Bonnie Jo Campbell. Madres avisad a vuestra hijas.
Cuentos / enero 12, 2022

Dirty Works, 2021. 288 páginas. Tit. or. Mothers, tell you doughters. Trad. Tomás González Cobos. Incluye los siguientes relatos: Despeinadas Casa de juegos Cuéntate El Mayor Espectáculo del Planeta, 1982: Lo que estaba Mi perro Roscoe Madres, avisad a vuestras hijas El dolor de mi hermana Una multitud de pecados A ti, como mujer Hijas del reino animal Un lugar cálido Mi dicha matrimonial Prueba de sangre, 1999 Hijos de Transilvania, 1983 Desastres naturales El fruto del papayo Mujeres protagonistas de la pesadilla americana, la que no sale en las películas y que te hace pensar en lo jodido que debe ser la pobreza en una de las naciones más poderosas del mundo. Ni siquiera hay una red familiar de apoyo porque los parientes solo aparecen si hay una herencia que repartir. Embarazos adolescentes que hunden una vida que no tenía demasiado futuro, mujeres solitarias que han sacrificado su vida para nada, un amor que ni está ni se le espera, porque cuando aparece es solo un espejismo. Cuéntate y El mayor espectáculo del planeta son tristísimos (y no es que los otros sean demasiado alegres). Tan sólo en el último hay algo parecido a la esperanza, en una mujer…

Alan Heathcock. Volt.
Cuentos / enero 30, 2020

Dirty works, 2016. 280 páginas. Tit. or. Volt. Trad. Javier Lucini. Colección de relatos que comparten coordenadas con aquel Knockemstiff, retrato del otro lado del sueño americano, con personajes que viven en ambientes duros escasos de esperanza. Personalmente me han gustado mucho menos que aquellos, les falta profundidad en fondo y forma. He disfrutado con la lectura y algunos relatos están muy bien construidos, pero en general no me han llamado demasiado la atención. Todo lo contrario que aquí: Volt, de Alan Heathcock: Un libro de relatos destinado a ser un clásico que lo ponen por las nubes. Aquí también lo ponen muy bien: Volt Está bien. Winslow se despertó cubierto de barro. Era un nuevo día, el sol abrasaba, el arroyo volvía a sus márgenes. Winslow subió la colina, no encontró huellas, ni una sola prueba de la visita del hombre del tren. Pero seguía teniendo la sensación de que le perseguían. Se vistió a toda prisa y huyó hacia el sur. Al pie de cada cerro pensaba en Sadie y sentía que debía dar marcha atrás, que debía iniciar el largo camino de vuelta a casa. Pero entonces alzaba sus fatigadas rodillas y se encaramaba a la siguiente…