
Acuarela libros, 2015. 400 páginas
Tit. or. Rotten:No irish, no blacks, no dogs. Trad. Tomás González Cobos y José Elías Rodríguez Cañas.
Biografía de Jonh Lydon, cantante de los Sex Pistols, basándose en sus propias declaraciones y las de sus allegados. Así, cuanto está contando alguna historia, se insertan apostillas de gente que también estuvo ahí y que complementan o contradicen sus afirmaciones.
Está repleto de anécdotas impagables, del relato de la vida en los barrios obreros de la época, de las disputas que tuvo con Malcom McLaren y de la opinión que tenía de Syd Vicious (resumiendo: un cretino).
Pero sobre todo te transporta a los inicios del punk, donde solo hacía falta tener rabia y ganas de subirse a un escenario para descargarla. ¡Punk not dead!
Bueno.
No había pensamientos profundos, simplemente eran imágenes místicas, demasiado estúpidas y absolutamente carentes de realidad. ¿Cómo coño íbamos a identificarnos con aquella música cuando vivíamos en casas de protección oficial? No teníamos dinero, ni trabajo, ni nada, de modo que los Pistols proyectaron esa rabia, ese odio de clase proletaria. No creo que esos sentimientos se hubieran abordado en la música hasta entonces de una manera que se apartara del show business. El rap tenía esa rabia cuando empezó, ese sentimiento visceral de clase obrera, pero ahora también ha pasado a formar parte del mundo del espectáculo, todo se reduce a ganar más dinero. Es cierto que los Rolling Stones vivían en un cuchitril, pero Mick Jagger venía de una familia acomodada. Antes de los Pistols, en el mundo de la música la mayoría de los marginados lo eran por elección propia. Ser un paria no es igual cuando eres licenciado en economía.
CAROLINE COON: En los sesenta, el rock & rol! abrió fisuras en el sistema de clases. El rock & roll fue una forma contracultural de política y por eso contribuyó a derribar barreras. Mick Jagger cambiaba su acento para parecer de clase obrera. Pensaba que para ser de clase obrera tenías que seri un tarugo descerebrado, otro prejuicio típico de la estructura británica de clases.
De repente me encontraba solo frente al mundo. Estoy seguro de que el pelo no fue la única razón por la que me echaron de casa, pero sí la gota que colmó el vaso. Mi madre, cuando nos veíamos, me daba todo su apoyo. Ella creía que era bueno que me valiera por mí mismo. Y yo, aunque intentaba verlo desde un punto de vista positivo, me sentía abandonado como un perro. Ahora, cuando lo pienso, me doy cuenta de que fue una decisión muy sensata. Si tus hijos son inteligentes no puedes permitir que se queden toda la vida en casa. Tienen que salir a enfrentarse al mundo real. Ahora lo agradezco. Me vino muy bien, no tengo ningún resentimiento.
En cuanto al hecho de que no me convirtiera en drogadicto, no tenía más que fijarme en los yonquis. Los miras y piensas: “¿Dónde está la diversión, el placer, el sentido? En ninguna parte”.
Al principio odiaba la música que tocaban los Sex Pistols. Musicalmente eran patéticos. Se empeñaban en tocar canciones cuadriculadas y simplonas en plan niños buenos. Yo buscaba algo más caóticos En nuestros mejores conciertos todo sonaba desafinado. Era muy divertido ver la cara de estupor del público, se quedaban absortos. Los mejores conciertos eran cuando el público ni siquiera se molestaba en aplaudir. Normalmente era en universidades. Curiosamente, fuera de las universidades la gente nos entendía un poco mejor. Nuestros peores enemigos eran los universitarios. Pensaban que lo sabían todo con sus discos de Emerson, Lake and Palmer. Sitios como el St. Martin’s, que estaba literalmente enfrente de donde ensayábamos. Fue gracioso, solo tuvimos que cruzar la calle con los amplificadores y las guitarras para dar nuestro primer con-ciérto. St. Martin’s era una escuela de arte en la que estudiaba Glen. íbamos de teloneros de Bazooka Joe, donde tocaba Adam Ant. Yo temblaba como un flan.
BOB GRUEN: Johnny Rotten parecía muy distante al principio, todos los demás estaban muy simpáticos, bebiendo, hablando, relajados. Steve y Paul se pusieron a ligar con las chicas. Johnny parecía más reservado, con esa mirada de loco furioso. Recuerdo que mi primera reacción fue: “¿Qué le pasa? ¿Por qué está enfadado conmigo? Ni siquiera le conozco. ¿Por qué tiene cara de que todo es una mierda?”. Tenía una actitud de rabia ante todo, s
En el fondo creo que la grandiosidad de los Sex Pistols es que siempre nos las hemos arreglado para decepcionar en las grandes ocasiones. Cuando llegaba la hora de la verdad nunca estábamos a la altura. Éramos tan malos que todo sonaba deliciosamente horroroso, y así es como tenía I
que ser. No puedes cambiar las cosas tocando melodías bonitas y canciones cursis de amor, a no ser que eso sea precisamente lo que la gente no quiera. Siempre fallaban los detalles. Todas las cuestiones técnicas, el equipo, los altavoces, los monitores…, eran un problema constante. Gran parte del equipo que teníamos era robado, aunque no por mí. Tenían casi todo —guitarras y demás— antes de que yo entrara. Para cantar no. hace falta más que el micrófono, que casi siempre era el del grupo al que telo-neábamos y que solíamos destrozar. Lo metía en los monitores hasta que reventaba.
No hay comentarios