Quintín Valiente y familia. Ni gossos ni gats ni contes contats.

marzo 31, 2026

Quintín Valiente y familia, Ni gossos ni gats ni contes contats
Pinsà, 2024. 164 páginas.

Antología de relatos de diversa índole, algunos aparentemente autobiográficos, otros muy imaginativos, en ocasiones oscuros e incluso de novela negra, en otras tiernos y luminosos. Todos con bastante calidad e incluso algunos sobresalientes.

Me ha gustado mucho.

Ana y Lucía eran dos niñas que vivían en una pequeña habitación. Para ser más exactos, en la ciento dos de la planta diez de Oncología. Cantaban, soñaban y reían como cualquier niña de su edad, pero cuando el tedio les venía a estrangular, Lucía le preguntaba a Ana, que dormía más cerca de la ventana, qué es aquello que veía a través del cristal. La nina hacía dos paréntesis con sus manos pequeñitas y corriendo la cortina le relataba a Lucía.
— Veo un quiosquero vendiendo cuentos y un perro ladrando a una señora que está corriendo con una cinta en el pelo y una pareja que se toman de la cintura y se besan sin importarles nada ni nadie… Hace un día maravilloso y feliz para ser vivido allá en el parque.
Una noche que Lucía se desveló abrió los ojos y comprobó que faltaban los enseres, los deberes e incluso la cama de Ana, pero de inmediato se durmió, y al abrirlos de nuevo pudo ver al galeno pasando consulta y sonriendo a la vez, al que preguntó:
— Doctor, ahora que mi amiga Ana no está, ¿podría ocupar su lugar y dormir al lado de la ventana?
— Claro, amor mío. Sabes que a ti no te puedo negar nada —le dijo sin dudar—, que eres la niña de mis ojos y además orden he dado para que de inmediato venga a ocupar esta habitación otra niña de tu edad y sé que os haréis muy buenas amiguitas.
Dicho y hecho, cuando todos desaparecieron entró el celador tirando de una cama con una niña sin cabello y el rostro blanco como el arroz que de inmediato entablaron amistad y conversación.
— Cómo estás? Yo soy Lucía.
—Encantada, me llamo Clara y hace días, semanas y meses que voy de planta en planta y de habitación en habitación sin saber cómo ha despertado el sol. ¿Qué te parece si tú, que estás más cerca de la ventana me cuentas cómo bostezó la mañana?
Y Lucía, haciendo dos paréntesis con sus manos pequeñitas y corriendo la cortina, comprobó que… no se veía nada, que la ventana estaba tapiada por un gran muro de hormigón y acordándose de su amiga Ana, a la que tanto amó, a Clarita le relató:
— Veo un quiosquero vendiendo cuentos y un perro ladrando a una señora que está corriendo con una cinta en el pelo y una pareja que se toman de la cintura y se besan sin importarles nada ni nadie… Hace un día maravilloso y feliz para ser vivido allá en el parque.

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