Wenceslao Fernández Flórez. Las gafas del diablo.

febrero 10, 2006

Espasa Calpe col. Austral 1940, 1943, 1944, 1946 y 1952. 146 páginas.

GafasDiablo
Derroche de ingenio

De Wenceslao sólo había leído ‘El bosque animado’, una novela tan productiva que dos películas le deben su guión, la de 1987, dirigida por José Luis Cuerda y la de 2001, de animación, dirigida por Ángel de la Cruz y Manolo Gómez. La novela me gustó lo suficiente como para querer repetir, pero hasta hace poco no pude encontrar este libro de saldo en el -cómo no- mercado de San Antonio.

El libro es una colección de artículos costumbristas, y empecé a leerlo con un poco de hastío. Nunca he sido amigo de recolecciones periodísticas y en el primer artículo el autor nos cuenta als vicisitudes que tuvo que pasar para cobrar un cheque, novedad del momento (casualidades de la vida, en esos momentos estaba cobrando yo uno). Recuerdo que pensé que como todo el libro fuera así, comentando peculiaridades de la vida de hace diez lustros, tostón a la vista. Menos mal -me consolé- que no tiene muchas páginas…

La cosa cambió con el siguiente artículo, ‘Lances entre caballeros’ que empezó a arrancarme las primeras sonrisas. ‘Psicología de los banquetes’ puede leerse hoy en día sin cambiar ni una coma. La cosa empieza a animarse con ‘Teoría del Gallego’, que empieza a alcanzar cotas de obra maestra. El autor empieza confesando su aversión a las entrevistas y narra el final abrupto de la primera que le hicieron:

Suspiramos los dos ruidosamente. Luego me preguntó:

—¿Cuáles son los escritores favoritos de usted?

—Zutano, Mengano y Perengano —dije.

Pero mientras escribía los nombres, se me ocurrió que esta declaración mía habría de agraviar a J., a H. y a K., y los cité también. E instantáneamente pensé que los literatos que encuentro en algún café o en algún círculo y los que me envían sus obras, y los que no pueden publicarlas, y muchos que ni siquiera puaden escribirlas, y -todos aquellos, en fin, con quienes charlo o con quienes cambio un saludo, habrían de dolerse de mi olvido y no me perdonarían jamás el no tenerles en mi devota preferencia, cuando esta preferencia iba a ser expresada públicamente en un periódico. Entonces comencé a pronunciar nombres y nombres.

Primero fui leyéndolos en el lomo de los libros de mi biblioteca; luego apelé al cuaderno de direcciones, a la memoria, a las cartas viejas, a los periódicos atrasados.

—Escriba usted: Pérez, el ilustre Pérez; López, Gómez, Fernández, un tal Juanito, de mi pueblo, que no recuerdo ahora cómo se apellida, pero al que todos le llamamos Juanito; González, Ramírez, Menéndez …

Era un censo, un verdadero censo. Mi colega sudaba. Llenó de garabatos tres cuartillas, diez, veinte cuartillas …

—¡Basta ya! —rogó, extenuado.

—Perdone usted —objeté—; creo indispensable consignar todos mis escritores favoritos. No pasaremos a otro asunto mientras tanto.

Al fin dijo que volvería al día siguiente con un taquígrafo, y se fue alabando mi erudición con dolorido tono.

No volvió.

Y acaba contándonos como transcurrió su entrevista con un político ilustre, ex ministro de la Corona. ¿El tema? El problema de las regiones ¿Sus opiniones? Poniendo como ejemplo a los gallegos, el sabio político demostrará su conocimiento de la región gallega.

El artículo sobre el cuplé también esconde alguna joya:

Cuando hay cupletistas, sus canciones pasan a una previa censura: se limitan por centímetros sus escotes y se les hace entender que la Empresa prefiere el uso de las medias de algodón. No se toleran alusiones dudosas ni frases de doble sentido. Se exige una escrupulosa formalidad. Cierta cupletista de repertorio regional cantó una noche la conocida canción asturiana que dice:

Caminito del puerto
ya no va nadie.
Ya no va nadie, no;
ya no va nadie, sí;
ya no va nadie.

Al día siguiente la llamó la Empresa.

—Hemos observado —le dijeron— que en su repertorio hay una canción poco seria. Es una en que asegura que nadie va por el camino del puerto. Eso bastaría para disgustarnos, porque no queremos que en el puerto creanque nosotros le tenemos inquina. Pero es que inmediatamente dice usted: «ya no va nadie, no; ya no va nadie, sí». Y esto no lo podemos tolerar. Esta casa es muy seria. Nuestros abonados salen de la función sin saber, a la postre, si va alguien o no va nadie por ese camino. Nuestros abonados son gentes tranquilas; son rentistas apacibles, señores del Roperillo de San Juan, jóvenes de buenas costumbres y jefes de familia bien. Ninguno de ellos viene aquí para buscar preocupaciones. Usted les dice: «Ya no va nadie, sí; ya no va nadie, no», y les quita el sueño. ¿Es sí? ¿Es no?… Decídase usted por uno de los monosílabos.

En todo caso, elija usted una fórmula intermedia. Puede usted decir, por ejemplo, que le parece que ya no va nadie por ese camino, sin que pueda asegurarlo muy concretamente; que usted lo ha oído decir por ahí… Cualquier cosa, en fin; pero sin contradecirse …

Y cuando la cupletista iba a retirarse, la Empresa añadió:

—¡ Oiga! … Y … en el caso de que insista usted en que ya no va nadie… pues … a ver cómo se las arregla para decir que no va nadie al puerto asturiano porque todo el mundo viene a este otro puerto, que tiene una hermosa playa, un Gran Casino, hoteles de primer orden e hipódromo … Esto como cosa suya, ¿eh?

Pero basta de citas, o me saldra una entrada descomunal. Les apunto el resto de títulos, como es costumbre en este Cuchitril:

Los ricos y los pobres
La madre Naturaleza
El ilustre americanista
El asesinato como función social
Los viajes
El tapete verde
Los remeros
Los pelotaris
Meditaciones sobre el «Juanito»
Jerusalén libertada

Todos son muy buenos, pero con ‘Los Viajes’ no podía reprimir las carcajadas. Como ven, mis vaticinios eran equivocados; no sólo no es un tostón, sino que es el libro más gracioso que he leído este año, y al final ha sido una pena que tuviera tan pocas páginas.

Si el ‘El bosque animado’ me gustó, con éste he acabado de enamorarme del autor. Si hacen la prueba, creo que no quedarán defraudados.

(Un día, un libro 305/365)
Escuchando: Baila la pulga. Los Brincos.

11 comentarios

  • Pepa junio 13, 2006en1:40 pm

    Me gusta muchisimo este autor, creo que nunca se valoró lo suficiente, gracias por hablar sobre él.

  • Palimp junio 14, 2006en6:31 pm

    De nada, Pepa. A mí también me gusta mucho y la pena es no encontrar muchos libros suyos para comprar.

  • pazzos octubre 1, 2006en12:56 am

    Perdón por la intromision.

    Recuerdo que leí con agrado ese libro con 12 años y me impactó sobre todo
    El tapete verde.
    Es una pena que no se haya reeditado (creo). Después de 3 recuerdo perfectamente el color azul de la portada de Austral .
    Fdez Florez y Julio Camba cuya La ciudad automática pude comprar al increíble precio de 3 euros en La casa del libro son dos autores injustamente olvidados por motivos extraliterarios.
    Ahora mismo no recuerdo si El malvado Carabel es también de Fdez Florez pero es una novelita muy divertida con una interesante adaptación al cine en la que Manuel Aleixandre está que se sale.

    Gracias por tu blog. Desde Menéndez Pelayo nadie había currado tanto.

  • pazzos octubre 1, 2006en12:58 am

    Perdón, me hizo una currutaca el ordenador.

    Quería decir que 30 años después aún recuerdo, con cariño, aquel libro.

  • Palimp octubre 2, 2006en12:06 pm

    Gracias por la intromisión.

    Wenceslao no tiene muchas reediciones y hay que bucear en los mercadillos de saldo para recuperar las de austral que, por suerte, se siguen encontrando.

    Bienvenido al blog y suerte con la escritura.

  • Zitarrosa junio 24, 2008en6:05 am

    Al gran Wenceslao lo conozco y admiro desde mi infancia (en
    Argentina)y nunca entendí por que no era mas conocido y
    valorado.
    Agrego a los titulos mencionados «El hombre que compró un
    automovil», absolutamente delirante y actual.

  • Palimp junio 25, 2008en11:07 am

    Siempre tuvo encima la sombra de ser un escritor de derechas, eso ha hecho que su obra no sea más difundida. Algo injusto, desde luego.

  • José agosto 27, 2009en12:44 pm

    A Fernández Flórez le pasa lo mismo que a Jardiel Poncela, que nunca les han perdonado que fueran entusiastas partidarios del bando nacional en la Guerra Civil. Hace poco leí en un art´culo sobre Muñoz Seca que la muerte de Lorca fue un asesinato brutal y la de Muñoz Seca un error político. Con visiones tan idiotas como éstas no resulta extraño que grandes autores permanezcan en el olvido debido a sus ideas políticas. Pero nadie recuerda las loas a Stalin a la hora de juzgar la obra de Machado o Alberti.

  • Palimp agosto 30, 2009en5:38 pm

    Lo malo con Fernández Flórez es que el franquismo tampoco le miraba con buenos ojos. Y Jardiel Poncela perdió el favor del público. Triste destino de dos genios.

  • liana mercado junio 17, 2012en10:31 pm

    Es uno de los mejores escritore, creo que deberian insentivar la lectura de sus libros hoy en las escuelas.

  • Leonardo junio 17, 2015en5:43 pm

    uno de mis favoritos en la adolescencia

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