Robert Louis Stevenson. El diablo de la botella y otros cuentos.

mayo 6, 2012

Alianza Editorial, 1984. 240 páginas.
Trad. José Luis López Muñoz.

Robert Louis Stevenson, El diablo de la botella y otros cuentos
Presencias sobrenaturales

Comenta mi amigo Nevermore que lo mejor del 2009 fue descubrir a Stevenson… ¡Menudo placer! Nunca es tarde si la dicha es buena y comparto con él la sorpresa de redescubrir a los clásicos, no digamos si son de la talla de Stevenson.

Es éste un libro con los siguientes relatos:

Los ladrones de cadáveres
Markheim
Olalla
El diablo de la botella
La playa de Falesá

Olalla ya lo había leído en una antología y no me gustó demasiado ni entonces ni ahora, pero la redención en Markheim y el triunfo del amor en El diablo de la botella y La playa de Falesá merecen el calificativo de grandes. Cuando un buen narrador nos cuenta una gran historia uno escucha embelesado; no en vano Stevenson se ganó un sobrenombre que muchos querrían: Tusitala (el que cuenta historias).

Mondadori acaba de sacar una edición de sus cuentos completos. Un poco cara para mi bolsillo, pero que espero encontrar algún día en la biblioteca.

Descárgalo gratis:

Obras de Robert Louis Stevenson en castellano

Calificación: Muy bueno.

Un día, un libro (249/365)

Obras de Robert Louis Stevenson en inglés (Proyecto Gutenberg)


Extracto:[-]

Uma me echó los brazos al cuello, se acercó más a mí y apretó su rostro contra el mío, que es la manera de besar en la isla, de manera que me mojó con sus lágrimas y mi corazón se entregó a ella por completo. Nunca había tenido nada tan cercano a mí como aquella pizca de muchacha. Y es que además hubo muchas cosas que se unieron para hacerme perder lá cabeza. Era tan bonita que daban ganas de comérsela y parecía ser mi único amigo en aquel lugar tan extraño; yo estaba avergonzado de haberle hablado con rudeza: y Uma era una mujer, y mi esposa y además una especie de niñita que me daba lástima; y tenía en la boca la sal de sus lágrimas. Y me olvidé de Case y de los nativos; y me olvidé de que no sabía nada de toda aquella historia o sólo lo recordé para borrarlo de mi mente; y me olvidé de que no iba a conseguir copra y que por tanto no sería capaz de ganarme la vida; y me olvidé de mis jefes en la compañía y del flaco servicio que les hacía prefiriendo mis gustos a sus negocios; y me olvidé incluso de que Uma no era realmente mi mujer, sino una doncella engañada y de la manera más mezquina. Pero eso es ir demasiado lejos. Ya hablaré de ello a su debido tiempo.


—Yo pensar —dijo luego, muy solemne; y en seguida—: Victoria, ¿ser gran jefe?

—¡No te quepa la menor duda! —dije yo.

—¿Querer ti mucho? —preguntó de nuevo.

Le dije con una sonrisa que estaba convencido de que la anciana señora me tenía en gran aprecio.

—Muy bien —dijo ella—. Victoria gran jefe, querer ti mucho. No poder ayudar ti en Falesá; no poder hacer nada…, demasiado lejos. Maea, jefe pequeño, pero vivir aquí. Si él querer ti, todo marchar bien. Igual Dios y Tiapolo. Dios, gran jefe…, demasiado trabajo. Tiapolo, jefe pequeño…, querer llamar la atención, trabajar mucho.

—Voy a tener que devolverte a Mr. Tarleton —dije—. Tu teología está completamente desquiciada, Urna.

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