Martin Amis. Experiencia.

junio 25, 2007

Editorial Anagrama, 2001. 500 páginas.
Tit. Or. Experience. Trad. Jesús Zulaika.

Martin Amis, Experiencia
Are you experience?

Cito la contraportada:

En la esperada autobiografía de Martin Amis se nos invita a recorrer la vida, los libros y los libros detrás de los libros de uno de los más extraordinarios narradores contemporáneos

Recorrido vital y personal, sí. Autobiografía, no. Ni siquiera memorias y sí hacer memoria. Ya lo define bien el título, lo que encontramos aquí son experiencias.

¿Qué son experiencias para Martin Amis? El asesinato de su prima, que desapareció misteriosamente en 1973 y fue descubierta veinte años más tarde en el jardín de un asesino en serie. El ser hijo de su padre, y sus constantes discusiones con él. Su sonada bronca con su amigo Julian Barnes, en la que hubo insultos para todos. Los libros, montones de libros. El sexo. Sus problemas con la dentadura, que le llevaron a gastarse cien mil dólares en arreglárselos (esta obsesión aparece en Niños muertos). La aparición de una hija de la que no tenía ninguna noticia. Los ataques de la prensa. La muerte de su padre.

Con estos hilos y cartas escolares, multitud de anécdotas, recuerdos y muchas notas al pie construye Martin Amis una novela con él mismo como protagonista. Uno lee este libro porque le gusta el autor y quiere saber más cosas de él, pero a las pocas páginas pierde importancia de quién se está hablando. La narración, la historia, interesan por si mismas. Podría leerlo con gusto alguien que no supiera quien es Amis.

Hay dos cosas que me sorprenden. Una, la sombra que proyecta Kingsley Amis en su hijo: no debe ser nada fácil escribir cuando tu padre es un escritor famoso. Lo curioso es que yo no he leído nada del padre, ni me interesa, y supongo que somos unos cuantos. Leyendo este libro uno se lo gritaría a través de las páginas y del tiempo. Dos, los ataques de la prensa amarilla. Vivimos en el país del tomate, pero no me imagino a ningún escritor en el sillón del Salsa Rosa; no creo que le interesara a nadie. No sé si que un escritor sea lo suficientemente interesante como para que los paparazzis se ceben en él es bueno o malo; como mínimo es curioso.

Un libro excelente, tanto si eres seguidor de Amis como si no.

Escuchando: Beverly hills. Weezer.


Extracto:[-]

La primera visita a Mike Szabatura había tenido lugar a las ocho de la mañana del miércoles anterior. Me llamaron por mi nombre y entré en la consulta. El apretón de manos de Mike Szabatura fue masónicamente médico. Las manos de los dentistas son cálidas, fuertes, divinamente inmaculadas. Dos bellas mujeres jóvenes, de luminosa piel morena y uniforme rosa, se bamboleaban a nuestro alrededor. No hizo falta que me invitaran dos veces a repantigarme en el sillón. Las palabras me salieron con fluidez. Las había estado escribiendo en mi cabeza desde hacía muchos años.

-Voy a pasármelo fatal. Pero también usted: va a tener que mirar dentro de mi boca. La parte inferior de mi dentadura es, sencillamente, muy mala. Pero la superior… Tengo un puente que me va de oreja a oreja, y lo único que lo mantiene ahí, que yo sepa, es la costumbre. El problema es hereditario, amén de la falta de adecuado cuidado cuando era más, joven. Mi madre tenía buena dentadura y malas encías. Mi padre tenía las encías bien y mala dentadura. Yo tengo mala dentadura y malas encías.

—Echemos un vistazo.

—Ármese de valor —dije, y abrí la boca.

Media hora después Millie me ayudó a quitarme el chaleco de plomo en el que me habían embutido para protegerme de la descarga cerrada de rayos X. Siempre pienso en mi prima Lucy cuando me están dando rayos X, cuando me sujetan y oprimen de algún modo; y siempre pienso en ella cuando estoy en una iglesia… Esperé en la sala de espera. Aún no eran las nueve de la mañana y ya había en ella otros sufridores dentales. ¿De qué padecían ellos? De temblores y molestias locales, sin duda; no de auténticos movimientos tectónicos. Millie me hizo una seña. Me hizo entrar -de forma harto ominosa, tuve la impresión— en otra sala, una sala más silenciosa y oscura, una sala que bien podría llamarse la Sala de las Malas Noticias, donde Mike Szabatura estaba de pie, inclinado sobre una radiografía. Mike es un hombre grande y robusto de cara carnosa, viva, con una expresividad casi de cómic. Cuando habla mueve la cabeza y frunce los labios y se le ponen los ojos saltones. Es una cara adiestrada durante años a dramatizar lo positivo y lo negativo, para decir: «Por un parte, esto; por la otra, esto otro.» Pero mi caso no iba a poner a prueba su repertorio. No había «por la otra».

-La parte de arriba no tiene remedio. La de abajo también está muy mal. Mire.

Examinamos el paisaje lunar de la radiografía. Había una «patología» en la mandíbula inferior: un bulto oscuro justo encima de la barbilla, que —según aprendí en aquel mismo momento— podía deberse a una de las tres causas siguientes: un tumor canceroso; un tumor de nombre muy largo, que sería recurrente; y un tumor, sin más (tratable y nada exótico). Sea lo que fuere, acabaría manifestándose. Llevaba meses y meses sintiendo que algo nuevo y extraño se estaba desarrollando en aquella zona de mi boca: presión, actividad, ocupación…

-Los de arriba no tienen remedio. En mitad de cualquier comida puede usted quedarse con los dientes en la mano. Se los sacaré el lunes. No le queda otra opción.

2 comentarios

  • Luis junio 26, 2007en11:45 am

    Pues no sé, por principio no me fio del testimonio de una parte obviamente interesada, por bien que me caiga. Y es que todos contamos la película según nos va en ella, pero es muy difícil que reconozcamos ser «los malos» ya que todo lo que hacemos tiende ser lo correcto y a estar plenamente justificado en nuestra cabeza, trasladando la inquina al resto del mundo, y si es tu padre, más.

    Sobre lo de los tabloides, tenemos difícil traslación aquí, pero recuerdo hara unos 20 años que a Cela se le entrevistaba en TV de forma más o menos distendida y siempre se salía con el episodio escatológico de la palangana… hoy depende de lo que ocurriese, y a quien consideres escritor o pagador de negros, claro.

  • Palimp junio 26, 2007en3:31 pm

    No me he explicado bien; en sus páginas se ve que ser hijo de un escritor famoso le marcó. La altura del padre, y todo eso. Habla mucho de las discusiones con él, pero siempre lo deja en buen lugar, y su muerte fue dolorosa para Amis.

    No niego que algunos escritores salgan por la televisión o en entrevistas. Lo que no ocurre es que les acosen en programas de cotilleos. ¿Te imaginas algo como ‘Javier Marías pillado en la playa’?

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