Josep Cervelló. Escrituras lengua y cultura en el antiguo Egipto.

julio 3, 2019

Josep Cervelló, Escrituras lengua y cultura en el antiguo Egipto
UAB, 2015. 550 páginas.

Lo imaginaba un tocho difícil de tragar y ha resultado un libro ameno, entretenido, lleno de información interesante y muy riguroso. Es un libro de texto que se disfruta como si fuera de divulgación.

Aquí aprendemos cómo se originó la escritura jeroglífica, quienes se encargaron de descifrarla, los diferentes sistemas lingüísticos en los que se manifestó y sus escrituras, el origen de nuestro propio alfabeto a partir de los pictogramas, cómo leer los grupos consonánticos que marcan los signos…

Se me haría muy largo explicar toda la información interesante que hay para un profano como yo, y mucho más la cantidad que puede leer alguien experto que esté buscando un manual de clase.

Muy recomendable, un aplauso para el autor (y aviso, no lo conozco).

Se dis tinguen distintos tipos de textos:
a) Textos bíblicos y apócrifos. La primera traducción sistemática de la Biblia en copto tuvo lugar probablemente a principios del siglo iv y se convirtió en un referente para toda la literatura copta posterior en lo que a ortografía, vocabulario y gramática se refiere. El Antiguo Testamento fue traducido a partir de la versión griega de los Setenta (Septuaginta), que había sido elaborada en Alejandría por y para los judíos de la diáspora en el siglo ni aC. Junto a los libros bíblicos, se han transmitido en traducción copta numerosos apócrifos, que proceden tanto de la tradición judía (Sabiduría de Salomón, «testamentos» de los patriarcas) como, sobre todo, de la cristiana (evangelios, textos sobre la vida de Jesús y de su familia, hechos de los apóstoles); se trata, en muchos casos, de la única versión conservada de estas obras.
b) Textos gnósticos y maniqueos. De los siglos iv y v datan las bibliotecas de códices coptos de Nag Hammadi (al sur de Abidos) y de Medinet Madi (en el oasis de El-Fayum). La primera es célebre por su descubrimiento novelesco. En 1945, dos hermanos campesinos que se habían dirigido al desierto rocoso próximo a su aldea para extraer un tipo de tierra blanda que se empleaba como fertilizante encontraron una jarra que medía casi un metro de altura. Dudaron antes de romperla, por miedo a que en el interior viviera un djinn o genio. Pero, atraídos por la idea de que pudiera contener oro, finalmente la rompieron y, para su decepción, encontraron trece códices de hojas de papiro encuadernados en cuero. Tras varias peripe-
cias y algunas mutilaciones, estos códices llegaron al Museo Copto de El Cairo, donde hoy se conservan. Los códices de Nag Hammadi contienen una importantísima colección de lextos gnósticos. El gnosticismo cristiano, surgido en el siglo 11 en grandes ciudades del Imperio Romano, como Alejandría y Roma, es un movimiento espiritual basado en la gnosis, es decir, en el «conocimiento», que es superior a la fe y está reservado solo a unos cuantos elegidos. La doctrina gnóstica es esencialmente dualista: el mal, que no puede derivar de Dios, tiene su origen en la materia, creada por el Demiurgo, identificado con el Yahvé del Antiguo Testamento. El Dios del bien, supremo y perfecto, es accesible solo para los gnósticos tras un proceso de conocimiento y espiritualización (ascesis). Jesús, que 110 puede ser materia y que, por tanto, se ha hecho hombre solo en apariencia, es un ser espiritual que ha venido para hacer partícipes a los hombres de la gnosis. La biblioteca de Nag Hammadi está formada por evangelios y apócrifos (= «libros secretos»), como el Evangelio de Tomás, el Apócrifo de Santiago, el Apócrifo de Juan, el Evangelio de la verdad o el Evangelio de los egipcios, cartas, textos sobre los hechos de los apóstoles y textos apocalípticos. La biblioteca de Medinet Madi contiene, en cambio, ocho códices de textos maniqueos (homilías, salmos y un largo tratado doctrinal llamado Kephalaia). También el maniqueísmo, fundado en Persia en el siglo ni por Mani, sostenía un rígido dualismo entre el bien y el mal, tanto en el plano metafísico como en el moral, con una consiguiente tendencia muy rigurosa hacia el ascetismo. Cuando los primeros concilios ecuménicos fijaron la ortodoxia cristiana, el gnosticismo y el maniqueísmo fueron condenados por heréticos y sus escritos fueron perseguidos.

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