Por qué me gusta leer

octubre 3, 2005

Andaba yo paladeando la deliciosa última entrada del siempre recomendable blog de Cristina donde cualquier lector compulsivo se sentirá reflejado y no me imaginaba que, en mi propia casa, mi madre me iba a sorprender con la explicación de mi gusto por la lectura. Un breve manuscrito que, abusando de su confianza, quisiera compartir con ustedes. Aquí lo tienen:


Mi madre nació en 1926. Fue niña de anteguerra, de guerra y de posguerra. Yo nací en 1948 y fui una niña de la larga posguerra en la que faltaba de todo menos envidia y mezquindad. De eso podíamos regalar.

Mi madre, por la vida que tenía de trabajar desde muy niña no fue al colegio y era, como ella dice ‘analfabeta’, y su única ilusión era que era que sus hijos aprendieran a leer. Siempre decía: ‘Aprended, hijos. No seáis como yo, que no puedo ir a ningún sitio’.

En mi barrio había una tienda de caramelos con un cartel precioso. Unos niños de aquellos mofletudos y sonrientes que parecían contar una historia que a mi madre y a mí nos tenía muertas de curiosidad. Mi madre, cada vez que pasábamos por allí, me decía: ‘Aprende pronto a leer para que me leas este cartel’. El día que leí a duras penas el cartel casi perdí las ganas de leer. Decía Caramelos y frutos secos.

Mi madre trabajaba en una fábrica de botes y cada sábado yo iba a buscarla. Ella salía con su sobrecito -y digo sobrecito porque era muy pequeño- y antes que nada íbamos a una papelería que estaba cerca de casa y allí sacaban una manta de tebeos de hadas. Yo me los hubiera llevado todos pero sólo cogíamos cuatro o cinco. Luego íbamos a la tienda a pagar lo que debíamos y volvíamos a dejar a deber otra vez. Volvíamos a casa y leíamos los tebeos. Eso era mágico. Mi madre parecía otra. Ella que siempre ha sido una mujer práctica y con pocos pájaros en la cabeza disfrutaba igual que una niña con aquellos cuentos de hadas donde todo terminaba en Boda Feliz.

Luego me fuí haciendo mayor. Tenía unos amigos que sus hermanos eran mayores y tenían tebeos de ‘El capitán trueno’, de ‘El enmascarado’ y de ‘Hazañas bélicas’. Los cogíamos a escondidas y los leíamos en un viejo estanque abandonado. Allí se nos iban las horas sin sentir.

Ya de ‘pollita’, como se decía entonces, estaban los veranos en que mi familia paterna que era toledana venían a trabajar a nuestra casa. La hermana de mi padre también es analfabeta y durante las siestas ella, mi madre y yo, sentadas bajo un castaño centenario gozábamos del placer de la lectura. Yo les leía novelas de Corín Tellado y con el tiempo, durante esas siestas mágicas, llegué a leerles las cartas de mi novio.

Aquellos tiempos son para mí o más parecido al paraíso. Trabajábamos jornadas agotadoras, dormíamos de cuatro en cuatro en colchones en el duelo, pero reíamos, jugábamos y nos disfrutábamos; éramos felices. Ahora ya tenemos de todo, pero nos falta aquello; aquel desinterés de no tener nada que envidiar y de querer disfrutarnos los unos a los otros.

Luego con el tiempo descubrí que no todo era bonito. Que mi madre otra vez nos hizo creer que el cartel decía historias bonitas y no Caramelos y frutos secos.

Estoy en la cama leyendo un libro al que todo el mundo lo pone muy bien. No sé si es bueno o no, pero a mí me ha hecho levantarme de la cama y ponerme a pensar. Porque ahora son mis hijos los que me regalan libros. Éste me lo ha regalado mi hijo Juan Pablo, el lee siempre y le gusta. A Dani le ha costado un poco más, pero ya está dentro del saco. Yo hasta esta noche pensaba que mis hijos leían por su padre y por mí, y me he dado cuenta que la señora Julia, con su deseo de saber leer -aún hoy, a sus 80 años, siempre te dice ‘leeme esto’- es la única culpable.

Ella siempre nos enseñó todo, nos cantó sus canciones, nos contó sus historias, nos regaló, a pesar de su vida triste, monótona y amarga, su sonrisa, su alegría y sus ganas de que sus hijos supieran más que ella. Gracias, mamá.


Aquí tienen a las culpables:

Abuela

Yo también quiero decir: Gracias, abuela. Y, por supuesto, gracias, madre.

P.D. En la librería donde iban mi abuela y mi madre a comprar cuentos compraba yo de pequeño tebeos con la paga de los domingos -ignorante de seguir una tradición familiar-. Cerró hace ya algunos años, y en su lugar se encuentra hoy… una tienda de caramelos y frutos secos.

11 comentarios

  • jojo octubre 4, 2005en6:14 pm

    Igualito a una novela de Dickens.

  • Gatito viejo octubre 4, 2005en9:12 pm

    Palimp, me ha encantado tu post .Este es el mejor fomento de la lectura que se puede hacer.La historia que cuentas de tu familia es todo un ejemplo de amor a la lectura . He disfrutado mucho conociéndola .Saludos

  • shGREk octubre 4, 2005en9:57 pm

    El mejor post sobre lectura en la historia universal de las bitácoras. La realidad siempre supera a cualquier otra cosa. Gracias por compartirlo con todos.

  • El lector a la sombra octubre 5, 2005en10:28 am

    El lector vive su vida y las vidas de otros. Es una forma de vivir más a lo ancho viviendo lo mismo a lo largo. Y eso ya es mucho, ¿no le parece?

  • Magda octubre 6, 2005en7:33 am

    Que hermoso texto, Palimp.

  • Portorosa octubre 6, 2005en8:51 am

    Qué historia tan bonita, qué maravilla ese interés de tu abuela, ese esfuerzo de tu madre y su orgullo por vosotros. Con cuánta intensidad parecen vivir los libros, qué diferencia con el automatismo en el que a veces caemos muchos; qué gusto.

    Me ha gustado mucho. Un saludo.

  • Palimp octubre 6, 2005en8:32 pm

    #1 Jojo, las historias de mi abuela sí que parecen de una novela de Dickens. Yo me las apunto para contarlas a mis nietos.

    Gracias a todos por vuestros comentarios. Cuando mi hermano leyó estas páginas -como pudo, porque mi madre tiene muy mala letra- en Logroño nos dio a todos la llorera.

    Lanzo la siguiente pregunta ¿Alguien se imagina que libro estaba leyendo mi madre?

  • Cristina octubre 6, 2005en11:40 pm

    Me ha encantado. La historia, por limpia y enternecedora, y descarnada y real… no me extraña que os diera a todos la llorera. Además, traza un espiral perfecta con lo de los frutos secos… Y además, son todas muy buenas razones para haber cultivado el amor a los libros. Ya me iba a extrañar que a tu hermano no le hubiera entrado el gusanillo…

    Y son monísimas las dos… 😀

    Gracias por querer compartirlo con nosotros, de verdad.

  • Palimp octubre 7, 2005en3:20 pm

    De nada Cristina. Encantado de verte por aquí 😉

  • manolito marquez septiembre 20, 2007en11:40 am

    cagonlaleshe¡¡ lo acabo de leer desde el curro y no se ande meterme que me salen unos lagrimones …

    Tu familia, entre pocos más, consiguen mermar mi misantropía

    abrasos

  • Palimp septiembre 24, 2007en11:40 am

    Y lo que te quieren en mi casa 🙂

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