Kurt Vonnegut. Mire al pajarito.

enero 20, 2020

Kurt Vonnegut, Mire al pajarito
Sexto piso, 2010. 280 páginas.
Tit. or. Look at the birdie. Trad. Jesús Gómez Gutiérrez.

Incluye los siguientes relatos:

Confido
Fubar
Gritarlo a los cuatro vientos
EI Key Club de Ed Luby
Una canción para Selma
Salón de espejos
Las personitas simpáticas
Hola, Red
Gotitas de agua
Las hormigas petrificadas
El honor de un repartidor de periódicos
Mire al pajarito
El rey y la reina del universo
El buen explicador

De calidad muy desigual. Algunos muy buenos, como el primero Confido y algunos realmente malos como EI Key Club de Ed Luby. Incluso los peores se dejan leer, que Vonnegut escribe bien hasta cuando se equivoca. Hay ideas interesantes en Hola, Red y esa bolsa que la niña devuelve. En la original idea para chantajear de Mire al pajarito y El rey y la reina del universo puede estar emparentado con Dios le bendiga, Mr. Rosewater.

No ha sido lectura desaprovechada, pero confieso que esperaba más. Otras reseñas: Mire al pajarito y Mire al pajarito

Se deja leer.

Yo no lo estoy Creo que la depresión es terrible, verdaderamente terrible. ¿Qué queréis que hagamos? —su voz sonó aflautada.
—El libro no habla de vosotros — afirmó Anne— Trata de mi. La peor persona de él soy yo.
—¡Pero si eres una buena persona! —dijo su madre—. Una persona muy buena. —Habia dejado de llorar y ahora sonreia trémulamente, moviendo los codos arriba y abajo como si fueran las puntas de las alas de un pajarillo feliz— ¿No podríamos animarnos un poco, niños? Todo va a ir bien. —Se giró hacia Henry— ¿Una sonrisa, Henry?
Henry sabía qué tipo de sonrisa deseaba y, veinticuatro horas antes, se la habría concedido automáticamente: el tipo de sonrisa que un niño dedicaba a un adulto para que le diera un beso de sana saníta. Pero no sonrió.
Lo más importante para Henry era demostrarle a Anne que él no era el bobo banal por el que, aparentemente, lo había tomado. Su negativa a sonreír, ayudó; pero necesitaba algo más propio de un hombre, más decisivo. De repente, supo en qué consistía el recado sin determinar que se había impuesto.
—Señora Heiler—dijo—, creo que Anne y yo deberíamos ir a ver al señor Karpinsky y decirle lo mucho que lo sentimos.
—¡No —exclamó la madre de Anne. Lo dijo de forma rápida y cortante, demasiado rápida y demasiado cortante. Con pánico— Quiero decir—añadió, moviendo las manos como si borrara algo— , quiero decir que ya nos hemos ocupado de eso. Vuestros padres ya han ido a hablar con él. Se disculparon, le dijeron lo del empleo y —Su voz se apagó. Hasta ella se dio cuenta de lo que realmente estaba diciendo.
Lo que realmente estaba diciendo era que no soportaba la idea de que Henry y Anne maduraran; la idea de que tuvieran que enfrentarse directamente a la tragedia. Estaba diciendo que ella misma no había madurado y que nunca se había enfrentado directamente a la tragedia. Estaba diciendo que lo más bello que el dinero podía comprar era una infancia de por vida.

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