Ingo Schulze. 33 momentos de felicidad.

marzo 27, 2013

Ingo Schulze, 33 momentos de felicidad
Destino, 2001. 336 páginas.
Tit. Or. 33 augenblicke des Glücks. Trad. Belén Santana.

Un libro sorpresa, diferente y original, hasta el punto de que en muchas ocasiones no me he enterado de lo que estaba leyendo. La premisa y excusa es una carpeta encontrada en un tren con 33 historias que son las que componen el libro, supuestamente unidas por tener un momento de felicidad y por situarse en San Petersburgo.

Las historias van de lo crudo a lo surrealista, a veces todo junto, en ocasiones encuadrando el contesto, otras mostrando un fragmento casi poético pero poco inteligible (para un gañán como yo). Sin título se identifican por la primera frase. Así en el relato que comienza con En Rusia, lo único que puede hacer uno es marcharse… tras las innumerables quejas del protagonista la historia acaba fuera de madre con una escena de amor fraternal y multitudinario. La historia de Irina y Anatoli, aparentemente anodina, desvela una crueldad decarnada y violenta.

En ¿Ha visto? ¡Mal asunto! se narra en un puñado de páginas un suceso de novela negra a ritmo trepidante con prosa de altura. Y en la historia de Antonina Antónovna sus hijas tienen la suerte de encontrar a un rico que se casará con ellas sacándolas de la miseria (un final feliz estremecedor).

Algunos de los cuentos son muy buenos. Se sale de lo común.

Calificación: Muy bueno.

Extracto:
Iván Topóryshkin padre encarga la comanda para todos los invitados presentes en la mesa. El camarero dice de pronto: «Pero eso no está bueno».
Los que están sentados a la mesa alzan la vista hacia él.
-¡Eso no está bueno! -repite el camarero, intercambiando una mirada con cada uno de los invitados, incluido Iván Topóryshkin padre.
Iván Topóryshkin padre señala de nuevo el plato con el número 3012 y dice: «¡Quiero esto!».
-¡Pero eso no está bueno! -dice el camarero por tercera vez, apunta el número 3012 y se dirige a la cocina.
En ese momento todos los invitados se echan a reír, incluido Iván Topóryshkin padre. Ríen tanto que sus rostros rozan las servilletas colocadas entre los cubiertos y es necesario llamar al encargado.
-¡Eso no está bueno! -resopla Iván Topóryshkin padre, y todos los rostros vuelven a rozar las servilletas que tienen delante.
-¡Qué desfachatez! -dice el encargado. Pero finalmente todo sale a la luz; se manda llamar al camarero y es despedido. Una camarera sirve la comida, incluido el número 3012.
-El tres mil doce no está bueno -dice Iván Topóryshkin padre, deja el cuchillo y el tenedor sobre la mesa y coge la servilleta. Se manda llamar al encargado y se vuelve a contratar al camarero.
Historias como ésta siempre logran infundirme ánimo.

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