Nueva Dimensión, números 143 y 148

marzo 14, 2007

Ediciones Nueva Dimensión, S.A., 1982

NuevaDimension143NuevaDimension148
La leyenda

Decían esos grandes sabios llamados Les Luthiers superiores en sabiduría a los siete de grecia(*):

Cualquier tiempo pasado fue anterior

Con tanta crítica a la revista Asimov y tanto poner por los cielos a Nueva Dimensión me parecía a aquellos que dicen que los jóvenes ya no saben divertirse. Así que decidí hacer un ejercicio de honradez y volver a leer un par de volúmenes de la revista a ver si pasaban la prueba del algodón. Decidí escogerlos entre los de la última temporada que no son precisamente los más finos.

La manó inocente seleccionó el número 143 y el 148 (y último). Normalmente pongo el contenido, pero en esta ocasión aprovecharé para hacer publicidad de este enlace que les llevará a una página en la que están todos los números de la revista Nueva Dimensión con su portada y su contenido. Me limitaré a indicar los cuentos:

Número 143

Título: Reconstrucción (Picture Bride, 1955)
Autor: William Morrison. Traductor: M. Blanco

Título: «¡ Oh, Lenora !», Dijo el Eco («¡ Oh, Lenora !», Dijo el Eco, 1980)
Autor: Carlos María Federici

Título: La Primera Misión a Marte (The First Mars Mission, 1979)
Autor: Robert F. Young. Traductor: Adela Cotos

Título: Nada Tan Bonito como un Amanecer (Nada Tan Bonito como un Amanecer, 1982)
Autor: Carlos Longo.

Título: Padre del Futuro (Vater der Zukunft, 1980)
Autor: Jörg Weigand. Traductor: Ursula Middendorf

Título: El Novato (Fresh Guy, 1958)
Autor: E.C. Tubb. Traductor: Sebastián Castro

Título: La Luna Pálida (La Luna Pálida, 1982)
Autor: Rafael Marín

Título: El Último Concierto de Pierre Valdemar (The Last Concert of Pierre Valdemar, 1981)
Autor: Carter Scholz. Traductor: Adela Cotos

Título: Estrellas de las Profundidades (The Stars Below, 1974)
Autor: Ursula K. LeGuin. Traductor: Sebastián Castro

Número 148

Título: Ventana (Window, 1980)
Autor: Bob Leman. Traductor: Domingo Santos

Título: Puntos de Contacto (Points of Contact, 1978)
Autor: Gordon Eklund. Traductor: Sebastián Castro

Título: Buenaventuras y Malaventuras de Bihegel, Dialéctico Ambulante (Buenaventuras y Malaventuras de Bihegel, Dialéctico Ambulante, 1982)
Autor: Enrique Lázaro

Título: Los Que Deben Ser Salvados (That They Be Salved, 1981)
Autor: Al Sarrantonio. Traductor: Adela Cotos

Título: La Vivificación (The Quickening, 1981)
Autor: Michael Bishop. Traductor: César Terrón

Título: Cambio de Guardia (Cambio de Guardia, 1982)
Autor: Juan Carlos Planells

Título: En la Superficie de la Pompa (Auf der Seifenblase, 1887)
Autor: Kurd Lasswitz. Traductor: Alfred Göring

¿Ha pasado la prueba? Con todos los honores. Hay cuentos malos, pero ninguno tan malo como los peores de Asimov ciencia ficción, y hay muchos que dejan buen sabor de boca. Del primero destacar La Primera Misión a Marte, el descaharrante Nada Tan Bonito como un Amanecer y Estrellas de las Profundidades (ya comentado -y elogiado- aquí). No están nada mal tampoco El Novato, La Luna Pálida y El Último Concierto de Pierre Valdemar.

En el número 148 el nivel de todos lo relatos es bueno pero no excepcional, ni el de Bishop, autor que siempre me ha gustado, ni el de Enrique Lázaro de las tierras vagas, serie de la que era fan absoluto. Si que es interesante el repaso final de todos los libros publicados en el año transcurrido entre que apareció el número 147 y el 148. No siempre estoy de acuerdo con los juicios de valor del comentarista, pero se agradece la información.

Para gustos se inventaron los colores. Yo me quedo con mi Nueva Dimensión, cuyos ejemplares he releído varias veces, pero de momento. Quien sabe lo que nos traerá el mañana y quisiera ser optimista. Sólo espero saber adaptarme a los nuevos gustos y que no me pase como a este articulista, que con una estupenda biblioteca de más de 2.500 libros de ciencia ficción opinaba en el número 143 cosas como ésta:

En cambio, y eso lo están comprobando las editoriales, se venden peor los «vanguardistas extremos». ¿Por qué? Hagamos examen de conciencia y todos encontraremos respuestas. Personalmente me guardo mucho de comprar libros de determinados autores: Ph. K. Dick, Brunner, Moorcock y otros por el estilo. Sin embargo no lo dudo con Vanee, Heinlein, Silverberg, A.D. Foster y otros de esta línea. Y sé que a muchos otros les ocurre lo mismo. Sé que con ellos voy a disfrutar y que su lectura no será un parto distócico como con los primeros. ¿No os ocurre lo mismo a muchos de los que me estáis leyendo?
¡Mi admirado Philip K. Dick, un vanguardista extremo!

Resumiendo, si son amantes de la ciencia ficción y ven de saldo algún ejemplar de esta extinta revista, no comentan la imprudencia de dejar escapar el ejemplar. Y si no les gusta siempre la podrán revender, que están muy buscados.

* Sí, lo sé, no lo dijeron ellos, es una atribución pero ¿a que queda bonito así?

Escuchando: Yum yum. Joe Tex.


Extracto:[-]

El último concierto de Pierre Valdemar empezó enérgicamente al mediodía de ayer, cuando las puertas del compartimiento de bombas del B-52 especialmente modificado que llevaba al señor Valdemar y su contrapesado gran piano Steinway se abrieron, y los soltaron a ambos desde una altura de mil doscientos metros sobre el recientemente inaugurado Carnegie Pit de Manhattan.

Al principio de la caída, el señor Valdemar interpretó la invención en D menor en dos partes de Bach, luego enlazó rápidamente con el muy conocido vals de Chopín. Para un artista menos importante eso hubiera parecido muy trillado, pero el señor Valdemar lo ejecutó con gran estilo, alcanzando el climax en el momento exacto en que conseguía su velocidad terminal. Al piano se le había añadido un equipo de telemetría para esta actuación, y constantes mediciones de altitud, aceleración, velocidad y tiempo remanente eran visibles en atractivos medidores flanqueando los altavoces de la platea.

En la siguiente pieza, el Klavierstuche XI de Stockhausen, el señor Valdemar experimentó alguna dificultad debido a las corrientes ascendentes, que se empeñaban en separarlo de su piano. Afortunadamente, debido a la naturaleza aleatoria de la pieza, se perdió muy poco de su efecto. El problema quedó dominado en el segundo movimiento de las Variaciones para piano de Webern.

Luego el artista rindió homenaje a Schubert con una brillante ejecución de los compases 1-82 de su Impromptu, opus 90, número 2, con sus tresillos en cascada encajando perfectamente con el espíritu de la caída y con el concierto como un todo. Desde la interpretación de Hideo Yamaha del 4’22» de John Cage, culminada con la primera autoinmolación aérea del mundo, no se había asistido a una actuación tan definitiva.

Luego, faltando menos de la mitad del concierto, el señor Valdemar se lanzó directamente a la sonata Appasionata de Beethoven. El efecto en el público fue espectacular; todos se preguntaron cómo podría llegar a completar siquiera el primer movimiento en el tiempo que le quedaba. A través de las cámaras televisivas, podía verse que el señor Valdemar tenía dificultades con su equipo de presión y oxígeno. Pero pese a ello, y a la urgencia del tiempo, la actuación evidenció un gran control y fuerza. Luego, para coplicar la cosa, uno de los micrófonos transmisores se soltó de su alojamiento y se separó del piano, produciendo un lamento sostenido de feedback. Pero el señor Valdemar cambió ese contratiempo en ventaja interpretando simultáneamente el resto de la Appassio-nata, desde la primera cadencia apropiada, y la pieza de feedback de Cage Fontana Mix. El reconocido talento del señor Valdemar para la improvisación nunca lució tanto como en aquel momento, mientras integraba los elementos de la técnica de piano clásico, la composición klangfarber, y la distorsión de intermodulación, en un conjunto de centelleante inspiración. El concierto culminó con un grito final de triunfo, el del público y el del intérprete, cuando el señor Valdemar y su piano llegaron a la vista del Pit descendiendo como plomos» como si cayeran del mismo sol, con un magnífico corrimiento Doppler de los acordes finales.

El impacto se produjo diez segundos después de lo previsto, debido a las corrientes ascendentes que intervinieron al inicio de la actuación. Varios fragmentos del piano volaron hacia el público, hiriendo a algunos espectadores, y excitando a aquellos que conocían su valor.

Los funerales por el señor Valdemar se celebrarán mañana por la tarde, a las ocho, en la iglesia de St. Swithin.


¿Pues cómo si no hubiera defendido Bihegel aquello que genética y racionalmente le pertenecía, su única posesión fuera del vagabundeo físico y disgresivo; cómo excepto siendo errabundo? Que la casta de los Erráticos se le anticipase largamente en el tiempo, nada importa: ¿De qué otro modo habría alcanzado Bihegel a preservarse de las acechanzas epistemológicas, los torbellinos neoesco-lásticos y la banalidad última de la teoría considerada como anestésico de las alteraciones vitales? Y pues Bihegel había sido desterrado a la idea de los objetos y los fenómenos, lejos para siempre de los objetos y fenómenos, ¿qué otra cosa cabría esperar de Bihegel?

Mas ubiquemos a Bihegel:

El Subreino de Vaguerania empieza allá donde se ahogó la última esperanza y a ratos llega hasta los confines de lo instintivo; muchos, haciendo la ruta de los peregrinos, fácilmente alcanzan a creerse habitantes de la neblina o espíritus impuros según les dé la sombra; es lugar común que proliferan en exceso las abstracciones, que conviene hacerse acompañar por algún recuerdo antes de lanzarse al camino, y que más de uno se ha perdido por encapricharse en demasía con un solo fantasma. Tius Perrus, historiador insomne, antes de adentrarse con sandalias, toga y tres rollos de su «Fatum et Fortuna» bajo el brazo en las profundidades del lago Elespanto, de donde solo en el solsticio de otoño asoma la cabeza durante breves segundos para recitar una máxima cada año más enigmática, acostumbraba narrar como había entablado conversación, en la casa de lenocinio de Feodora la Joven, con el espectro decapitado de un capitán de coraceros muerto en acto de cabalgada amorosa sobre la ramera estructuralista Fina Bella, y como dicho espectro le explicó el tamaño y guisa de su infierno, puesto que ya no podría descabalgar en toda su muerte; pero Tius Perrus, pues el condenado no tenía cabeza y Fina Bella no tenía cuerpo, trocado por el tiempo en mancha de humedad sobre el lecho, tapoco en esta ocasión reconoció su tormento en los tormentos ajenos; persistió insomne; y ni aún hoy escarmienta.

Por lo demás, al Norte de Vaguerania muy probablemente hallaríamos el fin de la tierra, y en cuanto al Sur, todos han dado en convenir que no existe; hacia el Oeste, en la costa, se hacina la gran ciudad de Putex, vieja y hosca, donde cualquiera puede tropezar en una esquina con su doble pidiendo limosna, o agonizando, o disertando, o muerto; a cuyas puertas un subrey de talante discursivo y filosófico mandó grabar, en el tiempo de los idealismos éticos, una evocadora sentencia:

LASCIATE OGNI SPERANZA

pues tal debía ser la premisa de entrada al paraíso y no, cual aducen las mentes romas, al infierno; la certeza del razonamiento, epero, no produjo el más mínimo efecto sobre la habitabilidad de Putex, cuyos suburbios y periferias se numeran de mil en mil y cuyos habitantes, en general deshabitados, no siempre gozan de los privilegios del pensamiento, capaz de aliviar todos los males, incluidos los derivados de su existencia. Pero en el número dos mil trescientos hay una calle, y en esa calle hubo una carpintería antes de que la Gran Depresión Vitalista se la llevase por delante con un entrechocar de tableros hipotéticos y lluvia fría de clavos. No es necesario señalar que todo está previsto en Vaguerania, y si algo no lo está, puede jurarse que está prohibido.

9 comentarios

  • lydie marzo 16, 2007en2:28 am

    that´s crazy!

  • Seikilos marzo 21, 2007en10:34 pm

    ¿Vos llegaste a leer la revista Péndulo, también de ciencia ficción? Estoy hablando de esta: http://www.laalmeja.com/revistas/pendulo.htm

  • Palimp marzo 22, 2007en10:47 am

    Pues no… ¿Cuántos números tuvo? Se ve interesante.

  • Seikilos marzo 22, 2007en7:13 pm

    Aquí está la lista completa de números del Péndulo, junto con la lista de su contenido y sus tapas. Sorprende la calidad de aquellas publicaciones, especialmente la primera y segunda época.
    http://axxon.com.ar/ecf/e-elpend.htm

  • Palimp marzo 23, 2007en8:21 pm

    Sí que tienen calidad. Es curioso, nunca había oído hablar de esta publicación y ayer leí algo sobre ella en la introducción de un libro. Lo que es seguro es que no la he visto en ningún mercado de ocasión.

  • Seikilos marzo 23, 2007en9:32 pm

    Aquí en Buenos Aires todavía pueden conseguirse en tiendas de saldos. Buena excusa para que te acerques al Río de la Plata y compartamos una cerveza literaria… 🙂

  • Palimp marzo 24, 2007en12:25 pm

    Tengo muchas, muchas ganas de visitar Buenos Aires, la ciudad literaria por excelencia. Dependiendo de como vayan nuestras finanzas es probable que en unos años nos demos un paseo por allí. Cuento con esa cerveza.

  • Costa abril 23, 2007en11:11 am

    Descubrí Nueva Dimensión nada más desaparecer, y logré comprar algunos ejemplares sueltos en la Cuesta de Moyano, allá por el año 83-84, hace unos meses logré completar mi colección, y solo os puedo decir una cosa sobre ND, al hacerlo me sentí un privilegiado y solo espero conocer algún día a Domingo Santos para convercerle que es posible llegar al número mil, que debemos empezar por el 149.

  • Palimp abril 24, 2007en11:01 am

    ¿Tienes la colección completa??? ¡¡Enhorabuena!! Yo apenas tengo algo más de la mitad…

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