Manuel Fernández Labrada. Gradus ad Parnasum.

septiembre 7, 2026

Manuel Fernández Labrada, Gradus ad Parnasum
Apeiron, 2025. 258 páginas.

Ensayo en clave paródica de los sinsabores del recorrido de cualquiera que quiera llegar a tener éxito en el mundo de las letras. Desde los tímidos comienzos hasta alcanzar ese Parnaso al que aspiramos todos.

Me he reído muchísimo con el certero y afilado retrato que hace el autor de los diferentes tipos de autores, editores y demás calaña. Pero lo cierto es que, entre broma y broma, la verdad asoma, y que lo que aquí se dice no es ninguna tontería, y estoy seguro de que muchos de los consejos le servirán a más de uno.

Así que tenemos dos obras por el precio de una, un manual con excelentes consejos para triunfar y un divertimento graciosísimo que me ha arrancado más de una carcajada.

Muy bueno.


Una vez publicado tu primer libro, también te aconsejo que no lo analices con demasiado detalle en las páginas de tu blog. Ningún otro bloguero se atreverá a reseñarlo después. Dedícale una hoja web meramente informativa, asociada o no a tu bitácora. Tampoco cometas el error de sortear o regalar ejemplares a tus suscriptores: perderás el poco crédito que tenías. El lector que se ha comprado un libro tiene un poderoso motivo para leerlo, pues a nadie le agrada reconocer que ha tirado el dinero o que se ha equivocado al elegir. Un libro regalado, en cambio, resulta sospechoso desde el primer momento, y cuesta muy poco esfuerzo deshacerse de él. De poco te servirá el haberlo adornado con una dedicatoria amable: o bien perderá la primera hoja en su viaje a la librería de segunda mano, o bien terminará arrojado al contenedor de los cartones. Y no te digo nada si además cometiste la torpeza de regalar un ejemplar de los que salieron defectuosos.
Un último consejo antes de finalizar: en cuanto juzgues que ya gozas del reconocimiento necesario para salir adelante en tu carrera de escritor, clausura el blog. Si hasta el momento eras un sospechoso advenedizo que se valía de sus reseñas para trepar, a partir de ahora serás la víctima propiciatoria que sufre el chaparrón de los libros ajenos y al que todos ponen en compromiso. Tu modesta charca se ha convertido en una piscina de lujo en la que todos tus vecinos ansian bañarse.

Lecturas y plagio inconsciente
Uno de los mayores inconvenientes que entraña mantener un blog de reseñas reside en la obligación de estar al tanto de todo lo que se publica: una servidumbre que en ocasiones se traduce en una exagerada dedicación a la lectura. Además de constituir una gravosa pérdida de tiempo, es la causa principal
de uno de los mayores errores creativos en que puede incurrir un escritor: el denominado «plagio inconsciente».
Como su nombre indica, el plagio inconsciente consiste en copiar de manera involuntaria argumentos, ideas, personajes, frases, versos, títulos, citas preliminares… de otros autores. Especialmente peligrosa resulta la costumbre de leer las novedades editoriales cuando estamos medio dormidos, ya sea en la cama o a la hora de la siesta, momentos del día en que resulta muy sencillo que las ideas ajenas pasen sin trabas al inconsciente, receptáculo donde aguardan pacientemente el momento oportuno para infiltrarse en la producción propia. Estos plagios inconscientes puntuales, en apariencia insignificantes, son similares a las minas antipersonales: aunque parezca que están bien camufladas, un crítico solvente puede detonarlas con relativa facilidad y armar mucho ruido:
«Y el resto de la novela es puro Murakami, Murakami y más Murakami [o Bolaño, Bolaño y más Bolaño]…».
El plagio inconsciente constituye uno de los mayores trofeos filológicos imaginables: la más olorosa y exquisita trufa que podemos ofrendar al fino olfato de un crítico bien informado. Es por lo tanto de vital importancia que el autor con ambiciones de originalidad —tenga o no tenga blog— vaya moderando su afición a la lectura o incluso la interrumpa por completo. Sírvanle de guía algunos insignes maestros actuales que solo leen las galeradas de sus libros. Es decir, siga los pasos de Apolo, jefe de las musas, y contemple el panorama literario circundante cómodamente sentado en su ómphalos. Y si no puede moderar sus ansias de lectura, que se limite a los textos clásicos, un territorio desconocido para la mayoría de críticos malevolentes y donde los plagios (fuentes) tienen una tradición firmemente asentada y no causan alarma alguna.

Un comentario

  • Francisco septiembre 9, 2026en11:09 am

    Hola Juan Pablo. Coincido en tu valoración. El libro de Manuel es muy recomendable. Humor e inteligencia van de la mano bajo el manto suave de la ironía.

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