ECC, 2021. 160 páginas. En un pueblo minero que ha conocido mejores tiempos dos chicas se despiertan en un cine sin recordar nada de lo que ha pasado. No será el mayor problema ya que hay extraños monstruos que salen del bosque, una mujer ciervo, setas luminosas y una niña que es, en realidad, una anciana bruja. Buf. Cada uno de los mimbres de esta historia son sugerentes, pero el conjunto no pega ni con cola, es como cuando mezclas plastilina de colores brillantes y el resultado es un pegote marrón aburrido. La trama no hay por donde cogerla. Eso sí, el dibujo está bastante bien y ya digo, cualquier elemento suelto tiene su aquel, pero el conjunto, un fiasco. Malo.
Tusquets, 2022. 286 páginas. Después de la burbuja del ladrillo una urbanización se ha quedado a medias. Los inquilinos llevan como pueden estar en un sitio sin servicios mientras sufren que una parte esté abandonada y a merced de los okupas. Un ex policía que huye de un asunto turbio y una informática que todavía no ha acabado de gestionar el duelo de un abandono se encontrarán en los márgenes entre civilización y barbarie. Conocí a la autora en una cena y me pareció una persona majísima. No había leído nada suyo. Le pregunté ¿Por cual empiezo? Y me recomendó éste. Por suerte, me ha encantado, porque Rosa Ribas me cayó de maravilla. Una novela que te dibuja un ambiente que se nos hace familiar a los que vivimos la crisis del ladrillo, que retrata el egoísmo de las comunidades de vecinos y la vida de las personas que sobreviven como pueden en un capitalismo que hace aguas. Ahora que he empezado continuaré con alguna de sus sagas de novela negra, que seguro que están igual de bien o mejor. Muy bueno. Yolanda Vivancos y ella vivían en la parte de los adosados. La parejita insistió en acompañarlas a sus…
Luces de Gálibo, 2021. 80 páginas. A partir de textos de Arrabal la autora crea un híbrido entre cómic e ilustración que arropa a la perfección la historia, con unas viñetas en blanco y negro llenas de detalles en las que se puede reconocer al propio Arrabal. El arte de Laura, a medio camino entre lo minimal, lo modernista y lo geométrico es el marco perfecto para estas narraciones oníricas y desasosegantes del fundador del movimiento pánico. Parecen hechos el uno para el otro. Un placer para la vista y un deleite como lectura. Muy bueno.
Lava, 2023. 350 páginas. En mitad de una selva devoradora, que funciona como un dios compasivo siempre que su hambre quede saciada, sobrevive una hacienda encerrada en un ciclo cruel de nacimientos y sacrificios. Una anciana, sus dos hijas -una de ellas convertida en perra- un hombre dedicado a fecundar y una serie de niños cuyo destino es y ha sido siempre el mismo. Servir de alimento. Brutal. La ambientación es de una crueldad extrema, con esa selva devoradora e implacable, sedienta de sangre, omnipotente e irracional, que marca el destino de las habitantes de la hacienda. Esa multiplicidad de voces, dolientes, cada cual con su cruz a cuestas, su hambre, sus adicciones, sus secretos y su destino. El lenguaje como bisturí quirúrgico dedicado a hacer cortes en la piel del lector que se atreva a entrar en estas páginas. Páginas que son otra selva que nos exige un sacrificio. El de encontrar el significado de tanta muerte y asfixiarnos en el verde exuberante de una vegetación que crece de la podredumbre y que grita en color rojo su hambre. Buenísimo. No tuvo tiempo. Sintió la patada de Juanquito sobre su pierna y se quebró. Después fueron los gritos. Los…
RBA, 2007. 158 páginas. París, 1940. César González Ruano ha abandonado Berlín y se ha trasladado a París donde vive sin escribir pero con gran lujo. ¿Es un estafador? ¿Un espía? Le detienen con un pasaporte falso, 12000 dólares y un diamante, pero todo seguirá siendo un misterio. Un librito que pica de aquí y allá (las propias memorias de Ruano, sus novelas, documentos sobre la policía en la época de la Gestapo) para ofrecernos un retrato de la vida del escritor franquista cuando estuvo en París, pero que no se acaba de mojar del todo. Parece que traficaba con arte, pero no se nos dice nada en firme. Parece que traficaba con favores, pero se afirma nada. Otros escritores dijeron que algunas de sus ocupaciones fueron obstante truculentas (y uno piensa en todos los judíos que vendieron lo que no tenían en busca de una salvación que no llegó) pero es algo que se menciona de pasada. Vamos, que la lectura está bien, es un libro cortito y bien estructurado, pero uno se queda con ganas de más, de algo sólido, ni que sea alguna evidencia, porque si no todo se queda en rumores, hipótesis, y ni siquiera demasiado…