Fiordo, 2020. 140 páginas. Lo que empieza como una novela decimonónica de enamoramiento en un tren enseguida descarrila en un conjunto de historias relacionadas por sus personajes pero que explorarán el lado oscuro del deseo, los sueños de un reino patagónico o la tragedia del exilio. Como dice Lucía Leandro, librera en La Malinche, Sara Gallardo no tiene novela mala. Aunque en este caso podríamos hablar de una colección de cuentos que se interpelan, pero que comparten elementos de crudeza, falta de esperanza, y desolación. Mi preferida, la historia de Oo. Muy bueno. Olaf, puesto aparte, degolló un cordero grande o borrego, y allí mismo vomité disimulándome detrás de un poste, pues aquel cordero asustadísimo que pataleaba con las patas atadas lloró de miedo y volcando la cabeza ofreció la garganta, y se aflojó al morir. —¡Oo! —llamó Olaf. Llegó Oo con su cuchillo en la mano —o sea, nos espiaba—, se acuclilló a desollar el cordero, y vi que el interior de la piel era de raso, y el acero con mucha velocidad lo separaba de la carne pálida, no roja como yo creía, y así como una señora deslizaba su abrigo en aquel restaurante y quedó vestida de…
Malastierras, 2019. 202 páginas. Eisejuaz es alguien que tiene comunicación directa con Dios y los ángeles anidan en su pecho. Tiene una fuerza sobrehumana y sus actos están guiados por mensajes divinos que, a veces, son difíciles de entender. Dando bandazos entre la iluminación y el abandono Eisejuaz arrastra sus pasos por la tierra. Novelón. La trama, con ese personaje que tiene una fuerza increíble, y que es víctima y verdugo de los acontecimientos, y que nunca sabemos si los elementos sobrenaturales son de verdad o delirios de una extraña lucidez. El lenguaje, con una escritura fragmentada que encaja como un guante a la voz interior de Eisejuaz y la cohorte de personajes que transitan por las páginas. El ambiente, a medio camino entre la alucinación y el realismo mágico. Todo tan bien conectado que, por una vez, estoy de acuerdo con la frase de la contraportada ‘Una novela escrita en estado de gracia’. Muy bueno. Dice Eisejuaz: Yo le entregué mis manos al Señor, porque me habló una vez. Me habló otras veces, antes, pero usando sus mensajeros. Me habló con sus mensajeros en el Pilcomayo, cuando fui chico y anduve con las mujeres juntando los bichos del monte….
Malastierras, 2021. 500 páginas. Historia de amor entre Julián, un joven de clase alta que acaba de heredar unas tierras y Lisa, pintora. Se trasladarán a las tierras, se pelearán, el viajará a París, volverá, y siempre con un carácter como paralizado, moviéndose más por los vaivenes de lo que le rodea que por sus propias decisiones. Libraco. Lo tenía todo para no gustarme: un joven sin sangre, víctima de su propia desidia, mangoneado por lo que le rodea. Una historia de amor eterna en la que hay más huidas que encuentros. Un ambiente de clase alta que cada vez me da más sarpullido cuando lo leo. Pero Sara escribe tan bien, en este libro con un lenguaje que me ha recordado mucho al de Di Benedetto, nos mete tanto en la historia, que ha conseguido emocionarme durante buena parte del libro, pese a no haber empatizado nada con el protagonista. Como dice en varios momentos no tenemos control sobre nuestra vida, se tiran los dados y hacemos lo que sale. Los últimos capítulos, brillantes. Muy bueno. Llamé a Lisa que estaba arreglando alguno de los cachivaches que entorpecían nuestros viajes y después encontraban su lugar en el primer cuarto…
Malastierras, 2019. 108 páginas. Nefer vive un día tras otro con apenas la ilusión de ver al mozo del que está enamorada y que no le hace ni caso. Pero en la boda de su prima un trabajador borracho la viola dejándola embarazada y a partir de entonces cargará con una culpa que sin ser suya marcará su destino. Impresionante novela construída con lo que la protagonista no dice, escrita de una manera impecable y con un sentido del ritmo admirable. La historia, además, te da una bofetada en la cara y el final, de una falsa felicidad, te deja el corazón encogido. Me sigue resultando sorprendente que se publiquen traducciones de obras malas y obras maestras como ésta estén escondidas en los rincones del mapa literario. Muy bueno. Porque no se puede volver atrás, el tiempo viene y todo crece, y después de crecer viene la muerte. Pero para atrás no se puede andar. Y el Negro, cuando supiese, cuando allá en el puesto, la Edilia dijera —y vaya si tenía la lengua afilada, y vaya si reiría— y el Negro tal vez sonriese, tal vez hiciera una broma —no, ah no, y era su culpa, era culpa del…