Cristina Fallarás. Ahora contamos nosotras.

febrero 2, 2021

Cristina Fallarás, Ahora contamos nosotras
Anagrama, 2019. 96 páginas.

Breve crónica y ensayo sobre cómo las redes y movimientos como #Cuentalo han servido para hacer visible la violencia que se ejerce sobre la mujer. Es triste pero a pesar de lo que podemos ver día a día cuando una mujer denuncia un acoso todavía es difícil que se le crea. El ejemplo más exagerado es el del juicio de la manada, cuando a pesar de contar con unos vídeos uno de los jueces solo apreció ‘jolgorio’.

Un problema por el que las mujeres están luchando pero que como hombres también debemos colaborar ¿Cómo? Afeando conductas machistas, no siendo cómplices en acosos y dejando de mirar hacia otro lado cuando esto pase.

Recomendable.


¿Qué ha cambiado para que esto suceda? Probablemente muchas cosas, pero la más importante es, de nuevo, la comunicación. Para contar algo se necesitan los medios, los canales donde hacerlo. ¿Cuáles son los nuevos canales de comunicación de masas? Los que brinda internet en general y las redes sociales en particular. ¿Y cuál es la diferencia entre los medios de comunicación de masas tradicionales y estos nuevos canales? El dinero.
La diferencia es que para dar este paso y contarlo todas juntas y cada una por separado no ha hecho falta que invirtamos dinero, no nos ha hecho falta manejar capital, ni hemos tenido que pedir permiso a quienes lo manejan. De nuevo, así de simple. Aquellos que poseen el capital y por lo tanto poseen los medios de comunicación son quienes habían trazado la frontera entre lo que se podía y no se podía contar. El dolor de las mujeres, sus testimonios en primera persona, sencillamente no se podían contar. Se había impedido que se hiciera.
La comunicación de masas, hasta la apari-
ción de las redes sociales, estaba en manos de los hombres, era vertical y jerarquizada, y dependía de la inversión de capital (siempre masculina). Como consecuencia, ha hurtado a las mujeres el relato de la violencia en primera persona. La aparición de las redes sociales -horizontales y sobre todo gratuitas- ha dotado a las mujeres de las herramientas de comunicación que les estaban vedadas. Desaparecida la necesaria inversión de capital, la comunicación se feminiza y se hace horizontal.
Se trata de priorizar la voz sobre la autoridad, el uso sobre la propiedad, la red horizontal frente a la vertical y jerarquizada. En definitiva, de basar la construcción del relato no en lo policial/judicial sino en lo testimonial. O sea, de romper la idea de que la validez la otorga el paso por la denuncia ante «la autoridad». De ahí surge el #YoSíTeCreo.
En el momento en que las mujeres nos hacemos con una herramienta de comunicación de masas que nos permite juntar testimonios y a partir de ahí crear una memoria colectiva, ya no necesitamos que el poder judicial o las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado sean quienes aprueben si algo es o no es violencia, si esta violencia se acepta y aquella no […]

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