Enrique Serna. Ángeles del abismo.

noviembre 9, 2006

Editorial Joaquín Mortiz, 2004. 540 páginas.

SernaAngelesAbismo
Pícaros supervivientes

Llevar un blog no tiene, generalmente, beneficios económicos. Pero tiene otro tipo de recompensas. Además de las egorías, he conocido a muy buena gente gracias a mi blog. Una de ellas es Magda, que además de regalarme su amistad y cariño me envió tres excelentes libros por correo. Éste fue el que leí primero por estar en la lista del esclavo lector.

Crisanta Cruz es una niña que sueña con ser actriz. Tlacotzin es un indio cuya madre es cristiana y su padre Azteca. El padre de Crisanta abusa de ella en estado de embriaguez, y esta se venga fingiendo visiones místicas y obligándole a confesar en público su crimen. El padre de Tlacotzin quiere hace de él un buen azteca y lo lleva a reuniones secretas, pero éste, creyendo que lo van a sacrificar, escapa con la ayuda de su madre e ingresa en un monasterio. Aunque ya se imaginarán que ambos se encuentran, no quiero adelantarles más; para saber como acaba la historia deberán leer el libro.

Libro con una rara cualidad; es entretenido, se lee de un tirón pese a sus 540 páginas, a ratos es capaz de arrancar carcajadas, y está muy bien escrito. Una mejor reseña y la misma recomendación pueden leerla en el blog de Magda. Me gusta como retrata una época un tanto desconocida, los personajes que pueblan sus páginas (algunos reales, como Luis de Sandoval Zapata, y todos muy bien dibujados), la estructura de la novela y el estilo, novela picaresca puesta al día.

Se lo presté a mi mujer y también le encantó (ha sido mi libro más prestado este año). Muy bueno.

Escuchando: Vino Tinto. Estopa.


Extracto:[-]

—Entregadme a mi hijo, centuriones. ¿No véis que ha exhalado ya el último aliento? Haced menos amargo el dolor de una madre que os implora piedad.

Bajó de la cama y se arrodilló para besar las plantas de un centurión invisible.

—Levántate hija, estás delirando —Onésimo quiso alzarla del suelo, pero los vecinos le impusieron silencio.

—Déjela seguir —dijo doña Chole—. ¿No ve que está arrebatada?

Crisanta tenía en el puño a su público, y no pudo evitar una grata sensación de poder, pese a reprobar moralmente el sainete. Confiada en su talento, alargó el brazo como si el centurión le hubiera ofrecido un pañuelo.

—Gracias, buen hombre —se enjugó las lágrimas—. Por vuestra gentileza seréis recompensado en el reino de los cielos —quitó del lecho una sábana invisible y se la ofreció al fantasma—. Hacedme otra merced: envolved a mi hijo en este sudario.

Fingió contemplar el descendimiento de la cruz con el alma en un hilo, y cuando los centuriones terminaron la faena, se hizo a un lado para cederles el paso.

—Ponedlo aquí —dijo, señalando la cama— y tened la bondad de dejarme a solas con él.

Al hacer el ademán de retirar la sábana santa, las heridas del redentor le arrancaron del pecho un hondo lamento.

—Mira cómo te han puesto los hombres que tanto amaste —reclinó la cabeza en un cojín—, mira tu pobre cuerpo destrozado por la ingratitud humana. ¡Oh, estirpe de Caín, qué mal has recompensado a tu salvador!

Los Oropeza no pudieron resistir el impulso de arrodillarse. Crisanta fingió remojar un lienzo que Lorenza había colocado adrede sobre el buró, y limpió las heridas del redentor alternando los suspiros con los lamentos. Su mímica era tan convincente, que sólo faltaba oír el agua sanguinolenta cayendo en la jofaina. Terminada la tarea, forcejeó con un enemigo invisible, como si los centuriones volvieran por ella y la sujetasen por la espalda.

—¡Dejadme estar con él! —aulló—. ¡No me lo arrebatéis tan pronto! ¡Quiero acompañarlo al sepulcro!

Cayó al suelo arrastrada por los centuriones y al verse irremediablemente separada de Jesús volvió a perder el acuerdo, las mandíbulas trabadas y las piernas tiesas como estacas. Cuando Lorenza corrió en su auxilio intercambiaron un guiño de complicidad a espaldas de los mirones.

—Se ha vuelto a tullir —dijo la mulata, consternada.

Entre ella y Onésimo la levantaron en vilo. Las dos parejas rezaron un trisagio para rogar a Dios que la niña volviera en sí, pero Crisanta ya había trabajado lo suficiente por ese día y dejó a los vecinos con las ganas de presenciar la segunda jornada del sainete. Al despedirse, Lorenza les rogó, contrita, que guardaran absoluta discreción sobre las visiones de la pequeña, para incitarlos a divulgarlas con mayor ahínco. El ardid surtió efecto, y en pocos días la fama de la niña iluminada se extendió por mercados, iglesias, boticas y barberías. El relato de sus arrobos, deformado por quienes oían el chisme de segunda o tercera mano, despertó un morboso interés por conocerla en persona, lo mismo entre la plebe y las castas que entre las familias principales de Tacu-ba. Decenas de curiosos llegaban todos los días a preguntar por Crisanta, y para avivarles más la curiosidad, Lorenza salía a decirles que la niña no podía recibir visitas, por hallarse mal de salud. La pequeña celebridad estuvo encerrada a piedra y lodo un par de semanas, pues Onésimo temía empañar su fama de beata si algún chismoso la veía pasear en la calle. Para compensarla por el encierro, Lorenza le llevaba todos los días un rico surtido de antojitos y pasteles, que la niña devoraba de una mordida, como los osos amaestrados degluten el terrón de azúcar después de bailar para los viandantes.

4 comentarios

  • Magda noviembre 9, 2006en7:06 pm

    ¿Què grata sorpresa, Palimp! Me alegra que te haya gustado, es una estupenda novela que retrata mucho y de forma excelente, la època colonial en Mèxico, y lo hace de forma amena, divertida, con un fondo totalmente serio. Novela picaresca puesta al dìa, la defines muy bien. Que una novela de tantas pàginas se lea como agua, habla de esa forma de narrar de Enrique Serna tan notable. Ademàs el caso de la beata fue verdadero y Serna lo toma, de estos casos hay muchos en el archivo de la naciòn, unos aterradores, otros menos, pero todos interesantes.

    Me da gusto que a tu esposa tambièn le haya gustado, dale por favor un abrazo.

    Gracias por tu estupenda reseña.

    Muchas gracias, un abrazo

    Magda

  • Palimp noviembre 11, 2006en6:05 pm

    Gracias a ti por este regalo. Y por tu amistad 🙂

    Un abrazo

  • gaby septiembre 9, 2009en8:40 pm

    MUY BUEN LIBRO, LA NARRATIVA ES BASTANTE ATRACTIVA, SIN EMBARGO, LO QUE MAS ADMIRE DE LA NOVELA NO FUE LA HISTORIA COMO TAL, SINO LLEGAR A LA PARTE FINAL Y DARME CUENTA DEL TRABAJO SERIO Y RESPONSABLE DE INVESTIGACIÓN EN EL QUE SUMERGIO ENRIQUE SERNA PARA OFRECERNOS ESTE BANQUETE LITERARIO.

    ES UNA MUESTRA MAS DEL TALENTO DE LA PLUMA MEXICANA.

  • vanessa noviembre 23, 2011en10:19 pm

    hola me interesa mucho leer este libro pero no lo encuentro, me lo podrias pasar por favor te lo agradeceria muchisismo

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