Miguel de Unamuno. La tía Tula.

septiembre 7, 2011

Miguel de Unamuno, Obras completas
Virgen maternal

Lo tengo en la colección RBA, pero como en otras ocasiones son unos libros tan incómodos de manejar (sobre todo para leer en el metro, que es mi salón de lectura) que me lo pasé a formato electrónico y me lo leí en el móvil.

La tía Tula es una mujer que sacrifica su juventud para cuidar los hijos de su hermana, que muere. Se entregará completamente a la tarea, ignorando sus necesidades, pero imponiendo su punto de vista a cuñado e hijos.

Poco a poco voy leyendo todo de Unamuno, aunque que pienso que sus novelas han envejecido peor que las de sus contemporáneos, y a que arma unas tramas con unos ejes básicos muy visibles (envidias, amor maternal, …). Pero que no se me lancen los eruditos a la cabeza; si lo sigo leyendo es porque me gusta, pese a todo.

Lo que está claro es que no se lee mucho, aparte de una entrada parca en la wikipedia: La tía Tula, solo he encontrado este club de lectura: LA TÍA TULA – Miguel de Unamuno, donde lo más importante son los comentarios. Para una es una feminista adelantada, para otra una manipuladora que hizo desgraciado a su entorno. Para que luego digan que los clásicos no son poliédricos.

Calificación: Bueno.

Un día, un libro (7/365)

Pueden descargarlo aquí: Descargar libros de Miguel de Unamuno

Fragmento del prólogo:

Y ahora el lector que ha leído este prólogo ––que no es necesario para inteligencia en lo que sigue––
puede pasar a hacer conocimiento con la tía Tula, que si supo de santa Teresa y de Don Quijote, acaso no
supo ni de Antígona la griega ni de Abisag la israelita.
En mi novela Abel Sánchez intenté escarbar en ciertos sótanos y escondrijos del corazón, en ciertas
catacumbas del alma, adonde no gustan descender los más de los mortales. Creen que en esas catacumbas
hay muertos, a los que lo mejor es no visitar, y esos muertos, sin embargo, nos gobiernan. Es la herencia de
Caín. Y aquí, en esta novela, he intentado escarbar en otros sótanos y escondrijos. Y como no ha faltado
quien me haya dicho que aquello era inhumano, no faltará quien me lo diga, aunque en otro sentido, de
esto. Aquello pareció a alguien inhumano por viril, por fraternal; esto lo parecerá acaso por femenil, por
sororio. Sin que quepa negar que el varón hereda feminidad de su madre y la mujer virilidad de su padre.
¿O es que el zángano no tiene algo de abeja y la abeja de zángano? O hay, si se quiere, abejos y zánganas.
Y nada más, que no debo hacer una novela sobre otra novela.

En Salamanca, ciudad, en el día de los Desposorios de Nuestra
Señora del año de gracia milésimo novecentésimo y vigésimo.

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