Ramón del Valle Inclán. Cartel de feria.

diciembre 21, 2011

Enciclopedia pulga.
Ramón del Valle Inclán, Cartel de feria
Al ruedo

La poca información que he encontrado de este libro es que pasó a formar parte de la serie ‘El ruedo ibérico’, dentro de la novela ‘Viva mi dueño’, libro quinto (y lo acabo de comprobar, es verdad). Tendré que leerlo entero, aunque este libro lo compré por el encanto que tienen los libros ‘pulga’ y lo difícil que es encontrar alguno con un texto de sustancia.

La trama transcurre en una feria de pueblo, con un ruedo provisional, y lo tejemanejes que alrededor de la celebración se van ocasionando, desde las intrigas de alto nivel hasta los trapicheos de la curandera de pueblo.

A destacar, como siempre, el lenguaje. Los fragmentos de habla caló son prácticaente ininteligibles sin diccionario específico al lado.

Calificación: Muy bueno.

Un día, un libro (112/365)

Extracto:
—¡Hay un planoró muerto en la trena!
—¡Lo mató a culatazos el sargento!
—¡Dai de los Calés! ¡Debel del Otalpe!
¡Madre de los Gitanos! ¡Dios del Cielo! ¡El Errate, atristado y nocturno, sentía el drama del muerto y el melodrama de ignorar quién era! Vagaba en torno del chato y carcomido caserón de la cárcel. Dos Guardias Civiles, las carabinas en descanso, geometrizados bajo el triángulo de charol, y las charreteras y las cruces del correaje, guardaban la puerta. Hacían planto en la calle viejas y mozuelas. Algunos bultos se recogían por las esquinas:
—¿Quién es el defunto?
—Nenguna luz se diquela.
—Los vellerices nos satisfarán, si les sonsacamos.
—O nos zurrarán el drupo.
—No le pénela chi.
—Esperemos a que lo embleje la identificación.
—¡Menda se naja denantes! ¡Que lo identifique el Grobelén!
—Puede que ni tal muerto haiga, y que todo, a la fin, resulte jonjona.
—Defunto lo hay, que aúnllan por demás los chureles.
—¿Y por qué había el difunto de ser caloré?
—Es caloré, porque siempre pagamos los del Errate. Cuenta, si no, quiénes han ido al Estaribel.
Un gitano se jactaba entre otros, soterrando la voz:
—Ya le tenía partido el garlochín, cuando impensado salió por la puerta del padre cura el terremoto de chai madrilati, y eso le ha dado la bají.
Doblaba la campana de los Verdes. En el zaguán de la trena encendían un candilejo. Llegaba el tumulto verbenero. Los cohetes, al estallar, desconcertaban con luminosos triángulos el caserón de la cárcel y las rígidas figuras de los dos Guardias Civiles.

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