Si piensan que este especial es una especie de colegueo, una sesión de pomada a un amigo, se equivocan. No me gustan los cuentos de Candeira porque sea amigo suyo; he llegado a ser amigo suyo gracias a mi admiración por sus cuentos. Considérenme una groupie. Aunque sus narraciones puedan considerarse una mezcla de Carver y Cortázar el resultado es totalmente original, en un terreno en el que era difícil hacer algo nuevo. Para conseguir esos ambientes cotidianos pero surrealistas Candeira presta una especial atención al lenguaje. Como está de moda decir, se arriesga -y gana. Por suerte para él, pero sobre todo para nosotros. Tampoco es fácil meter lirismo sin caer en la cursilería, y también aquí acierta de pleno (como lo hacen Pàmies y Tizón). Nunca me ha gustado puntuar los libros. No hay un barómetro -ni siquiera personal- que nos permita asignar una nota fija e inmutable a un texto. Pero sí que hay preferencias, y así como La soledad de los ventrílocuos está dividida en tres partes, propongo mi particular selección: Los geniales Un agujero en mitad de mi mujer La soledad de los ventrílocuos El hombre en el barreño Subsuelo Los buenos Cuando se muere…
Todas las posibilidades Fragmentos en proceso de revisión Un cuento breve, directo, sobre un imposible almacén (¿museo?) que recopila una gran variedad de armas. Cabe la posibilidad de la interpretación alegórica. Subsuelo Fragmentos en proceso de revisión El Pozo está en el desierto; nadie sabe lo que es, sólo uno ha regresado -totalmente cambiado, tan cambiado que es exhibido- y quizá no hubiera tenido que descubrirse nunca, nada debería haber salido de su interior. Este es un cuento especial para mí por dos razones. La primera: es un cuento de ciencia ficción. De la buena. De la que sigue la tradición de Solaris y la supera ampliamente. Muy bien escrito, fragmentado, obligando al cerebro a resolver un rompecabezas al que le faltan piezas que debemos imaginar. La segunda: que es la primera vez que me dedican un cuento, honor que comparto con Elena Medel y Pablo Muñoz. La sensación es muy agradable. En algún lugar de la calle V (Instantánea) Comienza a atardecer, y al final de la calle, doblando el callejón, se encuentra la peluquería bañada en la penumbra. Colgada en la pared del fondo, una enorme cabeza de tiburón preside la estancia -nada más entrar el visitante encuentra…
Fuegos en la oscuridad Fragmentos en proceso de revisión Antes Falco había sido un excelente mago hasta que ocurrió el accidente. ¿Dónde quedó su magia y -también- su delgadez? El extraño ritual que como testamento parece legar a sus sobrinos apenas necesita un huevo. En este cuento la brevedad es una virtud; lo mejor es lo que se imagina. Pteranodón Fragmentos en proceso de revisión Es difícil entender que puede llevar a un niño solitario como Neuman a la decisión de contruir un pteranodón en la llanura de los huesos, y más difícil aún entender como logra convencer a Mateo y al protagonista de esta historia para secundarlo en su aventura. Me pregunto si el caballo resoplante que encuentran es un homenaje a Di Benedetto. El final no es deslumbrante, pero la construcción del cuento es impecable. La cabeza Fragmentos en proceso de revisión Cuando se vende un material tan poco común como cabezas reducidas no es raro tener que realizar las transacciones en un café, casi de incógnito. Pero las motivaciones para comprar algo tan exótico pueden ser -por qué no- muy extrañas. El texto reduce hasta el mínimo lo maravilloso que impregna el resto de cuentos del libro;…
Cuando se muere la nevera Un día va la nevera y se muere, en un gesto incomprensible. Ahora es por la mañana, muy temprano, y la familia en pleno -los dos hermanos, los padres, hasta el gato marrón- observa cómo se desliza esa enorme hemorragia de agua color violeta por toda la cocina, o, posada en el mango plateado, esa manada armónica de moscas que a cada poco se mueve, aletea, esperando su turno. Este cuento ha aparecido -y muy bien acompañado- en el libro Parábola de los talentos, por desgracia no muy fácil de encontrar -los habituales problemas de la distribución en este país-, aunque parece que se puede conseguir en la casa del libro. Una familia asiste impotente a la muerte de la nevera, y todavía anonadada deberá acompañarla hasta el lugar de su último reposo. No son los únicos que tienen que dar el triste adios a los objetos queridos. Un agujero en mitad de mi mujer Fragmentos en proceso de revisión ¿Qué hacer si cerca del ombligo de tu mujer aparece un agujero que se dedica a cantar boleros? ¿Si ella ha comprado un muñeco de un niño burundés? Si en el realismo mágico se introducían…
Al poco de empezar mi andadura en internet conocí la bitácora dedicada a los cuentos El taller. En aquel momento era una página muy activa y sus textos tenían una calidad muy buena para tratarse de escritores noveles. De los autores, el que más me gustaba era Matías Candeira -que debe haber quitado todos sus cuentos, porque no los encuentro- y fui siguiendo su trayectoria primero en su isla desierta y ahora en Ni en un millón de años . Recibí algunos de sus cuentos por correo y cada vez me parecían mejores. Siempre he tenido la sensación de que Matías llegará a ser alguien grande. Ahora tengo en mis manos su primer libro, por desgracia todavía inédito. ¡Menudo debut! Doce cuentos -perdonen el exabrupto- acojonantes, bien escritos y con esa original mezcla de lirismo surrealista que sólo Matías es capaz de escribir. Tanto me ha gustado que las próximas entregas del Cuchitril serán un especial en tres partes -las mismas en las que está dividido el libro- dedicadas a descubrir un poco del mucho talento de este joven narrador. Les invito a acompañarme.