Juan José Millás. Los objetos nos llaman.

abril 30, 2012

Juan José Millás, Los objetos nos llaman
Seix Barral, 2010. 246 páginas.

Hace poco le pegaba un palo a mi admirado Juan José Millás (No mires debajo de la cama). Es hora de preparar un buen elogio. Los cuentos abundantes de este libro son los siguientes:

LOS ORÍGENES
La muerta
Continúo soltero
Mujeres grandes
Los placeres del taxi
Un misterio
Aceite de ricino y mística
La misma frase
Elaboración de productos
La mejor tarde de mi vida
Una amputación invisible
Mi primer plato combinado
Los padres mienten
La verdadera muerte de mamá
Ganas de bronca
Papeles pintados
El tío Emilio
Llamada de ultratumba
Dos pares de calcetines
Mi pierna derecha
El brazo derecho de mi padre
Una historia de fantasmas
Escribir a la contra
Los padres de los amigos
La puerta
Una metamorfosis completa
El hombre que escupe
Tengo poderes
El olor de la gasolina

LA VIDA
Una vocación de clase media
Un alto en la terapia
Dios es zombi
Alternancia
El misterio y el absurdo
El espacio interdigital
El secuestro aéreo
El canario
Cuando no pasa nada
Cada individuo es un universo
Intransigencia horaria
La hija de Beatriz
La vecina difunta
El precio de las almas
La carpeta verde
Jorge y Maruja
El desaparecido
El cojo contrariado
El discutidor
Y llovía y llovía
Las ropas del difunto
La chica de la tele
Un raro bienestar
Los caminos del Señor
Se van a enterar
Las palabras de ella
La asesina del diván
Arrepentimiento
Una vida
La ropa interior de las mujeres
Mañana moriré
Relaciones personales
El hombre invisible
El precio del éxito
Un caso de sugestión
Una historia verdadera
La parte de atrás
Cuerpo y alma
¿Es grave, doctor?
Todo es muy raro
Una vida y un sueño
La masa líquida
Un error del tinte
La guía de Madrid
Enrique fue a la cárcel
Un éxito local
La muerte retroactiva

Los hay normales, buenos, muy buenos y excelentes. Además casi todos son contables, lo que viene muy bien para ampliar repertorio. Tengo tantos destacados que también sería una lista interminable, lo que vuelve a hablar de la calidad general. Como muestra un botón al final, el primer relato que ya me pareció digno de mención. Tanto yo como mi mujer nos desternillamos con Papeles pintados. Ambiente onírico, humor, relaciones padres hijos complicadas… todo eso encontrarán en fragmentos de dos o tres páginas.

De lo mejor que he leído este año.

Calificación: Muy bueno.

Un día, un libro (243/365)

Extracto:
LA MUERTA
Cierto día, un compañero de colegio señaló en la calle a una mujer, díciéndome:
—Mírala, está muerta.
A mí me parecía imposible que una difunta se moviera con aquella naturalidad entre la gente. De hecho, sabía que era mentira, pero resultaba excitante creérselo, así que le seguí el juego. Mi amigo me aseguró que era capaz de distinguir a una mujer muerta entre mil mujeres vivas.
—¿Pero en qué lo notas?
—En nada en concreto y en todo a la vez. Si te fijas, van envueltas como en una burbuja de paredes invisibles. Cuando seas capaz de percibir esa burbuja, aprenderás a distinguirlas.
A los pocos días de esta conversación, iba dando patadas a las piedras por mi calle, cuando vi a una mujer dentro de la burbuja. La burbuja la puse yo seguramente, pero la mujer era completamente real. La seguí con disimulo hasta la Avenida de América, y luego por Francisco Silvela, hasta llegar a una ferretería en la que entró para salir al poco del brazo de un sujeto muy alto, con bigote a lo Clark Gable. El hombre estaba vivo, desde luego, y no trataba a la mujer como a un cadáver. Al contrario, se acercaba a su cuerpo cuanto le era posible, desplazando la pared de la burbuja hacia el otro lado, y le besaba el cuello a través de esa membrana que parecía no detectar. Entraron en un bar que hacía esquina con la calle de Méjico y se comieron un bocadillo de calamares cada uno. Cuando ella alargaba el brazo para tomar de la barra el vaso de cerveza, sacaba la mano de la burbuja sin romperla, del mismo modo que algunos objetos son capaces de penetrar en una pompa de jabón.
Comencé a centrar mi atención en él. Parecía el prototipo de individuo mundano que por entonces yo mismo aspiraba a ser. Una persona con clase, pensaba ingenuamente, debe moverse con la misma naturalidad entre los muertos y los vivos. Aquel hombre actuaba con una soltura increíble y sabía en qué momento tenía que abrocharse o desabrocharse el botón de la chaqueta o pasarse el dedo índice por el extremo del bigote, como para recoger, más que una miga de pan, un pensamiento. Al salir del bar, él la tomó de la cintura y la atrajo hacia sí con tal violencia que la sacó sin darse cuenta de la burbuja. Entonces abandoné la persecución con la idea romántica de que el amor consiste en rescatar al otro de la muerte, y decidí esperar mi oportunidad.
A los pocos meses llegó al barrio una chica nueva, con burbuja. Era muy joven para estar muerta, pero lo consulté con mi amigo y me dijo que las había de todas las edades.
—Una prima mía de tres semanas está muerta también.
—¿Y qué dicen sus padres?
—No lo saben. La mayoría de la gente no ve la burbuja.
Me enamoré como un loco, y, cuando logré reunir el dinero suficiente, la invité a un bocadillo de calamares en el bar de Francisco Silvela esquina a Méjico. Luego intenté acercarme para rescatarla de la burbuja, pero no se dejó. Y al día siguiente, cuando pasé cerca de un grupo en el que se encontraba ella, noté que me señalaba con expresión de burla. Estaba presumiendo de haberme sacado un bocadillo de calamares, que para nosotros era una fortuna. Entonces, pese a mi timidez, me acerqué al grupo y, apuntándole al pecho con el dedo, le dije:
—Estás muerta. No vayas a creerte que no lo sé.
Todas sus amigas se alejaron un poco, como con miedo a contagiarse, y desde entonces arrastró una vida solitaria, que yo tampoco intenté aliviar, aunque me lo pedía con los ojos. Se casó con un muerto de hambre con el que asiste a misa de difuntos todas las semanas. Continúa en el barrio, y, cuando me acerco por allí, a ver a mis padres, se hace la encontradiza para que la libere de la burbuja en la que sigue atrapada. Pero ahora, aunque quisiera, no podría, porque yo mismo he ido encerrándome durante todos estos años dentro de una membrana transparente y flexible de la que sólo podría rescatarme una mujer viva.

3 comentarios

  • Lola mayo 13, 2012en10:54 pm

    Lo acabo de acabar. Y no sé, hay algunos relatos muy buenos, pero también hay algo en Millás que me cansa mucho: usa en exceso (para mi gusto) las situaciones irreales, imposibles, que quedan muy bien en un relato, aportan humor pero cuando más del 60% de los relatos son así, huelen a truco feo. Gente que se aparece, que le faltan cosas, que dejan de ser ellos, que de repente viven en otro sitio, que tienen todo de espaldas, que hablan con muertos… No sé, me parece excesivo usar tanto ese recurso, hace que pierda fuerza el libro en conjunto.

  • Palimp mayo 15, 2012en4:25 pm

    Ese es el sello de la casa; si te gusta entonces te gusta Millás. Si no… pues entiendo que te canse.

  • Burt junio 2, 2015en10:04 pm

    A quien le gusté Millas no le decepcionara. Es un libro de relatos cortos…la media muy buena… Algunos magistrales (ej.: el canario)

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