar, el burro rebuznó. El sonido provenía del establo de Nasrudín. —Pero, Muía, puedo oír al burro que rebuzna ahí dentro. Mientras le cerraba la puerta en la cara, Nasrudín replicó con dignidad: —Un hombre que cree en la palabra de un burro más que en la mía, no merece que le preste nada. Refutando a los filósofos Ciertos…
Mondadori, 1997. 300 páginas. Tit. or. La promesse de l’aube. Trad. Noemí Sobregués. Autoficción sobre la infancia y juventud del autor, con una relación muy peculiar con una madre empeñada en que su hijo triunfara en cualquier campo y los intentos de ese niño por complacer a su madre y llegar a ser alguien. Según leo por ahí aunque el protagonista se llame como el autor y comparta peripecias no todo lo que está aquí es cierto, aunque se le parece. Una vida llena de peripecias de un escritor que ganó el premio Goncourt dos veces por escribir con pseudónimo. Y tuvo que reírse al leer en la prensa que su prosa ya sonaba vieja mientras que la de Émile Ajar (su pseudónimo) era fresca y llena de vida. Mucho humor y mucha ternura en un libro que se bebe a tragos, como la vida que cuenta, llena de personajes descritos con cariño y a los que en muchos casos tocó la muerte. Como al propio autor, que se suicidó con 66 años. Otras reseñas: La promesa del alba y La gran tomadura de pelo literaria de Romain Gary. Muy recomendable. La vida es joven. Al envejecer, se hace duración,…
Península, 1987. 240 páginas. Tit. or. Walter Benjamin die geschichte einer freundschaft. Trad. J.F. Yvars y Vicente Jarque. Memorias apoyadas en diarios y cartas de la relación de Scholem con Walter Benjamin. Es interesante porque aporta información de los años mozos del filósofo, cómo pensaba en esos momentos, e incluso detalles de su vida privada. La visión de un genio desde el punto de vista de otro genio siempre está bien. Es un libro que hará las delicias de los estudiosos porque la documentación es impecable. A mí que soy simplemente un curioso me ha sobrado información, hubiera preferido algo más divulgativo. Interesante. Recuerdo vivamente la noche del 20 al 21 de octubre, la víspera de la comparecencia de Benjamin ante la comisión de reclutamiento. A petición suya, estuve con él hasta la mañana siguiente; primero pasamos largas horas conversando en el Nuevo Café del Oeste, en Kurfürstendamm, y después jugando al ajedrez y a las cartas (ai «sesenta y seis a mil», una variante del entonces muy extendido «sesenta y seis») en su habitación de la DelbrückstraPe, mientras ingería considerables cantidades de café negro, al igual que entonces hacían muchos jóvenes en análoga situación que él. Permanecimos sentados juntos…
Libros de la catarata, 2019. 130 páginas. Ensayo a favor de utilizar lenguaje inclusivo de una manera consciente y con cabeza. Sin caer en excesos como ‘todxs’ que están bien para hacer visible el problema pero que no constituyen una solución. Pero aportando propuestas concretas y prácticas. En la contraportada podemos leer la siguiente anécdota que ilustra muy bien cual es el problema: «Los niños que terminen pueden ir al recreo», dice la maestra. Julia se queda sentada en su pupitre, esperando su turno. «Fulanita, he dicho que podéis ir al recreo» y, como Julia permanece inmóvil, al final le explica que con «niños» se refiere también a las niñas. Horas más tarde, el profesor de gimnasia dice: «Los niños que quieran formar parte del equipo de fútbol que levanten la mano». Julia alza la mano, decidida, a lo que el profesor, incómodo, reacciona: «He dicho los niños». Julia, estupefacta, no entiende nada. «¿Pero no había dicho ‘los niños’?». Y así, las mujeres, desde pequeñas, tienen que aprender a deducir cuándo están incluidas y cuándo no. Aunque la anécdota puede parecer divertida, en realidad no lo es. No basta decir que en castellano el masculino es el neutro y lavarnos…