
Anagrama, 2025. 194 páginas.
Tir. or. Orbital. Trad. Albert Fuentes.
La vida cotidiana de los astronautas de una estación espacial, órbita tras órbita, mientras contemplan la tierra en la que suceden cosas como un enorme tifón o la muerte de seres queridos.
El libro más aburrido que he leído este año. Está bien escrito pero el tema me ha dejado más congelado que el espacio exterior. Las descripciones del entorno orbital son, hasta donde puedo suponer, bastante ajustadas y realistas pero, a pesar de mi amor por la ciencia, se me han hecho larguísimas.
No me ha gustado.
¿Alicaído?
Sí. ¿Te ha pasado?
No conozco esa palabra. ¿Qué significa?
¿Qué significa? Lo que quiero decir es si alguna vez te preguntas qué sentido tiene.
¿Estar en el espacio?
Eso es. ¿Te ha pasado? A veces vas a dormir en el espacio y piensas ¿por qué? ¿Te haces preguntas? O cuando estás cepillándote los dientes en el espacio… Una vez, en un vuelo de larga distancia, estaba cepillándome los dientes en el aseo y miré por la ventanilla y de pronto pensé: ¿cepillarme los dientes, para qué? No en el mal sentido, solo que al preguntarme por qué me los cepillaba, fue como si alguien me hubiera cortado las alas. Me quedé pasmada. ¿Entiendes lo que quiero decir? ¿Hablo demasiado rápido?
Lo entiendo.
Y ahora, a veces, cuando me meto en la cama, tengo la misma sensación. Cuando me tapo, recuerdo ese día en el aseo del avión y me quedo sin aire. Se me caen los hombros y me siento alicaída. Me pongo triste. Pero no sé por qué.
Alicaída. Significa… ¿deprimida, quizá?
Supongo que más bien decepcionada. Desalentada. Sí, como si te hubieran quitado el aliento.
¿Y quieres saber si yo me siento así?
Es porque vi fotos de donde dormís todos ahí arriba y son unos sacos de dormir tristes, colgados dentro de una especie de cabina telefónica pequeña, y me pareció que eran muy poco acogedores. Muy… absurdos, si me lo permites. Y me pregunté si después de llegar ahí arriba, después de esforzaros tanto -porque sé que cuesta mucho esfuerzo—, miráis esos sacos y pensáis: ¿eso es todo? ¿No te pareció decepcionante? ¿Entiendes a qué me refiero?
Absurdo.
Te he ofendido.
No, no. Estoy pensando.
Lo siento.
Voy a contarte algo, Therese, sobre nuestros sacos de dormir. Es verdad que están colgados, y que casi nadie utiliza los pulpos para sujetarlos a la pared: nos quedamos sueltos y vamos flotando de un lado a otro, y es muy reconfortante. Pero la primera noche que pasé aquí recuerdo ver mi saco de dormir, y quizá, a primera vista, es verdad que puedes sentirte, ¿cómo era?, sí, alicaído, alicaído cuando piensas que esa será tu cama durante varios meses, pero entonces ves algo que te hace sonreír. Vi que en realidad el saco no colgaba, ¿sabes? Aquí no hay gravedad que le dé… ¿Cómo expresarlo? Que le dé peso o…
No es un objeto sin vida o sin fuerza.
Exacto. ¿Sabes? El saco tiene vida, se hincha como una nube. Muy ligeramente, como una vela cuando recibe un viento perfecto. Y entonces sabes que, mientras aguantes en órbita, todo irá bien, no te sentirás alicaído, ni una sola vez. Es posible que eches de menos tu casa, que tengas días en los que estés agotado, o te sientas como un animal enjaulado, o te sientas solo, pero nunca, ni una sola vez, te sentirás alicaído.
Entonces, es como si el aliento de la vida entrara en ti, en lugar de abandonarte. ¿Como si todo estuviera vivo? Como si tu saco de dormir estuviera vivo…
Creo que sí… Sí, es eso exactamente.
Ya no te oigo bien.
No.
Ojalá fuera de noche para mirar al cielo y ver pasar tu luz.
Estamos pasando de todos modos.
No hay comentarios