Chloé Wallace. Hola stranger.

junio 23, 2026

Chloé Wallace, Hola stranger
Lava, 2023. 284 páginas.

Un diario que no es diario de la autora, ampliación de notas de viaje y newsletter que escribía la autora en un blog y que el editor propuso ampliar a un libro.

Mira que me han gustado todos los libros de esta editorial, pero éste se me ha atragantado. Una prosa planísima para contar unas anécdotas insulsas y un poco pijas.

No me ha gustado nada. Otra reseña más caritativa: Hola stranger

Malo.


Mi casa perfecta son mis amigos. Tengo muchos amigos así que la casa es muy espaciosa. Estoy muy orgullosa de cuantos amigos tengo porque sí, porque me dan la vida, me llenan de felicidad. Una felicidad que sabe a mandarinas en temporada y que es como una fiesta interminable —una más—, de esas que recuerdas durante años, de esas en las que las historias se convierten en mitos. Tengo amigos que me hacen reír, que me hacen reír hasta que se me saltan las lágrimas y empiezo a resoplar como un cerdo. Tengo amigos que me defienden no matter what, amigos que si les pidiera que enterraran un cadáver conmigo probablemente dudarían un par de segundos, me mirarían raro por haber matado a alguien con mis propias manos, así de repente, sin venir a cuento, pero que de todos modos lo enterrarían conmigo en mitad del desierto —en mi peli mental, todo asesinato que se precie debe quedar cerca de un buen desierto solitario—. Tengo amigos que me dicen las cosas claras. Tengo amigos que me sacan de mi miseria a bofetadas, amigos que me abrazan infinitamente. Tengo amigos que bailan conmigo hasta que sale el sol, que se ríen de mis chistes, que me besan los párpados mientras lloro, que me dejan tocarles las tetas, que se colocan conmigo, que se emborrachan y cantan en la calle, que me acogen cuando no tengo un lugar donde dormir. Todos estos amigos son mi casa perfecta. Cada uno de sus
mimbres es un trocito de la casa. Un ladrillo. Una viga de madera. Una tarima. Lo que ellos quieran ser.
Mi casa perfecta es grande y pequeña al mismo tiempo, pero .ii·inpre acogedora. En los recovecos y en las esquinas hay espacio para que puedas hacerte grande y pequeña tú también. Para estirarte y encogerte, para que tu ego se expanda hasta desapare-। fi. En mi casa perfecta hay espacio para todo lo que necesite en <".e momento exacto y fugaz de mi vida sin sentirme extraña, sin ningún tipo de crítica. Porque mi casa perfecta no emite sentencia alj’una sobre nada. Me muevo por el espacio, pequeña y grande, lo que quiera, la piel que envuelve mis costillas se esparce por ni suelo de la cocina, del salón y del baño y se cuela por el hueco debajo de las puertas. Se mueve y ocupa la casa entera. A la casa le da igual ser casa o no. Mi casa y yo somos una. Las paredes tienen pecas y pliegues. En mi casa perfecta me siento a salvo del juicio constante que longo hacia mí misma. Me siento a salvo de ese pensamiento que me invade sin cesar, la duda irremediable de si voy a conseguir ser feliz. De si voy a conseguir estar bien. A gusto. En mi casa perfecta sé que estoy bien. No es que siempre sea feliz, pero soy consciente de que todo va a estar bien porque siempre acaba estando bien, por mucho que haya dolor y tensión y todo lo malo que tiene la vida, sé que voy a estar bien porque consigo crear un lugar en el (|ue me mantengo a flote, pase lo que pase. Siempre me mantengo a flote. Siempre consigo respirar. En mi casa perfecta respiro sin que me ayuden a contar como lo hacen cuando voy a yoga. Inhalo y exhalo profundamente y una corriente de aire fresco inunda la casa. Cuando yo respiro, respira mi casa.

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