De vuelta

septiembre 1, 2026

En aquel paraíso en la tierra que era la casa de mi abuela, entre tantos tesoros escondidos, se encontraban tres higueras. No solo nos daban generosas sus frutos, también eran un elemento de juego más. Nos servían para escondernos, para trepar por sus ramas, como escalera para subir y bajar de los tejados, como escenario de historias imaginadas.

Aquel paraíso se lo llevó una reforma urbanística, pero continúa vivo en mi corazón y mis sueños. La aparición, por sorpresa, de una joven higuera en el patio de nuestra casa en el pueblo, me ha parecido llena de significado. Como si me llegara un mensaje de mi infancia que me dijera ‘No pierdas la esperanza. Sigue adelante.’

Comienzo este nuevo curso no con el optimismo injustificado con el que comencé el año, que se demostró totalmente falso. La vida me ha pasado por encima la primera mitad del año y todavía no estoy recuperado de todas las heridas. Lo empiezo dispuesto a pelear con todo lo que me salga al paso. Aunque cojeando, sigo adelante. Afortunadamente ni amor ni amistad me faltan.

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