Renacimiento, 2021. 230 páginas. Obra reunida de la autora y actriz María Luisa Elío. Comienza con sus recuerdos de la guerra y el exilio, el texto que más me ha gustado con diferencia de la obra, realmente conmovedor y excelentemente escrito. El relato que da título al libro -y que es el que más ocupa- es la narración de su viaje a Pamplona para encontrarse con sus orígenes y recordar el tiempo que quedó atrás. Se añaden el guión de la película En el balcón vacío y algunos cuentos que, estando bien, no son especialmente memorables. Se cierra con diferente material gráfico, fotografías y el manuscrito del guión de la película. Lo cierto es que no hay mucho material y además todo gira alrededor de lo mismo, el trauma del exilio y el reencuentro con los lugares perdidos de la infancia. Es una pena, porque lo que hay está muy bien. Muy bueno. En casa el ambiente empezaba a volverse tenso, mamá trabajaba y mi padre, en la puerta de la casa con una pistola al alcance de su mano, vigilaba sin hacer nada, esperando que alguien nos pudiera asaltar. Esto fue anulando lentamente a mi padre que, de ser…
Tusquets, 2011. 264 páginas. Poemario de Riechmann que, como me gustó aquel de El día que dejé de leer el País quise repetir. Y, en este caso, no me ha gustado tanto. Sigue con la literatura de compromiso pero en mi opinión demasiado evidente. Sigo comulgando con las críticas del poeta al mundo en el que vivimos y el poder omnímodo del capitalismo, pero me gusta que las cosas tengan como mínimo media vuelta, y aquí los poemas son demasiado directos para mi gusto. Pero en general lo he disfrutado. Bueno. PALABRAS CON MINÚSCULAS HUMANISMO a pesar de amor a pesar de libertad a pesar de sostenibilidad a pesar de socialismo a pesar de poesía a pesar de LA CONDICIÓN HUMANA VII Las prisiones pueden convertirse en hogares la mano tendida en puño cerrado y la casa del padre en el peor de los infiernos Pues también somos campeones de la ambivalencia Ay, esa fascinante disposición humana a querer a la vez una cosa y su contrario Y por detrás de todo: la necesidad inaplacable de dar sentido al mundo que carece de él
Paréntesis, 2012. 114 páginas. Unos 90 microrrelatos en los que hay de todo, como en botica, pero que en general se leen con gusto (dejo muestras). Ni soy tan entusiasta como aquí: Los años de lluvia ni tan negativo como aquí: Los años de lluvia. Está bien. Esperanza No sabría deciros por qué, de tantos recuerdos, justo me viene este, de jugar a indios y vaqueros, de él haciendo de indio con mucho respeto y seriedad y muriendo abatido por mis tiros y los del primo Toni y del Babas, el compañero de pupitre. No sé por qué justo pienso en lo bien que se moría el condenado, doblándose sobre el estómago, cayendo de rodillas, retorcido, hasta quedar muerto y bien muerto sobre la hierba del parque, inmóvil hasta que nos acercábamos y lo sacudíamos de los hombros y resucitaba sonriente, borrándonos un poco la cara de susto. No sabría deciros, pero seguramente por el recuerdo venido, me acerco al ataúd donde descansa sereno, con las manos cruzadas un poquito por debajo del pecho y me inclino sobre él, me acerco a su oído y le digo, ya está bien de hacer el indio, y lo sacudo de los hombros,…
Páginas de espuma, 2011. 286 páginas. Multitud de minirelatos alrededor de tres ejes. Los primeros inspirados en figuras retóricas como la epanadiplosis o el hipérbaton. Los segundos cogen frases hechas del lenguaje (abrigar la esperanza, entre la espada y la pared,…) y arman una historia que inspire esa frase en un sentido literal. Los últimos están escritos a partir de titulares de periódicos. Pues bien, a pesar de que simpatizo con el juego que se propone la autora, y que los relatos están escritos con solvencia, solo uno de ellos me ha despertado algo de simpatía. El resto se me han hecho interminables, excesivamente directos en su planteamiento y sin el menor músculo narrativo. Si decía aquel que un relato te tiene que ganar por KO estos no me han hecho ni cosquillas. No me ha gustado. Abrigar esperanzas Pedro Juan era ya todo un hombre cuando, en la sección para caballeros de unos grandes almacenes, conoció a Esperanza. «Te llamas igual que mi madre», le dijo. «Pero igual, igual, ¿eh?». Ella sonrió. «A veces la llaman Espe», añadió él. «Como a mí», contestó ella. Y como si aquellas coincidencias fueran suficientes para entrar en confianza, Pedro Juan se decidió…
Hurtado & Ortega, 2018. 210 páginas. Adrià Pujol es hijo del corrector de Josep Pla y la sombra del homenot le ha perseguido de por vida. Escribe un ensayo para explicarse pero la traducción de Rubén Martín transforma su texto, se toma libertades impensables y se inicia una discusión en los pies de página que rompe ya no solo la cuarta pared del texto, sino también de la traducción, de la edición y de los sinsabores de los que viven de las letras. El texto de Adrià, sin aditamentos, es de buen leer. La parafernalia que le ha crecido con la traducción es, en ocasiones, muy divertida, encaja con las quejas propias del texto, se apoyan y conforman un artefacto que podía haber sido pedante e insufrible (y a veces un poco lo es) pero que en general he disfrutado bastante. Bueno.