Ladislav Mnacko. Invierno en Praga.

mayo 9, 2008

Editorial Noguer, 1971. 236 páginas.
Tit. Or. Verspätete Reportagen. Trad. Gemma Strittmatter.

Ladislav Mnacko, Invierno en Praga
Días grises

El título original de este libro sería Reportajes tardíos; la traducción supongo que vendrá por la Primavera de Praga. Se supone que lo que ocurrió antes debería ser el invierno.

Estos reportajes son historias -supongo que en muchos casos reales o casi- sobre la Eslovaquia comunista. Los títulos son los siguientes:

En el cementerio
Monólogo nocturno
El mercado de los escándalos
Dos camaradas
Historia de una filiación
Las vías del tren
El vaporcito de recreo
Clara
La sonrisa
La agenda
La fiesta
El testigo
El doctor

Todas tratan de temas parecidos: el paraíso comunista resultó no ser tal. A estas alturas del siglo XXI es algo sabido, pero en su momento la cosa no estaba tan clara. Se denuncia la incompetencia y la mala fe de un sistema que no cumplió lo que prometía.

Así, héroes de guerra, auténticos luchadores contra el fascismo se ven perseguidos y encarcelados. Comunistas convencidos que sacrifican todo por hacer realidad un sueño se enfrentan a trabas burocráticas y al destierro. Ingenieros competentes tienen que trabajar a las órdenes de ignorantes y chapuceros. La ineficiencia campa por sus respetos y los inocentes se ven encarcelados cuando es conveniente.

Todos estos males, dice uno de los personajes, no son hechos aislados. Provienen del sistema. Un sistema que promueve a los mediocres siempre y cuando cumplan las consignas del partido y ataca a cualquiera que tenga pensamiento propio. Con estos mimbres poca cosa se puede hacer.

El autor afirma en el prólogo:

Soy comunista, amo a mi partido

Porque lo que transmiten estas historias no es un ataque vengativo al comunismo. Es la crítica de alguien que ama una idea y no le gusta que se pervierta y se transforme en lo que no es. No es un libro fácil de conseguir, pero creo que merece la pena.

Reto 2008: Eslovaquia.

Escuchando: Vengo de Lavapiés. La Cabra Mecánica.


Extracto:[-]

Pasaron meses, meses que no eran vida ni muerte, meses de rosada esperanza y negra resignación, en cuyas largas noches, junto a la escasa lumbre que escocía sus ojos, supieron uno de otro todo cuanto un ser humano puede saber de su semejante. Él empezaba ya a valerse por sí mismo y también podía ayudarla un poco, arrastrándose por la cueva, sus pies envueltos en trapos, aunque el peso y la responsabilidad de su vida, de sus dos vidas, seguía cargando sobre ella sola. Ella fue la que mató un corzo —¡qué pena le dio verlo tendido a sus pies!—; ella misma lo destripó, sin poder contener las lágrimas, lo arrastró hasta la cueva, lo despedazó y lo colocó cuidadosamente en una oquedad helada, próxima a la suya. En todo tenía que pensar, y este todo era mucho, muchísimo.

Hasta que, por fin, alguna vez tenía que ser verdad, los rusos llegaron efectivamente muy cerca, sólo a un par de jornadas de donde estaban ellos, y un buen día regresó ella de la aldea en el trineo tirado por un caballo, y con ella dos soldados con una estrella roja en la boina, provistos con una botella de aguardiente explosivo que olía a demonios pero sabía a gloria. Los rusos prodigaron cordiales palmaditas al hombro, vot molodec, nu mo-lodec, y el mundo, reducido a la cueva y al lecho de paja, abrióse para ellos y les pareció inmenso, maravilloso. En Bratislava, los médicos hicieron por sus pies cuanto estuvo a su alcance, los especialistas le confeccionaron dos pares de zapatos ortopédicos, y pudo andar, siempre con bastón, pero andar al fin…

Aún no estaba del todo recuperado, aún le fallaban un poco sus fuerzas, cuando llegáronse a él apremiándole. Comandante, héroe, comunista, no te duermas en tus laureles, es preciso poner manos a la obra; muchísimo nos queda por hacer; tenemos que luchar de firme. ¿Quién debe empeñarse en esta batalla sino tú y tus camaradas? Asume un cargo, acepta la dirección de algún negociado; lo que no ocupemos nosotros, lo ocupará la reacción; hemos de apresurarnos, porque ésos empiezan a organizarse, extienden ya sus tentáculos y enseñan sus dientes.

Aceptó el cargo, asumió la dirección de un negociado, en condiciones económicas tan miserables cuanto más importantes eran sus atribuciones. Otros ocuparon administraciones públicas, restaurantes, casas, residencias, siempre alardeando de su historial, de sus hazañas patrióticas, al tiempo que buscaban bajo el revoque de las viviendas, por si hubiera allí oro escondido; buscaban oro alemán, oro húngaro, carreras, sinecuras, coches, chóferes, secretarias. Él iba siempre a pie, caminando lentamente, apoyado en su bastón, puntual y escrupulosamente presentábase en su negocio, desarrollaba un ingente e importante trabajo. Al atardecer daba un paseo por el parque con su mujercita coja.

No se apropió de ninguna de las residencias anteriormente propiedad de alemanes o húngaros; ocuparon una pequeña vivienda en la que instalaron lo más indispensable, dos catres de campaña, algunas sillas viejas, una mesa de patas desniveladas… ¡un tipo raro! ¡Si a lo menos hiciera ostentación de su sencillez!, pero no, ni siquiera le daba importancia; a nadie cuidó de explicarle cuan satisfecho se sentía con lo poco que le era dado poseer, a nadie dijo lo que un catre de campaña significaba para él, acostumbrado a dormir sobre la paja en el fondo de una cueva helada… Él no deseaba tener más que lo permitido por sus menguados ingresos…

Ella se incorporó .otra vez a su trabajo del hospital, siempre solícita, siempre con su habitual buen humor. Todos la querían, los pacientes recibían de ella mucho más que medicinas, más que vendajes y apositos, porque tenía el don de transmitirles su propia alegría, su sola presencia obraba más curaciones que cualquier terapéutica. Más tarde le nació un niño y dos años después, una niña, dos criaturas sanas y hermosas. ¿Eran felices? Sí, el mutilado jefe de partisanos y su mujer, su pequeña cojita, se consideraban muy felices. Las calamidades sufridas uno junto a otro les unieron estrechamente y luego compartieron ambos la misma esperanza, igual perspectiva de una vida nueva, realmente nueva, con una moral nueva, nuevas relaciones humanas, nueva dignidad del hombre…

4 comentarios

  • Capitán Nombrete mayo 9, 2008en10:03 am

    Me gustaría saber de dónde estás sacando estos libros. Hace un tiempo estuve leyendo los volúmenes de una colección de autores de centro europa que andaba rebajada: Danilo Kis(¿Servio?),Antón Donchev(bulgaro),Ismail Kadaré(albano),Drago Jancar(esloveno),Sergei Dovlatov(ruso),Michal Viewegh (cheko),Dragan Velikic(croata),Laszlo Krasnahorkai(hungaro),Bohumil Hrabal(cheko)
    Habían más pero me quedé con los que me llamaban la atención

  • Palimp mayo 9, 2008en10:48 am

    Los estoy sacando de la red de bibliotecas de la diputación de Barcelona:

    http://gw24-vtls.diba.es/vtls/catalan/

    Pero me encantaría leer más de la zona. Me apunto los nombres que me indicas, porque veo que los tienen.

  • Capitán Nombrete mayo 12, 2008en9:48 am

    Hago un poco de propaganda y te dirijo a mi blog http://blogs.dis.ulpgc.es/aqui_no_hay_nadie
    donde tengo comentados los títulos que tengo leídos de esos que mencioné.

  • Palimp mayo 12, 2008en2:14 pm

    ¡Gracias! Lo he estado mirando y me ha gustado. De momento me lo apunto en bloglines y lo miraré con detenimiento.

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