Ann Marks. Revelar a Vivian Maier.

marzo 25, 2026

Ann Marks, Revelar a Vivian Maier
Planeta, 2022. 440 páginas.
Tit. or. Vivian Maier developed. Trad. Ignacio Villaro Gumpert.

Cuando escuché hablar por primera vez de Vivian Maier quedé fascinado. Parecía un cuento: alguien compra el contenido de un almacén, encuentra cientos de carretes y las fotos son de una calidad extraordinaria, al nivel de los mejores. La fotógrafa era una niñera que vivió de manera anónima y solo la casualidad salvó su arte del olvido.

En este libro encontramos una biografía muy documentada, basada en una investigación rigurosa, con acceso a documentación y entrevistas, que nos da un panorama completo de como vivió Vivian, sus diferentes trabajos, y algunos de sus problemas de acumulación.

Como punto negativo está escrita de una manera un tanto árida, aunque la información es sobresaliente, e incluye numerosas fotografías que son un placer observar.

Muy bueno.

Vivían pudo saldar su deuda de 1979 con ayuda de los Gensburg, pero entonces Iredale se vio envuelta en un escándalo de evasión fiscal. Todo el contenido de sus instalaciones fue incautado por Hacienda y se fijó una fecha para su venta en subasta pública. Alarmada (con razón), Vivían hizo trasladar sus tesoros a Hebard Storage, y provocó otro enredo legal al ignorar el suplemento por los gastos de transporte. El tira y afloja financiero se prolongó durante casi tres décadas, hasta 2007, cuando Hebard fue adquirida por otros propietarios que, tras darle un nuevo aviso, subastaron los objetos de las cuentas en demora.
Se calcula que, en el momento de perder finalmente sus posesiones, Vivían debía dos mil cuatrocientos dólares de cuotas anuales, y aunque andaba justa de dinero, los podía haber conseguido. Cuando, dieciocho meses más tarde, falleció, aún tenía 3.884 dólares en el banco, más de mil en cheques de la Seguridad Social que no había hecho efectivos, seis mil dólares más de devoluciones fiscales pendientes de cobro, unos cuantos dividendos de acciones no depositados y la posibilidad de pedir a los Gensburg un nuevo préstamo. Pero no satisfizo la deuda y sus pertenencias fueron subastadas en otoño de 2007.
¿Por qué permitiría Vivían Maier que le fuera incautado aquello que con tanto celo y durante tanto tiempo había luchado por conservar? Lo más probable es que fuera consciente del aviso de impago, pero no le preocupara; era habitual que hiciera caso omiso de tales advertencias mientras iba pagando como podía, sin que ello le acarreara graves consecuencias. Y aun suponiendo que no hubiera recibido el aviso, sabía perfectamente que su deuda con el guardamuebles iba a vencer: llevaba más de cinco lustros pagándolo. Esta vez, sin embargo, no hizo ningún intento de liquidar la cuenta ni se interesó por sus cosas. Experta en compartimentar los problemas, y con ochenta y un años cumplidos, es posible que fuera ya incapaz de gestionar sus múltiples espacios de almacenamiento y su desbocado hábito acumulador. Puede que hubiera dejado de importarle y se hubiera liberado del lastre que llevaba arrastrando gran parte de su vida adulta. Su mundo se había reducido enormemente; ya no hacía fotos, ni visitaba los guardamuebles ni tenía vida social. Pasaba sus días sentada en su banco de Rogers Park y sus noches en un apartamento ya abarrotado con sus colecciones.

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