Javier Ruiz. Yo fui a EGB.

abril 13, 2021

Javier Ruiz, Yo fui a EGB

En el principio fue el blog Yo fui a EGB y los lectores dijeron que el blog era bueno y se publicó el libro. Ahora este proceso es tan habitual que no causa espanto.

Aunque afirmen que no son nostálgicos porque la nostalgia ya no es lo que era, es lo único que son y a lo único que apelan porque si no ¿A quíen le va a interesar los helados de los años 80? Personalmente estoy un poco harto de la sobre explotación de una época que no fue para tanto.

Se deja leer.

FRIGODEDO: Con la llegada de los años ochenta descubrimos en los carteles de Frigo un nuevo helado con el dedo índice levantado como diciendo «elígeme». ¡Y vaya si lo elegimos! Muy pronto este helado de fresa se convirtió en uno de nuestros favoritos. ¿Os imagináis que el que tuviera en alto fuera el dedo corazón?
CALIPPO: La gran novedad de 1984 fue este polo que prescindía del palo y que inauguraba así un nuevo concepto a la hora de comer helado: «Lo aprietas y sube, lo dejas y baja». Desde entonces sigue siendo el favorito de los más pequeños. Primero de lima-limón, después el «Frigo que quita el hipo» fue añadiendo nuevos sabores como fresa y cola.
FRIGURÓN: Apenas estuvo cinco años entre nosotros y seguimos sin entender por qué desapareció tan pronto el que para muchos era nuestro helado favorito. Con forma de tiburón, con gusto a piña, pero de color azul, como el envoltorio de los Sugus de este mismo sabor. ¿Acaso existen piñas azules?


Y si con el yo-yo nos poníamos de los nervios, con la peonza ya ni te cuento. Bueno, peonza o trompa que también había quien la llamaba así. También la tuneábamos, pintando grecas con rotuladores de colores, clavándole chinchetas por todos lados, incluso cortándole el pitorro de madera de arriba para hacerla más aerodinámica. Al final quedaba como una especie de nave espacial hortera que no conseguía girar más que unos pocos segundos en el suelo. Olvídate de saltos, cogerla con la mano y demás. Aquí si que había auténticos expertos en nuestro barrio. Potencia, habilidad, reflejos… Bufff, demasiado para nosotros. Eso sí, es imposible ver una peonza sin intentar hacerla girar.

Al otro lado del patio o parque estaban ellas que, cuando no jugaban con los dichosos cromos de palma, se entretenían con la goma o con la comba. Siempre saltando y cantando cancioncillas. Variaban los tiempos de salto, dependiendo del ritmo de la canción, y nosotros las mirábamos como diciendo «bah, las niñas y sus tonterías». Aunque luego vimos a Rocky saltar a la comba (sin cantar, eso sí) y ya nos lo tomamos más en serio. Como en todo juego, había grados de dificultad y la comba podía ser más larga, cogida en cada extremo por una niña y saltar varias personas al mismo tiempo, incluso con dos combas a la vez, una hacia cada lado… Se necesitan reflejos y habilidad. Nada, desde aquí os miramos… Luego estaba la goma que se enganchaba en las piernas de dos chicas mientras otra hacía unas cosas rarísimas, también cantando. Qué fijación con cantar para todo…

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