Ensayo divulgativo acerca de diferentes aspectos de nuestros problemas cognitivos. Todos hemos olvidado las llaves, llegado a la cocina sin saber para qué o nos hemos enfadado sin entender muy bien los motivos. El autor nos presenta estos y otros casos, explica los mecanismos neurológicos detrás y aporta luz (y en algunos casos tranquilidad) sobre estos fenómenos.
Está dividido en cinco capítulos que se encargan de:
Los olvidos cotidianos, tratando temas como el fenómeno de la punta de la lengua o lo ya vivido.
Las percepciones anormales, como cuando pensamos que nos han llamado pero no, o sentimos presencias que no existen.
La bondad y la maldad, como cuando nos ponemos tras un volante y nos convertimos automáticamente en demonios sedientos de sangre.
Las experiencias extrañas, esas predicciones que se cumplen o cuando pensamos en un amigo y aparece.
Curiosidades y mitos, como el famoso (y falso) de que solo usamos el 10% del cerebro o que el TDAH es un invento de las farmacéuticas.
Un panorama amplio e interesante del funcionamiento de nuestro cerebro.
Bueno.
De este modo, intentamos ordenar y entender la idea «tengo la sensación de que me falla la memoria» a través de un relato desde el que podamos ver con qué frecuencia suceden los episodios que han dado lugar a esta sensación y qué aspecto o características tienen. Es así como, en muchas ocasiones, podemos constatar que los sucesos que han llegado a preocupar tanto a la persona como para acudir a la consulta tienen unas características que los adscriben a un tipo de fallo habitualmente benigno, que todos hemos experimentado en algunos momentos y que, bajo determinadas circunstancias, es fácil que sucedan con mayor frecuencia. Entre todos estos posibles sucesos, uno que frecuentemente encontramos tiene que ver con esos momentos en los que nos dirigimos a hacer algo y de pronto descubrimos que no sabemos qué íbamos a hacer. Esto es, por ejemplo, cuando llegamos a la cocinay nos preguntamos qué hemos ido a buscar allí.
Normalmente, estas situaciones tienen un desenlace natural previsible: de forma espontánea recordamos lo que íbamos a hacer o a buscar. Pero a veces no resulta extraño que nos quedemos «pasmados» sin ser capaces de recordar por qué fuimos a la cocina. Este tipo de fallos suceden en relación con un tipo de memoria o de proceso mnésico que denominamos memoria prospectiva y que, igual que otras formas de fallo transitorio de la memoria como las que hemos tratado anteriormente, en la mayoría de los casos tiene un carácter absolutamente benigno y profundamente mediado por el componente atencional.
La memoria prospectiva engloba este tipo de procesos a través de los cuales tenemos la capacidad de recordar o de ejecutar un evento en el futuro, por ejemplo, cuando nos decimos «tengo que acordarme de comprar aceite cuando pase por un supermercado». Este tipo de memoria ilustra
una característica que, aunque la experimentemos de manera habitual sin darle demasiada trascendencia, define lo que para mí es uno de los procesos más curiosos que despliegan el cerebro y la mente humana en un contexto de normalidad. Los seres humanos «agendamos» en nuestra mente eventos futuros, sean estos a muy corto plazo, a medio plazo o a largo plazo. Un ejemplo es cuando mentalmente nos decimos algo así como «mañana a las seis tengo cita con el dentista» o «en dos horas tengo que tomarme el antibiótico». A pesar de que actualmente disponemos de una infinidad de recursos de soporte, como la agenda del teléfono móvil, en muchas ocasiones no anotamos en ningún lugar estas órdenes que nos damos mentalmente, de modo que pasan a ser algo así como una nota mental en nuestra memoria. Lo curioso es que habitualmente dejamos de pensar en esta nota mental y, a pesar de ello, cuando se acercan las seis del día siguiente o cuando han pasado dos horas, de pronto esa orden reaparece en nuestra consciencia y nos insta a realizar aquello que teníamos que hacer. Es maravilloso.
El ser humano puede mantener activa, viva y en el plano de la consciencia la información que contiene su memoria a corto plazo a través, por ejemplo, de emplear lo que denominamos el bucle fonológico, que no es otra cosa que verba-lizar internamente aquello que no queremos olvidar. Un ejemplo sería cuando nos repetimos mentalmente un número de teléfono que no hemos podido anotar hasta que encontramos papel y bolígrafo. De un modo similar, podemos usar lo que denominamos agenda visuoespacial, que no deja de ser el uso de una imagen mental, en lugar de una verbalización interna, para mantener ese recuerdo vivo. Pero en el contexto de la memoria prospectiva, es evidente que no hacemos nada de esto y que, en esencia, nos olvidamos de aquello que hemos pensado que teníamos que hacer.

No hay comentarios