Franco Chiaravalloti. Como un cuentagotas que se presiona suave, muy suavemente.

septiembre 17, 2010

Editorial Hijos del Hule, 2009. 196 páginas.

Franco Chiaravalloti, Como un cuentagotas que se presiona suave, muy suavemente
Sangre, sudor y semen

Llegué a Decati sonde teibol a través del último peatón, pero no fue hasta la presentación de los premios Revista de letras que no me di cuenta de la razón del nombre. Despistado que es uno.

Después de disfrutar durante mucho tiempo gratuitamente de los relatos que el autor va publicando, pude por fin disfrutar en papel de su primer libro, Como un cuentagotas… (si quieren adquirirlo, sólo tienen que seguir el enlace). Una colección de relatos dividida en dos partes, gotas blancas y gotas rojas. Cada una con su propia portada; una vez acabada una sección hay que girar el libro para empezar por el otro lado.

En todo libro de relatos, y más habiendo algunos mínimos, la calidad es desigual. Sobre todo cuando algunos tocan el tema del escritor de vida bohemia (se utiliza un alter ego del autor que aparece en muchos cuentos). Pero, y esto es lo sorprendente en un escritor que empieza, todos tienen algo que los salvan, incluso cuando parece que iban a descarrilar. Un giro inesperado, una emoción que aparece de repente o una solución ingeniosa.

Me han gustado más -si no recuerdo mal- las gotas blancas. Puede parecer extraño preferir el sabor del semen al de la sangre, pero viendo como son los vampiros actuales es una elección obligada.

Sigo pocas bitácoras de ficción, y cuando lo hago es porque lo que dice el autor me interesa. Es el caso de Decati sonde teibol. Muchas veces la edición en papel no está a la altura de la electrónica, pero no es el caso. El libro me ha gustado mucho y para alegría de sus lectores da la impresión de que lo mejor está por venir.


Extracto:[-]

Marina

Marina lo intenta aún, sentada en el café. Lee lo mismo por enésima vez. El café está frío, el día también, y la silla de enfrente, vacía. Acaricia las páginas de ese poemario casero, No se cansa de aprenderlo de memoria, olvidárselo y aprenderlo otra vez, hasta el fin de los tiempos.

Marina sigue intentándolo, sentada en el café. El primer poema se lo escribió un día de lluvia. El segundo, cuando se creía embarazada. El de la página setenta, tras una discusión. El de la ciento doce, cuando se juraron eternidad. El de la última, cuando se evaporó entre brumas.

Marina está feliz. Al fin consiguió corporizar con versos a su amado. Esta noche hará el amor con las rimas, abrazada tiernamente a estrofas, comas y puntos suspensivos.


Retazos de una vida

Nació un día inexistente.
Creció en medio de un espejismo.
Se educó en escuelas de humo.
Trabajó con jefes invisibles.
Envejeció junto a una mujer imaginaria.
Y hoy, a punto de morir, se arrepiente.

2 comentarios

  • FranK septiembre 20, 2010en9:23 pm

    Un honor ser reseñado por –a esta altura– una personalidad del mundo de la crítica literaria digital. 🙂
    Muchas gracias.

  • Adela septiembre 27, 2010en4:30 am

    Me ha gustado mucho, pero creo que tienes mucha razón con eso de que lo mejor debe estar por venir. Solo es cuestión de seguirlo. Un saludo
    AD.

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