Jesús López. Cuentos y fábulas del antiguo Egipto.

diciembre 9, 2019

Jesús López, Cuentos y fábulas del antiguo Egipto
Trotta, 2005. 260 páginas.

Incluye las traducciones de los siguientes cuentos:

La historia del pastor
La profecía de Neferty
Las aventuras de Sinuhé
El náufrago
Los cuentos del papiro Westcar
El rey Neferkara y el general Sisené
La leyenda de Isis y Ra
El príncipe predestinado
Los dos hermanos
La disputa de los árboles del huerto
La disputa del cuerpo y la cabeza
La disputa de Verdad y Mentira
La disputa de Horus y Seth
Khonsuemheb y el espíritu
El viaje de Unamón
Los infortunios de Urmai
El mago Merira
La princesa de Bakhtan

Traducciones críticas a partir de los papiros, con gran aparato crítico y elaboradas citas. No estamos ante una recopilación de historias y fábulas puestas de manera asequible para el lector, sino de un trabajo de erudición admirable dirigido a expertos.

Y aún así uno disfruta con el sabor arcaico de estas narraciones, que en ocasiones nos son tan extrañas como si las hubiera escrito un extraterrestres y en otras lo narrado podría haber sucedido ayer.

Recomendable.

Me dirigí hacia el sur, (pero) no pensaba llegar hasta la Residencia (= actual Lisht), (porque) preveía que se producirían disturbios y no pensaba poder vivir después de ellos. Atravesé Maaty en las cercanías del Sicómoro, llegué a la «isla» de Snefru y pasé mucho tiempo allí, en la linde de los campos cultivados. Partí al amanecer, cuando fue de día, y encontré a un hombre parado al borde del camino. El me saludó respetuosamente y yo tenía miedo de él. Cuando llegó la hora de la cena, me acerqué al pueblo de Negau.
Atravesé (el Nilo) en una chalana sin gobernalle gracias al viento de oeste y pasé al este de la cantera, (río) arriba (= al sur) de la Señora de la Montaña Roja (= las canteras de Tura). Di camino a mis pies hacia el norte y llegué a los Muros del Príncipe, que han sido construidos para rechazar a los asiáticos y para pisotear a quienes recorren las dunas (del desierto). Y me coloqué extendido (?) detrás de un arbusto, temiendo que me viera el centinela de servicio sobre la muralla.
Caminé durante la noche y al amanecer llegué a Peten. Habiéndome detenido en la isla de los Lagos Amargos, sufrí un ataque de sed. Estaba abrasado y mi garganta reseca. Me dije: «Esto es el sabor de la muerte». Pero realcé mi ánimo y recompuse mis miembros cuando oí ruido y un mugir de rebaños. Entonces distinguí a unos asiáticos y me reconoció un nómada (?) que allí estaba y que había estado en Egipto.
Me dio agua y coció leche para mí. Fui con él a su tribu y fue bueno lo que ellos hicieron (para mí). Un país me dio a otro país, abandoné Biblos y me acerqué a Kedem. Pasé medio año allí. Luego Ammunesh me llevó (consigo). Era el soberano de Retenu Superior. Me dijo: «Estarás bien conmigo, oirás la lengua de Egipto». Dijo esto porque conocía mi personalidad y había oído que yo era hábil. Habían informado (acerca de) mí gentes de Egipto que estaban allí con él.
Entonces él me dijo: «¿Por qué has llegado hasta estos (lugares)?. ¿Ha sucedido algo en la Residencia?». Yo le respondí: «El rey del Alto y del Bajo Egipto Sehetepibra ha ido hacia el horizonte y no se sabe lo que ocurrirá a causa de ello». Luego dije inexactamente: «Volvía de una expedición al país de los temehu cuando se me anunció (la muerte del rey). Mi corazón (= entendimiento) desfalleció, mi corazón no estaba en mi cuerpo y me llevó por el camino de la huida, aunque no había sido calumniado (?), ni se me había escupido en la cara, ni había oído una frase de desprecio[…]

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