Giovanni Boccaccio. El decamerón.

septiembre 5, 2007

Editorial Planeta, 2000. 584 páginas.
Tit. Or. Decameron . Trad. Marcial Olivar.

Giovanni Boccaccio, El Decameron
Canto al amor

Aunque escribió muchas obras, no cabe duda de que la más conocida de Boccaccio es El Decamerón. Se trata de una colección de cien cuentos, algunos de considerable extensión. Para presentarlos el autor situa a los protagonistas en 1348, cuando la peste bubónica asoló Florencia. Para huir de la enfermedad siete mujeres y tres hombres se refugian en una villa de las afueras. Para pasar el tiempo deciden contar historias y lo hacen del siguiente modo: cada día nombran a un jefe que impondrá el tema de la jornada y después cada uno debe contar un cuento relativo a ese tema. Ejemplos: La sexta jornada trata de aquellos que, diciendo alguna agudeza, se salvaron de una situación embarazosa, o con la prontitud de una respuesta o excusa esquivaron daño, peligro o escarnio. La séptima, de los engaños hechos por las mujeres a sus maridos y, para que no se diga que es un libro misógino, la octava trata de los engaños hechos por las mujeres a los hombres, los hombres a las mujeres, o los hombres a otros hombres.

Hay cuentos que son realmente divertidos, verdadero ejemplo de picaresca amorosoa. Otros son edificantes, como el que comentaba la sin par Vailima en su entrada Culebrón Florentino. En general todos son una loa al amor. Veamos como lo explica el autor (destaco en negrita la defensa que hace de la apetencia sexual en la tercera edad):

Repréndanme, muérdanme, destrócenme ellos, si yo (cuyo cuerpo d cielo hizo apto por completo a amaros) con el ánima dispuse desde mi niñez hacia vosotras, al sentir la fuerza de la luz de vuestros ojos, la suavidad de vuestras palabras dulces como miel y la encendida llama de vuestros compasivos suspiros, y me agradáis y agradaros yo procuro, especialmente parando mientes que vosotras, antes que toda otra cosa, pluguisteis a un pequeño ermitaño, a un mancebo sin sentimiento amoroso, por no decir un animal salvaje. Por cierto, quien no os ama y de vosotras ser amado no desea, como persona que los placeres ni la fuerza del natural afecto no siente ni conoce, en buena hora me reprenda, que ello poco me importa.

Y en cuanto a aquellos que contra mi edad van hablando, muestran no saber que, porque tenga el puerro blanca la cabeza, ello no quiere decir que no sea verde su cola. A ellos dejando estar el que me hayan puesto motes, respondo que yo no tendré como vergüenza, hasta el fin de mis días complacer a aquellas, a quienes, ya viejos, Guido Cavalcanti y Dante Alighieri, y Micer Ciño de Pistoya viejísimo, honraron y mucho preciaron obtener su agrado.

Y si no fuese porque sería apartarme del habitual modo de hablar, aquí podría yo aducir viejas historias, y mostrar las de los antiguos, todas llenas de hombres insignes que en sus años maduros sumamente se aplicaron en complacer a las mujeres; y si los tales lo ignoran, vayan y lo aprendan. En cuanto a que yo permanecer deba con las Musas en el Parnaso, confieso que buen conejo es; mas no podemos continuamente estar con las Musas, y aun cuando las Musas estén con nosotros, cuando acontece que un hombre de ellas se aparte, no es cosa de que vituperarse se le deba el que se deleite él viendo lo que a ellas se asemeja.

Las Musas mujeres son, y aunque las mujeres no valgan lo quel as Musas valen, empero con ellas ofrecen un primer aspecto o semejanza; por lo cual, si por otra causa no me pluguiesen, por esto placerme deberían. Esto, dejando que ya fueron, para mí, las mujeres ocasión de componer mil versos, cuando acerca de las Musas jamás hallé ocasión de escribir uno. Pero ayudáronme bien y me mostraron a componer aquellos versos, y acaso para escribir las cosas de este libro, aunque muy humildes sean, muchas veces han venido a estar junto a mí, quizá por hacer honor a la semejanza que las mujeres ofrecen con ellas. De lo cual se deduce que al entretejer estas novelas, ni del Monte Parnaso ni de las Musas tanto me aparto como a muchos les parece.

Una cosa que me ha llamado la atención son los títulos de los cuentos, que explican todo el contenido incluyendo el final. Ni los trailers de ahora:

Como Gerbino, contra la palabra dada por su abuelo, el rey Guillermo, combatió una nave del rey de Túnez para apoderarse de una hija de él, la cual habiendo sido muerta por los de la nave, él los mató, y él fue después descabezado.

Como un caballero mató a otro porque era enamorado de su mujer y ésta se mató porque su marido le dio a comer el corazón de aquél.

El texto entero pueden encontrarlo aquí: El Decamerón. Puedo asegurarles que pasarán un buen rato.

Escuchando: Rojitas. ExtreChinato y Tú.


Extracto:[-]

Peronella, oyendo al marido, que conoció en la manera de llamar, dijo: -¡Ay! Giannelo mío, muerta soy, que aquí está mi marido que Dios confunda, que ha vuelto, y no sé qué quiere decir esto, que nunca ha vuelto a esta hora; tal vez te vio cuando entraste. Pero por amor de Dios, sea como sea, métete en esa tinaja que ves ahí y yo iré a abrirle, y veamos qué quiere decir este volver esta mañana tan pronto a casa.

Giannello prestamente entró en la tinaja, y Peronella, yendo a la puerta, le abrió al marido y con mal gesto le dijo:

-¿Pues qué novedad es ésta que tan pronto vuelvas a casa esta mañana? A lo que me parece, hoy no quieres dar golpe, que te veo volver con las herramientas en la mano; y si eso haces, ¿de qué viviremos? ¿De dónde sacaremos pan? ¿Crees que voy a sufrir que me empeñes el zagalejo y las demás ropas mías, que no hago día y noche más que hilar, tanto que tengo la carne desprendida de las uñas, para poder por lo menos tener aceite con que encender nuestro candil? Marido, no hay vecina aquí que no se maraville y que no se burle de mí con tantos trabajos y cuáles que soporto; y tú te me vuelves a casa con las manos colgando cuando deberías estar en tu trabajo.

Y dicho esto, comenzó a sollozar y a decir de nuevo:

-¡Ay! ¡Triste de mí, desgraciada de mí! ¡En qué mala hora nací! En qué mal punto vine aquí , que habría podido tener un joven de posición y no quise, para venir a dar con este que no piensa en quién se ha traído a casa. Las demás se divierten con sus amantes, y no hay una que no tenga quién dos y quién tres, y disfrutan, y le enseñan al marido la luna por el sol; y yo, ¡mísera de mí!, porque soy buena y no me ocupo de tales cosas, tengo males y malaventura. No sé por qué no cojo esos amantes como hacen las otras. Entiende bien, marido mío, que si quisiera obrar mal, bien encontraría con quién, que los hay bien peripuestos que me aman y me requieren y me han mandado propuestas de mucho dinero, o si quiero ropas o joyas, y nunca me lo sufrió el corazón, porque soy hija de mi madre; ¡y tú te me vuelves a casa cuando tenías que estar trabajando!

Dijo el marido:

-¡Bah, mujer!, no te molestes, por Dios; debes creer que te conozco y sé quién eres, y hasta esta mañana me he dado cuenta de ello. Es verdad que me fui a trabajar, pero se ve que no lo sabes, como yo no lo sabía; hoy es el día de San Caleone y no se trabaja, y por eso me he vuelto a esta hora a casa; pero no he dejado de buscar y encontrar el modo de que hoy tengamos pan para un mes, que he vendido a este que ves aquí conmigo la tinaja, que sabes que ya hace tiempo nos está estorbando en casa: ¡y me da cinco liriados !

Dijo entonces Peronella:

-Y todo esto es ocasión de mi dolor: tú que eres un hombre y vas por ahí y debías saber las cosas del mundo has vendido una tinaja en cinco liriados que yo, pobre mujer, no habías apenas salido de casa cuando, viendo lo que estorbaba, la he vendido en siete a un buen hombre que, al volver tú, se metió dentro para ver si estaba bien sólida.

Cuando el marido oyó esto se puso más que contento, y dijo al que había venido con él para ello: -Buen hombre, vete con Dios, que ya oyes que mi mujer la ha vendido en siete cuando tú no me dabas más que cinco.

El buen hombre dijo:

-¡Sea en buena hora!

Y se fue.

Y Peronella dijo al marido:

-¡Ven aquí, ya estás aquí, y vigila con él nuestros asuntos! Giannello, que estaba con las orejas tiesas para ver si de algo tenía que temer o protegerse, oídas las explicaciones de Peronella, prestamente salió de la tinaja; y como si nada hubiera oído de la vuelta del marido, comenzó a decir:

-¿Dónde estáis, buena mujer?

A quien el marido, que ya venía, dijo:

-Aquí estoy, ¿qué quieres?

Dijo Giannello:

-¿Quién eres tú? Quiero hablar con la mujer con quien hice el trato de esta tinaja. Dijo el buen hombre:

-Habla con confianza conmigo, que soy su marido.

Dijo entonces Giannello:

-La tinaja me parece bien entera, pero me parece que habéis tenido dentro heces, que está todo embadurnado con no sé qué cosa tan seca que no puedo quitarla con las uñas, y no me la llevo si antes no la veo limpia.

Dijo Peronella entonces:

-No, por eso no quedará el trato; mi marido la limpiará.

Y el marido dijo:

-Sí, por cierto.

Y dejando las herramientas y quedándose en camino, se hizo encender una luz y dar una raedera, y entró dentro incontinenti y comenzó a raspar.

Y Peronella, como si quisiera ver lo que hacía, puesta la cabeza en la boca de la tinaja, que no era muy alta, y además de esto uno de los brazos con todo el hombro, comenzó a decir a su marido: -Raspa aquí, y aquí y también allí… Mira que aquí ha quedado una pizquita. Y mientras así estaba y al marido enseñaba y corregía, Giannello, que completamente no había aquella mañana su deseo todavía satisfecho cuando vino el marido, viendo que como quería no podía, se ingenió en satisfacerlo como pudiese; y arrimándose a ella que tenía toda tapada la boca de la tinaja, de aquella manera en que en los anchos campos los desenfrenados caballos encendidos por el amor asaltan a las yeguas de Partia , a efecto llevó el juvenil deseo; el cual casi en un mismo punto se completó y se terminó de raspar la tinaja, y él se apartó y Peronella quitó la cabeza de la tinaja, y el marido salió fuera. Por lo que Peronella dijo a Giannello:

-Coge esta luz, buen hombre, y mira si está tan limpia como quieres Giannello, mirando dentro, dijo que estaba bien y que estaba contento y dándole siete liriados se la hizo llevar a su casa .

7 comentarios

  • Gonzalo Barr septiembre 5, 2007en12:32 pm

    La vida de Boccaccio es interesante por lo que hubiera podido ser — Estudió derecho para complacer a su padre. (En eso no fué ni el primero ni el último.) Por un tiempo desempeñó el cargo de funcionario en un banco. En ambas profesiones fracasó. Entonces se dedicó de lleno a la literatura.

    Lo que hubieramos perdido si a Boccaccio le hubiera ido bien como abogado… ¿No?

  • Seikilos septiembre 5, 2007en3:11 pm

    A mí me pone nervioso lo arcaico de la traducción. ¿Por qué un libro de, digamos, 1350 tiene que ser traducido con un castellano que le sea contemporáneo, digamos, el del Amadís de Gaula? Deploro a Shakespeare traducido como el Quijote, a Dante traducido como el Conde Lucanor, a Chaucer escrito por Enrique de Villena.

  • Palimp septiembre 6, 2007en10:39 am

    Gonzalo, demos gracias. Me viene a la cabeza el caso de Alfau, que como nadie hizo caso a sus libros siguió trabajando en un banco. Lo peor es pensar en cuantos buenos escritores no llegaron a serlo.

    Seikilos, reconozco que a mí me hace gracia. Tendría que ver una traducción a estilo ‘moderno’ para poder comparar.

  • laura junio 12, 2008en2:00 am

    ESTA MALISIMA LA OBRA LA NETA LA NETA ESTA DE ASCO

  • laura junio 12, 2008en2:01 am

    MANDO SALUDOS A TODOS LOS NIÑOS DEL CENTRO DE FORMACION BÁSICA Y SENSIBILIZACION ARTISTICA

  • laura junio 12, 2008en2:02 am

    LOS DEL CEBA SON LOS MEJORES

  • carmen noviembre 24, 2009en6:29 am

    disculpa laura pero si no te gusta la obra es cporque sos una ignorante en el arte!
    imagino que eres de las personas que nunca han podiso interpretar a un buen autor…
    bye
    sos estupida no sabes ni lo que decis

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