Javier Marías. Tu rostro mañana 2. Baile y sueño.

noviembre 10, 2011

DeBols!llo, 2008. 346 páginas.
Javier Marías, Tu rostro mañana 2, Baile y sueño
Violencia

Sigo con la segunda parte de este libro, aunque no me emocionara la primera y lo mismo ésta.

En esta ocasión visita al protagonista una mujer que quiere pedirle una cosa, su padre rememora algunas situaciones de la posguerra y en una discoteca asiste a una escena que acaba en violencia. Esto es todo.

No me parece el mejor de los libros del autor, y no sé si hay que achacárselo a Marías, que no está en su mejor momento, o a mí, que puede que ya no aprecie su estilo a lo Benet. Sea lo que sea tantas vueltas, y reflexiones, y disquisiciones, y enumeraciones, y giros, y monólogos interiores, y patatines y patatanes se me hacen pelín largos. Los admiradores del autor, que no me apredeen.

El libro, al ser edición de bolsillo, cuenta con extras: un prólogo que nos pone en situación, a modo de en anteriores episodios y un epílogo publicado en The New Yorker que canta las alabanzas de Javier Marías y que lo pone a la altura de escritores como Philip Roth, y va a ser que no.

Calificación: Regular.

Un día, un libro (71/365)

Extracto:
Y uno entonces va y oye, oye las más de las veces, tantas temeroso y tantas también halagado, nada es tan lisonjero en principio como estar en situación de conceder o negar algo, nada —eso también llega muy pronto— tan pegajoso y desagradable: saber, pensar que uno puede decir ‘Sí’ o ‘No’ o ‘Ya veremos’; y ‘Tal vez’, ‘Voy a mirarlo’, ‘Te daré mañana una respuesta’ o ‘Esto otro querré a cambio’, según tenga el día y a su absoluto arbitrio, según esté inactivo, dadivoso, aburrido, o lleve por el contrario una prisa enorme y le falten paciencia y tiempo, según su humor o que quiera poner a otro en deuda o mantenerlo a la espera en vilo o desee uno comprometerse, porque al conceder o negar —en ambos casos, o es ya sólo por prestar oído—, queda envuelto con el suplicante, y se enreda o anuda acaso.
Si uno da una limosna un día a un mendigo del vecindario, a la mañana siguiente será más difícil negársela, porque él la esperará (nada ha cambiado, sigue siendo igual de pobre, yo no soy aún menos rico, y por qué hoy no si ayer sí) y en cierto sentido uno habrá contraído una obligación con él: si lo ha ayudado a llegar a esa nueva jornada, tiene la responsabilidad de que ésta no se le vuelva en contra, de que no sea la de su sufrimiento último o su condena o su muerte, y ha de tenderle un puente para que la atraviese, y así un día tras otro quizá indefinidamente, no es tan rara ni gratuita esa ley de algunos pueblos elementales —o son más bien lógicos— según la cual
quien le salvaba la vida a alguien se convertía en el guardián o responsable perpetuo de esa vida y de ese alguien (a menos que se diera un día la estricta correspondencia y así quedaran en paz y pudieran separarse entonces), como si se facultara al salvado para decirle a su salvador: ‘Si estoy aquí todavía es porque tú así lo has querido; es como si me hubieras hecho nacer de nuevo, luego tienes que protegerme y cuidarme y salvaguardarme, porque de no ser por ti me encontraría ya fuera de todo mal y de todo alcance, o ya medio a salvo en el tuerto e inseguro olvido’.
Y si por el contrario niega uno el primer día la limosna a su pordiosero vecino, tendrá la impresión al segundo de estar en deuda, y quizá esa sensación va a ir en aumento al tercero y al cuarto y quinto, pues si el mendigo ha franqueado y vencido esas fechas sin ayuda mía, ¿cómo no reconocerle el mérito y agradecerle lo que ya me he ahorrado? Y cada mañana que pasa —cada noche a la que él sobrevive—, más arraigará en nosotros la idea de que nos toca contribuir y es nuestro turno. (Pero esto sólo atañe a quienes se fijan en los harapientos, y la mayoría los pasa por alto, pone la mirada opaca y sólo los ve como hatillos.)

2 comentarios

  • Lazarina noviembre 10, 2011en7:37 pm

    A mi no me parece que Javier Marías sea un mal escritor.

  • Palimp noviembre 10, 2011en11:11 pm

    No lo es. Pero, en mi opinión, tampoco excelso.

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