William Shakespeare. Cimbelí.

enero 11, 2006

Institut del teatre, 1982. Biblioteca teatral. 174 páginas.
Tit. Or. Cymbeline. Trad. Josep M. de Sagarra.
23 personajes. 20 hombres y 3 mujeres.

ShakespeareCimbeli
El que la sigue, la consigue

Una obra más de Shakespeare, escrita en 1609, y agrupada por los expertos dentro de los dramas tardíos junto con Pericles, La tempestad y Cuento de Invierno. Esta basada en la historia de Bretaña, concretamente en la del mítico rey Cymbeline. Pueden encontrar más información en este artículo de la wikipedia (en inglés).

Me permito tomar prestado el resumen de esta página:

Cimbelino, rey de Inglaterra, cuyos dos hijos han crecido exiliados en Gales, destierra a Posthumus a Italia por haberse casado con su bella hija Imogenia, a quien la segunda esposa del rey había destinado a su necio hijo Cloten. El amor de ambos jóvenes enfrenta todo tipo de obstáculos e intrigas planeadas por el villano Giacomo y la madrastra malvada, y culmina con el rechazo de una invasión romana, la reaparición de los honestos hermanos de Imogen, la confesión de Giacomo y la feliz reunión de los amantes. Obra compleja por su densidad metafórica, Cimbelino es, a pesar de la profusión de elementos típicos del cuento de hadas, una tragedia política. Imogen simboliza el alma de Inglaterra, que debe elevarse por encima de la vieja y corrupta corte de Londres y el poder papista de Italia para renacer, fuerte e independiente, a partir de sus antiguas raíces célticas.

Cuya edición está traducida por César Aira, del que aparecerá una reseña en breve. La traducción al catalán de la edición que manejo es, como en el resto de obras de este autor que aquí se han reseñado, de Josep María de Sagarra, famoso dramaturgo del que he tenido la ocasión de interpretar alguna obra.

Las idas y venidas de la obra son, quizá, algo traidas por los pelos, pero la calidad del verso, junto con unos personajes bien delineados, sustentan la comedia. A destacar el papel de Imogènia, que hará lo impsible por reunirse con su amado, y el de la madrastra, precursora de la de la bella durmiente -incluso en el uso de una pócima con efecto cataléptico-. Quizá no esté a la altura de ‘La tempestad’, pero se disfruta de su lectura. Shakespeare nunca defrauda.

(Un día, un libro 275/365)
Escuchando: Mi vanidad. Lhasa de Sela

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