Tránsito, 2026. 176 páginas. Hay quienes escriben cartas de despedida y quienes escriben un libro entero porque la persona a la que va destinada lo merece. La autora mezcla pasado y presente en descubrirnos con ternura y humor la importancia que Yoli, su tía abuela, ha tenido en su vida. Un libro que, a pesar de abundar en recuerdos alegres, y de contar las cosas con mucho sentido del humor, no puede dejar de apretarte el corazón y dejarte una angustia en el pecho. Sobre todo si hay fragmentos que te resuenan por su cercanía. Muy bueno. Ya que estamos echando el chal, recuerda que está toda la historia de tu tío Fernando con la mujer esa, la que decían que era cabaretera. No me creas nada, eran puros chismes y además ya me patina la memoria. Lo bueno es que a las hijas les fue bien. Casi todas se fueron a Estados Unidos y no volvieron más; las que volvieron viven a tres cuadras de aquí y de repente asoman la cabeza por detrás de la reja para saludarme. Por cierto, ¿tú conociste a mi hermano Manuel o no habías nacido cuando murió? Trabajaba en la radiodifusora, era un…