Antonio Di Benedetto. Mundo Animal. El cariño de los tontos.

enero 26, 2007

Adriana Hidalgo, 2000. 190 páginas.

Antonio Di Benedetto, Mundo Animal
Fábulas a golpe de hacha

Segundo libro leído de Di Benedetto, esta vez de cuentos. Escribir cuentos, como cuenta Bolaño, le sirvió alguna vez para ganar algún dinero presentándose en concursos literarios de ayuntamientos. La calidad de los jurados puede evaluarse teniendo en cuenta que en un certamen Bolaño sólo obtuvo una tercera mención de honor y Di Benedetto la primera (ambas sin premio).

El libro se compone de los quince cuentos de Mundo Animal, publicada en 1953 y los tres -en rigor, dos y una novela corta- de El cariño de los tontos. Como es habitual, aquí tienen la lista completa:

Mundo Animal

Mariposas de Koch
Amigo enemigo
Nido en los huesos
Es superable
Reducido
Trueques con muerte
Hombre-perro
En rojo de culpa
Las poderosas improbabilidades
Volamos
Sospechas de perfección
Algo del misterio
Bizcocho para polillas
La comida de los cerdos
Salvada pureza

El cariño de los tontos

Caballo en el salitral
El puma blanco
El cariño de los tontos

La potencia de los cuentos de Mundo animal es sorprendente para tratarse de una primera obra. Aunque no está totalmente desarrollada la maestría y la original prosa que será la marca de fábrica del autor, ya se adivina por donde irán los tiros. Son cuentos preciosos y sorprendentes, hachazos certeros al hielo del alma. Si quieren hacerse una idea de primera mano, pueden leer uno aquí y otro al final (lo siento por ericz). Si Nido en los huesos no es capaz de conmoverles me como un sombrero.

De las falsas fábulas pasamos a las andanzas de un caballo abandonado a su suerte, a la frustada caza de un puma blanco y a la breve novela donde el cariño no es exclusivamente de los tontos. Cataldo y la Colorada se quieren, aunque el primero se empeñe en buscarle marido. También ama, culpablemente, Amaya.

Con sólo dos libros leídos de Di Benedetto ya lo considero uno de esos autores necesarios. Dicen que sus cuentos están a la altura de Borges y Cortazar. Estoy de acuerdo. De lo mejor que he leído este año (pasado) y no tardaré en leer más. Espero poder conseguir sus cuentos completos.

Escuchando: Te Deum. Allegro. Anton Bruckner.


Extracto (un poco largo, pero quería poner el cuento completo):[-]

NIDO EN LOS HUESOS

Yo no soy el mono. Tengo ideas distintas, aunque se nos haya puesto, por lo menos al principio, en la misma situación.

Mi padre lo trajo como a la palmera. Le sobra tierra, le sobra dinero. Puso la palmenta y le pareció muy bien mientras permaneció joven y primorosa. Pero cuando se fue estirando, estirando, se fastidió de ella, por desgarbada y barbuda, por inadaptada, dice él. Porque la perdió de vista, creo yo, pues no acostumbra llevar la mirada al cielo, al menos, hacia el lado donde se erguía la palma. Mira hacia la boca del río, donde se forman las tormentas, ya que de las lluvias depende, para bien o para mal, la cosecha.

Tampoco cayó en la cuenta de que el monito no se adaptaría, no sólo por cuestiones de clima, sino porque le sería imposible adaptarse a la familia, y él quería que fuese como un miembro de la familia. Quizás no andaba del todo desacertado, pues, favorecido por ciertas consideraciones, en las que mi padre ocasionalmente se mostraba intuitivo, el pequeño simio hacía algo por ganarse el lugar que se le prometiera. Pero su sitio, en definitiva, fue la palmera. No siempre empleaba mi padre la fiesta, el alimento y la caricia; por sobre todo, lo privaba de comida y no se cuidó de educarlo verdaderamente. El mono huyó, refugiándose en la palmera, como el hijo vuelve a la madre. Bajaba sólo para hurtar o para tomar la comida que la compasión de alguien le hubiese dejado al pie de su vivienda. Vivió solo, tal como se veía la copa raquítica del árbol en su altura. Se puso huraño y meditabundo, torpe para todo lo que no fuera procurarse el sustento. Quizás por malhumor -porque el invernáculo anunciado nunca se construyó- mi padre hizo limpiar de vegetales todo el sector donde se estiraba lentamente, como un suspiro nostálgico, la palmera. Cayeron palmera y mono, y el mono se escondió entre algunos cajones y baúles hasta que los perros, enardecidos por la sangre de un pollo que dio degollado unos pasos agónicos, se le echaron encima sin que nadie se los impidiera.

* * *

Yo no soy el mono, pero también, por orden de mi padre, a causa de infracciones leves, en la niñez muchas veces tuve prohibido el acceso a la mesa. No tengo palmera, sin embargo hice de mi casa una palmera, mejor dicho, de los cuartos y de los cuadros de tierra que podían serlo, de algún paseo, de algún libro y de algún amigo. Mi palmera poseía, en verdad, muchas ramas, y por eso, quizás, tuve la posibilidad de pensar que yo no debía ser como el mono. Tal vez todo dependiese, como en el caso del simio y de la palma, del lugar de nacimiento y del ulterior destino inadecuado. No sé. Tal vez debí nacer en otras tierras y tal vez no sea así.

Es posible que yo no debiese haber nacido en este tiempo. No quiero decir con ello que mi alumbramiento hubo de producirse en la Edad Media ni en el mismo año que el de Dostoyevski. No. Tal vez yo debí nacer en el siglo xxi o en el XXII. No tampoco porque crea que entonces será más fácil vivir, aunque es posible que lo sea. Para que sea posible, ya que es imposible que yo nazca transcurrida una centuria, he querido, en la medida de mis fuerzas, ser de alguna utilidad.

Cuando comprendí la inutilidad del mono pude acercarme a lo que me pareció hacerse un destino útil, siquiera sea para los demás. Su cabeza hueca me sugirió el aprovechamiento de la mía. Quise hacer de ella, y fue sencillo hacerlo, un nido de pájaros. Mi cabeza se colmó de pájaros, voluntaria y gozosamente, de mi parte y la de ellos. Gozaba, sí, por la felicidad del nido firme, seguro y abrigado que podía darles, y gozaba de otras maneras distintas. Cuando, por ejemplo, aquella vez hice mi aparición, físicamente sombría, en el semialborozo, con urdimbre de cálculo e inquietud transfigurados, del té-canasta de mi madre, y ella tuvo que decirme, retadora y perdiendo aplomo, que cómo hacía eso de ponerme a silbar en medio de la reunión de señoras. Y yo decía, con mi boca de labios desunidos nada más que por una sonrisa de lástima de su ignorancia, que no era yo mismo quien silbaba, y en aquella muchacha suscité el asombro candoroso de quien presencia el tránsito de un-dios musical, tangible y perecedero.

* * *

No fue siempre así, sino apenas unos años, quizás unos meses. Con el cambio he dudado un tanto de que haciendo la felicidad de un pájaro haré la felicidad de todas las familias de los siglos venideros. Si todos pusiéramos nuestra cabeza al servicio de la felicidad general, tal vez podría ser. Pero nuestra cabeza, no sólo el sentimiento.

Yo puse la mía y tuvo gorriones, canarios y perdices dichosos. También lo son ahora los buitres que han anidado en ella. Pero ya no puedo serlo. Son inacabablemente voraces y han afinado su pico para comerse hasta el último trocito de mi cerebro. Ya en hueso mondo, aún me picotean, no diré con saña, pero como cumpliendo una obligación. Y aunque sus picotazos fueran afectuosos y juguetones, nunca podrían ser tiernos. Duelen ferozmente, hacen doler el hueso y hacen expandir mi dolor y mi tortura en un llanto histérico y desgarrado de fluir constante. Nada puedo contra ellos y nadie puede, pues nadie puede verlos, como nadie veía a los pájaros que silbaban. Y aquí estoy yo, con mi nido rebosante de buitres que, aprovechados, insidiosos y perennes, hacen crujir, con cada picotazo de cada uno de sus mil picos, cada hueso de cada parte de todo mi esqueleto. Aquí estoy, escondido entre los baúles, a la espera de que alguno de los que antaño dieron de comer al mono se compadezca de este acorralado y azuce los perros.

Pero, por favor, que nadie, por conocer mi historia, se deje ganar por el horror; que lo supere y que no desista, si alienta algún buen propósito de poblar su cabeza de pájaros.

20 comentarios

  • La Otra Chilanga enero 27, 2007en9:39 pm

    ¿Horror? Tristeza es el nombre de mi conmoción… ¿podríamos ser todas las cabezas un nido igual? Es lo imposibilidad misma de serlo que nos tiene más cerca de los buitres que de los canarios. Lo dicho.

  • Seikilos enero 28, 2007en5:05 pm

    Creo que, de esa lista, mi preferido es «Caballo en el salitral»; la altura lírica que alcanza es la del mejor Di Benedetto. Tu elección de «Nido en los Huesos» también es acertada, como tu cita kafkiana («hachazos certeros al hielo del alma») que resuena en la cita kafkiana del cuento, la de los buitres que picotean y desgarran el alma humana. Quisiera escucharte hablar de «Zama» y de «Absurdos» ahora, esos dos libros esenciales de Di Benedetto; quisiera escucharte hablar con esa sensibilidad particular que tenés para leer.

  • Locodelavida enero 29, 2007en2:04 pm

    Me encanta tu blog, me voy a bordar los corpiñós con el nombre del blog, que bonito.

  • Pablo enero 29, 2007en7:38 pm

    Hola amigos.
    «El rencor de los bufones», primer libro de Pablo Manzano, ya está en las librerías. Quedan todos invitados a visitar el blog.
    http://elrencordelosbufones.blogspot.com
    saludos.

  • Fedush enero 30, 2007en2:02 am

    No he leido nada de este autor, pero se ve que estos cuentos están bien. Habrá que probar el mundo animal.
    Te invito a visitar mi blog. Si te gusta apóyame en los 20 Blogs: http://fedush.blogspot.com/ . Un saludo

  • Vero enero 30, 2007en12:00 pm

    Mientras leía “Volamos” me pasó rozando el animal de “Una cruza”, de Kafka, mitad gato, mitad cordero. También Kafka tiene un cuento del que no me acuerdo el título en que a un tipo los pájaros lo devoran, que debe de ser el que recuerda Leandro. Qué bárbaro. Me terminaste de convencer: tengo pendiente la lectura de dos libros que no puedo soslayar pero después me meto en los Cuentos completos de Di Benedetto. Saludos.

  • Palimp enero 31, 2007en9:41 am

    Seikilos, gracias por tus palabras; ya he localizado Zama y Absurdos en la biblioteca, los pondré primeros en mi lista.

    Creo que no te decepcionarán, Vero.

  • Seikilos enero 31, 2007en6:19 pm

    Es completamente verdad lo que dice Vero acerca de «Volamos»: es el lenguaje de «Una Cruza» de Kafka. Cuántas referencias kafkianas…

  • funes marzo 26, 2007en5:34 pm

    Buenas…
    cito este post en una entrevista a Federico Levín que cuelgo en mi blog.

    Muchas gracias.

  • Palimp marzo 26, 2007en9:10 pm

    Gracias a ti por citarlo. Curiosa -y larga- entrevista.

  • adrian abril 16, 2007en8:39 am

    «…sobre la ruina transcurre la vida, a la busqueda de la seguridad de subsistencia…».
    El final de CABALLO EN EL SALITRAL es uno de los mas exquisitos de la literatura argentina. Caballito ciego que se hunde en la sal, pero cruzado con una catita celeste (pajaro a punto de parir), que hace nido en ese «..craneo medio pelado..».Recomiendo la lectura de este cuento y tal vez en unos meses, algo teatral inspirado en sus imagenes aparezca por aqui….

  • Palimp abril 16, 2007en5:06 pm

    Pues nos dejas en ascuas. Esperaremos a ver.

  • pixi-dixi junio 24, 2007en8:34 pm

    Magnífico Benedetto en esos relatos y en otros, como Aballay, que te recomiendo. Reconcilia con el mundo encontrar un blog con buenn gusto literario.

  • Palimp junio 25, 2007en9:10 am

    Gracias por el piropo, pero hay muchos blogs con mejor gusto literario que el mío.

    Un saludo.

  • tomassi mayo 8, 2009en7:17 pm

    pobre di benedetto…lo re cagaron a palos en la dictadura, lo dejaron mal de la cabeza, la obra zama nacio en mendoza y por tal no fue reconocida a nivel mundial. no tenia nada que envidar a sus contemporaneos. espero que de apoco deje de ser el pobre de di benedetto

  • Palimp mayo 13, 2009en8:21 am

    Es un escritor sensacional que merece mucho más reconocimiento del que tiene. El tiempo lo pondrá en su sitio.

  • Lisselotte enero 30, 2012en11:54 pm

    Hola
    Soy chilena y la semana pasada di con Cuentos Completos de Antonio Di Benedetto, ha sido todo un descubrimiento. Ignorar su trabajo le resta calor a la producción y sagacidad literaria latinoamericana. Estoy encantada, quise saber más del autor y me encontré este blog. Muy bien por mostrar las creaciones más orillaras de nuestra tierra.

  • Palimp febrero 8, 2012en1:05 pm

    Gracias por tus palabras. Me alegro que descubrieras este autor.

  • sebas marzo 27, 2012en8:42 pm

    Creo que es verdad que se acerca a lo kafkiano y no es menos acertado como dijo Saer que se puede respirar en él cierto aire existencialista, sobre todo en sus 3 novelas que pueden ser, como también dice Saer, leídas como una trilogía. Sin duda de los mejores escritores argentinos de todos los tiempos, un clásico.
    Excelente blog

  • Palimp marzo 29, 2012en11:41 am

    Gracias.

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