Severo, 2023. 50 páginas. Poemario hermosamente editado en un libro que se abre del derecho y del revés, uno caballo y el otro arveja, en una especie de estuche que añade a la calidad de los poemas lo hermoso del descubrimiento. Me ha gustado más la parte de la niña arveja, pero la calidad de todos los versos, la belleza de las ilustraciones, y lo conmovedor del texto te transporta a un estado emocional embriagador. Muy bueno. Niña pequeña de aura encendida Golpe de los besos desbordados Hallazgo de la madre en ti Solo te importa aquello que la lava calienta Animal de vientre lechoso De lengua viscosa y atolondrada Eres el distraído cirro de mil formas Trompa de marfil en el rostro del elefante De tu blancura aprendí el desmayo Pálida flor en el escaparate del duende Necesito mirarte . Pequeña soldado del desierto Cálculo en el ábaco inservible Buscadora de estrellas moribundas Por ti sé dónde terminan los astros Y dónde comienza la resaca del dios amanecido Larita Habitante del descampado olímpico Pedazo de consuelo de mi cartílago Breve rezago del hogar Pavesa despeinada Perra de yeso en la copa de un árbol gigante de azul pupila
Severo, 2024. 220 páginas. El descubrimiento de unas cuevas donde se encuentran enterramientos prehistóricos lleva a la protagonista a reencontrarse con el padre de su hijo y a reflexiones sobre la muerte y nuestro peso en la historia. El libro está muy bien escrito, y tiene un comienzo magnífico, que nos dibuja un ambiente que roza lo sobrenatural, pero a partir de la mitad me da la impresión que las tramas se disgregan y pierde fuerza. Aún así, fragmentos como el de Janine son de una calidad excelente. Bueno. Despacio, para no hacer ruido, apartó de sí una botella de vino rota que podía lastimarla. La agarró con cuidado y la dejó, lejos de sí, con la misma suavidad con que hubiera tratado en casa una pieza de cristalería cara. Casa. ¿Cuál casa? Pensaba en aquella construcción de muchos pisos ubicada en una cuchara —una calle que era como esta en la que se encontraba tendida en mitad de la noche, huyendo siempre de la destrucción que dejaba a su paso— que parecía la calle más olvidada de la ciudad y que, sin embargo, estaba en el corazón de la urbe. Esa casa la había habitado en una pesadilla, sintiendo…
Entrópica, 2023. 32 páginas. Artefacto a medio camino entre el fancine, el libro de relatos, y el objeto de arte. Historias de Guayaquil, sobres con cartas escritas a mano y dibujos que conforman una memoria emocional sincera y cruda. Lo artesanal de la edición, que incluye bordados, es una delicia. Bueno. Tierra de fieras Yo no conozco lo que es la infancia, nunca tuve una. A veces ni siquiera un nombre. Me llamaban al grito de “maricón” cuando iba por las calles de la Juan Montalvo de regreso a mi casa, con mis shorts de educación fisica y mi camiseta arremangada. Pronto tampoco tendría casa ni madre, debido a que a los once le coríté que me gustaba el vecino y, a diferencia de cómo habia nacido, yo me sentia más como una niña. Empecé a pasar las noches en la calle, y cuando tenia menos suerte en la cámara de tortura de la PJ. Siendo una niña como yo, que no conocía lo que era un hogar ni el amor, pensé haber encontrado ambos en un hombre que me triplicaba la edad. Quien me daba techo y comida a cambio de golpes y sexo, que la mayoría de veces…
Funes, 2023. 130 páginas. Una serie de cartas escritas desnudando sentimientos y con una raíz poética que a veces te quita el aliento. Dirigidas a personas reales pero inalcanzables como Marguerite Durás, a otras más alcanzables como Purita Pelayo, a sus gatos o incluso a ella misma. Algunas están en portugués -al final se incluye traducción- y la edición es preciosa. Es un libro que me ha conmovido desde la primera página. Lo hojeé en la librería y de inmediato dije ‘Este para mí’. Todo un descubrimiento. Muy bueno. Querida Suca, ¿Recuerdas cuando nos fuimos de casa? Pasamos tiempos duros. Largas horas de trabajo, yo. Largas horas de espera, tú. Yo te llevaba una lata de atún por las tardes. Tú traías un pajarito muerto por la mañana. Querías alimentarme. Aún puedo sentir lo caliente de tu panza sobre mi pecho mientras te contaba historias gore y divertidas. Tú me escuchabas atenta mientras lamías mi cara. Me acicalabas, te acariciaba. En ese momento el mundo estaba en tus ojos, el mundo estaba en mi barbilla que mordisqueabas hasta quedarte dormida sobre mí. Soy alérgica a tu lana, pero prefería respirar con dificultad sintiendo tu latido antes que respirar con facilidad,…
La mordida, 2024. 70 páginas. Antología de finalistas del XIX premio literario El Laurel, con el ganador del concurso. No esperaba mucho pero la calidad media es bastante alta, y no lo digo porque entre los finalistas esté un relato mío. Supongo que puede encontrarse en la librería Barra/Llibre. Muy bueno. Antes de que esto empezara, habíamos tenido trato . Un gilipollas de dos metros, pero tenía DAZN. Yo veía el fútbol y él tenía a alguien a quien dar la brasa con las monterías a las que lo invitaba su primo. Esos cazadores me parecen unos mierdas. Se paseaba por el comedor en calzoncillos con la escopeta al hombro como si fuera John Wayne. El día que todo comenzó dejamos de hablarnos y pasó a mirarme con desconfianza. ¿Instinto? Lo oía salir al rellano por la noche para tirar las bolsas de basura escaleras abajo, siempre a la misma hora. Una noche bajé antes y me escondí en el tramo ascendente de escaleras. Cuando asomó le reventé la cabeza de un martillazo. Lo arrastré al interior y le robé la escopeta. Lo pienso ahora y me doy cuenta de que fue una chapuza. Ni se me ocurrió cogerle comida…