Álvaro Cunqueiro. El laberinto habitado.
Ensayo / mayo 19, 2021

Nigratrea, 2007. 615 páginas. Recopilación de los artículos de Álvaro Cunqueiro en la revista Destino entre 1961 y 1976. La sección se llamaba Laberinto y Cía, de ahí el título del libro. Casi trescientos artículos agrupados por temas en vez de cronológicamente, lo que tiene sus ventajas y como inconveniente que hay información que se repite, aunque no es mucha. Son unos artículos más pegados a la actualidad y de opinión que otros artículos recopilados en otras publicaciones, por lo que su interés para alguien que no sea cunqueiriano es relativo. Nada que ver con Viajes imaginarios… o La bella del dragon, que tienen interés para todo el mundo. De paso me he enterado de algunas curiosidades sobre el autor: que era perezoso, lo que me pasma dada la gran cantidad de cosas que dejó escritas. Pero algún amigo le reprocha no ser organizado y tener un horario de escritura. También que en 1974 se daba a sí mismo 5 años de vida y falló por poco; todavía le quedaban 7. Pese a no tener una prosa y unas historias de tanta altura como otros artículos suyos es una lectura aprovechable. Recomendable. La bestia llamada Terror En el libro cuarenta…

Álvaro Cunqueiro. El incierto señor Hamlet.
Teatro / mayo 26, 2020

Destino, 1992. 260 páginas. Una de las pocas incursiones de Cunqueiro en el teatro. Supongo que será difícil ponerlo en escena, porque más parece escrito para ser leído que representado. Subversión del personaje de Hamlet con un humor negro notable y disolvente de cualquier tragedia. Aquí explican como se enfrentaron a su puesta en escena: El incierto señor Hamlet. Aquí lo comentan: El incierto señor Hamlet y El incierto señor Hamlet. Muy recomendable. Polonio. – (Sin darse cuenta de que ha entrado la Reina.) ¡Hechizada me la tiene Hamlet con palabras fantásticas! Nietos quisiera yo de otra sangre más humilde y sin embargo más libre y rica, una sangre voluntaria y sin memoria. Gerda. – ¿Te da asco la sangre de los Hardrada, Polonio? Polonio. – Señora mía, ni sé de qué estaba hablando. Gerda. – Es un semen exquisito. Sólo da uno, dos capullos en cada generación. Es raro como una piedra preciosa. Polonio. – Nosotros somos más fecundos. Quizá no amistemos. Siendo muchos, abaratamos nuestra sangre. Tengo parientes míos que piden limosna en el puente de Constantinopla. En vez de cobrar, hasta pagaría porque le dejasen engendrar. Gerda. – ¿Con las limosnas recogidas? Polonio. – Los pobres piden…

Álvaro Cunqueiro. Viajes imaginarios y reales.
Ensayo / marzo 30, 2020

Tusquets, 1986. 338 páginas. Otra recopilación de artículos de Cunqueiro alrededor de los viajes. Cuanto escribió este hombre y cuanto bueno. Si es que disfrutas de cada página y eso que el género periodístico suele caducar a los tres días. Pero no en este caso, parte porque los temas no son de actualidad sino intemporales, y parte por la excelente prosa que gasta el autor. El primer fragmento que dejo ya me emocionó del todo. El resto ha continuado con el disfrute. Dejo dos artículos de prueba, hagan la degustación y si les gusta, busquen más libros del autor y disfruten del placer de su lectura. Muy recomendable. Estábamos en la segunda queimada cuando comenzaron a caer sobre nuestras cabezas, deslizadas de las amplias hojas de la parra, gruesas gotas. Esto le hubiera gustado a esos eruditos y poetas chinos que yo cito tantas veces, los cuales consideraban que unas gotas caídas de las ramas de los árboles, en verano, tras la tormenta, eran una caricia perfecta para la cabeza de un hombre feliz. Digo todo esto para que se vea que soy el ser menos imaginativo que ande por ahí, y que lo más propio mío es sumar noticias…

Álvaro Cunqueiro. La bella del dragón.
Ensayo / marzo 9, 2018

Tusquets, 1996. 204 páginas. Cuando acabó la dictadura empezaron a surgir como setas publicaciones ‘picantes’. En dos semanarios de información general con algunos artículos eróticos, Bazaar y Primera Plana, estuvo colaborando Cunqueiro. No se escandalicen todavía, no estamos hablando de historias subidas de tono del genial gallego, sino de artículos que tratan temas tales como la cocina afrodisíaca, pasiones históricas, oficios curiosos y un largo etcétera. Cunqueiro tiene una prosa tal que da igual de lo que hable, siempre es un placer leerlo. Si además hace alarde de una erudición sin par en temas tan variopintos, todavía mejor. He descubierto no sólo cuales son las comidas con más fama de afrodisíacas, sino los usos y costumbres de una época inocente en la que no se había descubierto el viagra. Siempre es recomendable leer a Cunqueiro. Siempre. Yo tengo que confesar que he comido tejón, y lo único que he notado es que es de difícil digestión, aun habiendo estado en adobo y al sereno dos o tres noches y estando correctamente asado. En toda Galicia en diversos pueblos y aldeas, hay un aficionado al tejón, que nosotros llamamos por-co teixo o teixudo. En León dicen tesudo, y quizás en otros…

Álvaro Cunqueiro. La otra gente.
Cuentos / septiembre 15, 2017

Destino, 1991. 204 páginas. Cuando un autor te gusta mucho y has leído sus grandes obras, empieza la labor de menudeo. Vas buscando libritos, recopilaciones de textos sueltos, cosas de segunda fila pero que te permiten seguir navegando por su mundo. Y, de repente, encuentras un libro que no es menor, cuyos textos tienen la misma fuerza, igual ternura y calidad que la de los más grandes. Esto es lo que me ha pasado con La otra gente, retratos breves de personajes que se mueven entre lo cotidiano y lo mágico. Historias narradas con un cariño y un pincel fino, con exquisita atención al detalle. Esto es Cunqueiro en estado puro. Hay fragmentos, párrafos, que he bebido con deleite. Me ha recordado al Breviario de idiotas que comenté por aquí hace poco, pero mucho, muchísimo mejor. Viva Cunqueiro. Louredo de Hostes A Louredo lo he conocido, como a tanta otra gente, en la barbería de mi amigo Pallarego. Podía contar muchas cosas de Louredo, pero lo que me interesa ahora es el caso de sus anteojos, comprados en Valencia en la calle o en la plaza de Jaime I, que no recuerdo bien. Sucedía que Louredo no soñaba. Hacía el…