Lumen, 2009. 268 páginas. Tit. Or. Lessico famigliare. Trad. Mercedes Corral. Léxico familiar son todas esas expresiones únicas que funcionan tanto como chistes privados como elementos de enorme capaz evocadora, capaces de volvernos niños en un momento sentados otra vez en el comedor familiar. Son las pequeñas historias que transcurren en la intimidad de la familia y que tanto significan para nosotros aunque las creamos olvidadas. La autora hace un retrato de su familia en su niñez y juventud, haciendo hincapié en esas particularidades de sus padres y hermanos, sin inventar nada (afirma que, cada vez que tenía tentaciones de fabular, de redondear la narrativa, las arrancaba de cuajo). Por sus páginas se pasean personajes como Pavese o Einaudi, pero son personajes secundarios. El protagonista es la Familia, con mayúsculas. En lo particular se explica lo universal, si la prosa y el talento de la autora lo consiguen. Es el caso de este libro, que te atrapa como la mejor de las ficciones, porque no es difícil de imaginar a ese padre gritando ¡Cataplasma! ante un libro que no entiende, o a sea madre tan echada para alante que no tiene tiempo de sentarse a llorar por el pasado perdido….
Lumen, 2003, 2009. 216 páginas. Trad. Nicole d’Amonville Alegría. Algo conocía de la vida de Emily Dickinson, famosa poeta norteamericana que vivió en una relativa soledad fuera de círculos artísticos cultivando una poesía extraña y particular. Pero todavía no había leído ningún poema suyo. Ha sido toda una sorpresa, porque no parecen poemas escritos en el siglo XIX. Innovadora en lo formal -con un estilo muy particular y sorprendente-, en la temática -con unas referencias casi místicas a la naturaleza y a la soledad, el cóctel no deja indiferente. Poemas que oscilan entre el misterio y lo cristalino, que hacen resonar campanas en el alma. No me extraña que en su época fuera ignorada, se adelantó cincuenta años a su tiempo. Tampoco que ahora nos descubramos ante su extraño talento. Muy recomendable. The heart asks pleasure first The heart asks pleasure first And then, excuse from pain- And then, those little anodynes That deaden suffering; And then, to go to sleep; And then, if it shoud be The will of its Inquisitor The liberty to die. El Corazón pide Placer – primero – y luego – excusa del Dolor – y luego – esos pequeños Anodinos que amortiguan el sufrir…
Lumen, 2015. 128 páginas. Trad. Andreu Jaume. ¿Qué mala crítica escuché sobre este libro? ¿Qué comentario confundí para pensar siempre que era un tostón? No me acuerdo, pero si finalmente lo he leído ha sido por completar los cromos y lo empecé con un gesto de fastidio. Enseguida me cambio la cara. Ni tostón, ni versos oscuros y aburridos. Poesía en estado puro, cristalina, emocional, de una perfección formal exquisita, conmovedora. Lo estaba acabando al salir del metro y no sólo no pude dejar su lectura, sino que subí las escaleras casi conmocionado. Algo entendible si se leen estos versos: Aquí no hay agua sino solo roca roca sin agua y el camino de arena el camino que serpentea arriba en las montañas que son montañas de roca sin agua si hubiera agua nos sentaríamos a beber en medio de la roca no puede uno parar o pensar seco está el sudor y los pies en la arena si por lo menos hubiera agua entre la roca muerta montaña con boca llena de caries que no puede escupir uno no puede aquí estar ni yacer ni sentarse no hay siquiera silencio en las montañas sino seco trueno estéril sin lluvia…
Lumen Tenía muchas ganas de leer estas memorias de Patti Smith, que abarcan los años en los que convivió con el fotógrafo Robert Mapplethorpe, cuando todavía ninguno de los dos eran artistas de fama mundial, y ni siquiera habían encontrado su camino. Robert era pintor -todavía no había empezado con las fotografías- y Patti era poeta. En el libro nos cuenta cómo era la vida en el famoso Hotel Chelsea, su relación con el mundillo de entonces, cómo se introdujo en el mundo de la música, sus amores y las fascinantes historias de un mundo que estaba en plena ebullición. Uno disfruta con esa perspectiva privilegiada y sufre con las penalidades de estos dos jóvenes artistas. La muerte de Robert, al final del libro, se narra con una ternura que te emociona vivamente. Como defecto, el estilo. Me sorprende que una escritora como Patti tenga este estilo tan deslavazado, que se me hacía costoso de seguir. Puede ser un problema de la traducción quizás. Lo que está claro -y por otro lado se agradece- que no se ha utilizado a un negro literario para pasar a limpio recuerdos. Pese a esto, muy recomendable. Otra reseña: Éramos unos niños Hacía calor…
Lumen, 1999. 165 páginas. Tit. Or. Sei una bestia, Viskovitz. Trad. Alejandro Pérez Viza. Una auténtica sorpresa. Un libro de relatos que siempre tiene como protagonista a Viskovitz, encarnado en diferentes animales, buscando siempre el amor de Ljuba. Hay relatos verdaderamente magníficos. El lenguaje, plagado de términos biológicos, excelente. Es extraño que un auténtico desconocido publique un libro tan redondo y se acabó. También que no sea más conocido, porque es una verdadera delicia. Corran a leerlo. Estás perdiendo la cabeza, Viskovitz –¿Cómo era papá? –le pregunté a mi madre. –Crujiente, un poco salado, rico en fibra. –Quiero decir antes de comértelo. –Era un mequetrefe inseguro, angustiado, neurótico, un poco como todos vosotros, los machitos, Visko. Me sentía más cercano que nunca a aquel genitor al que no había llegado a conocer, que se había descompuesto en el estómago de mamá mientras yo era concebido. De quien no había recibido calor, sino calorías. Gracias, papá, pensé. Sé lo que significa, para una mantis macho, sacrificarse por la familia. Me detuve un instante, en grave recogimiento, ante su tumba, es decir, ante mi madre, y entoné un miserere. Al poco rato, como pensar en la muerte nunca dejaba de provocarme una…