Belén Rubiano. Rialto 11.

enero 16, 2020

Belén Rubiano, Rialto 11
Libros del asteroide, 2019. 240 páginas.

La protagonista, como una Karen Blixen andaluza, tuvo una librería en Sevilla. Y la tuvo que cerrar. Pero entre la alegría de la inauguración y la tristeza del fin ocurrieron un montón de anécdotas, desfilaron un buen número de curiosos personajes y hasta provocó una confusión sobre los límites de lo real a Vila-Matas, que ya es provocar.

Los lectores voraces, los que hemos hecho de la literatura nuestra segunda casa (o la primera), nos imaginamos el paraíso de dos maneras: teniendo una librería o una editorial (la tercera, ser escritores, sería teniendo un pie en el infierno). Por eso este libro me ha emocionado como pocos, he sufrido con los reveses de Belén, me he imaginado esas tardes infinitas de café y tabaco hablando de libros y he sentido una envidia terrible.

Una lectura imprescindible para los amantes de los libros. Otras reseñas: Rialto, 11 y Rialto, 11

Muy recomendable.

Pero es innegable que en una librería te relacionas con el lado soleado de la humanidad. Si leer no hace más feliz, sí nos hace más sensibles, respetuosos y gentiles, que no es poco. Podían pasar los días sin tratar con una sola persona capaz de un gesto hostil o de mal gusto. Cuando leías el periódico, escuchabas las noticias o esperabas tu turno en la cola del banco o del supermercado era fácil llegar a la misma conclusión, muchas de esas personas no leían nada, leían poco, leían mal o leían un único libro. Uno muy religioso, casi siempre.
Tampoco era insólito que, por esas efímeras compañías que proporcionan las circunstancias del momento, ya fuera un almuerzo de trabajo, una misa de difuntos o una posterior visita al notario, aparecieran parejas desiguales. Mientras uno de los dos aprovechaba su paso por delante de la librería para escoger cinco o seis libros y abonarlos con esa expresión inconfundible que delata la congoja por no poder llevarse veinte más, su acompañante podía decir, sin que la tierra se abriera ni temblara. ¡Cuántos libros! A mí también me encantan las librerías y es que no puedo dormirme sin leer antes aunque sea un poquito, por muy cansada o cansado que esté, ¿sabes? Llevo un año con Los renglones torcidos de Dios y no me puede estar gustando más. Cuando se me acabe, tengo que buscar otro libro inmediatamente. Pero que sea tan bueno, va a ser muy difícil.

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