
Páginas de espuma, 2024. 110 páginas.
Incluye los siguientes relatos:
Las Lumbres
Hasta que desearás dejar tu corazón sin sangre .
Formas de reparar lo que no está roto
Yo amo a Paquita Gallegos
Tecnocumbia para el fin del mundo
Amor mío, corazón de otro
La máscara de oso
Cabeza quemada
La balada del vaquero espacial
La persona de la que te enamoraste
Cómo desaparecer completamente
Todos rozan lo fantástico, de una manera a medio camino entre lo onírico y lo alegórico. No es difícil encontrar a qué hacen referencia los sucesos de La máscara de oso, por ejemplo, pero la belleza de la imagen que plantea la autora le añade una extrañeza que hace que el dramatismo tenga otra perspectiva.
Además están excelentemente escritos, me ha resultado un placer leerlo de principio a fin.
Muy bueno.
Cuando llegaron ellos yo era aún más niño. A uno le vi la pistola y temí. Pidieron permiso para bañarse en nuestra casa. Olían raro. Olían a leche agria. Uno se acercó a mí y me pasó la pistola por la espalda. ¿Es cierto que existen?, me preguntó. Hacía tiempo que andaban buscándolas. Ajá, dije. Te vas a venir con nosotros a guiamos. Como era niño, me querían llevar, como era niño medio mudo, pero que sabía dónde se escondían. Le dije a mamá que me iba para que no le hicieran nada, para que ya nos dejaran en paz. Salieron todos bañaditos, rayita al medio, pelos engominados, pistolas a la vista. Y nos fuimos caminando. Yo fui el que les mostró el camino. Me dicen todos que no tengo perdón de Dios, como si Dios se fuera a acordar de nosotros.
Dios no recuerda
La escritora siente un estmjón en el abdomen. Quiere rezar, pero no sabe a qué. Escucha las voces de los que están buscando. Ese dolor. Ese dolor. Ese dolor. Cuervos y gorrionas le saltan por la cabeza. Desde la rama más alta podría ver. Pero siempre ha tenido miedo a las alturas. Recuerda que morirá bien cerquita de la tierra y no sabe por qué teme. Los cuervos traen las voces de la procesión. Las voces se le hacen callo en el cuerpo. Las mataron. No. Se las llevaron primero. Porque brillaban. No es que brillaran, dice el niño, es que estaban soñando cuando todos andábamos muertos.
Ese dolor otra vez. La escritora se rinde, quiere soltar las manos del árbol. A lo mejor levite. No seas tarada, le dice la pavita de la muerte. Los que escriben no levitan. Todo lo que se nombra pesa. Pesa tanto.
Y se aleja riendo hasta tocar el sol.
LO QUE DICE LA CIEGA
Buitres había ese día. Volaban alto hasta tocar el sol. Cuando el niño se llevó a los hombres a ver a las Lumbres, vinieron los buitres a recordamos que habría muerte para rato. Unos días después el niño ya volvió solo. Le habían cortado varios dedos, le habían rapado la cabeza, le habían dicho cosas que le hicieron delirar y querer morir. Y aun así estaba vivo y volvía al pueblo porque le había jurado a su mamita que iba a volver y volvió nomás por ella. Tenemos que irnos todos, dijo. Los hombres han atrapado a las Lumbres y se las están llevando en camiones. Hartos camiones. Si no nos vamos, nos matan. Porque los vimos. Pero tanto se había demorado en regresar, porque venía haciendo camino con los pies, que ya fue tarde. Recogimos entre los vecinos lo poco que quedaba de la tierra que ya no quería damos comida y quisimos coger a nuestros animales. Pero ahí llegaron los hombres en camiones. Cogieron nuestras bestias, mataron nuestras gallinas y quemaron nuestras casas. Ni quisimos ver atrás. Pero pasaron pitando junto a nosotros que íbamos a buscar otro lugar en el que morir, otro pueblo que nos enterrara y ahí vimos las cabecitas rapadas de las Lumbres. Iban dejando una estela detrás como las algas del lago que se encienden cuando una bestia depredadora está cerca.
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