Recopilación de artículos de ese gran divulgador de las matemáticas y el escepticismo que fue Martin Gardner. Por un lado tenemos artículos de divulgación, entre los que trata temas filosóficos, como el relativismo, o uno de sus temas preferidos, el de la asimetría del universo (al que dedicó un libro entero). Por otro lado, reseñas de libros en los que no se corta y mete caña cuando la ocasión lo requiere.
Me han gustado más los primeros que los segundos, ya que los libros que nombra o son inencontrables o, si tratan de temas científicos, ya están completamente desactualizados. Los divulgativos, sin embargo, siguen siendo muy interesantes. En este libro no se centra en atacar las pseudociencias y los temas son más variados.
Los buenos divulgadores sobreviven al tiempo incluso cuando hablan de ciencia. Ha sido un placer releerlo.
Muy bueno.
Simón y otros pioneros de lo que ahora se llama inteligencia artificial: Dentro de diez años un computador será el campeón de ajedrez del mundo (Simón, 1957). Los computadores pronto traducirán de unas lenguas a otras de un modo útil, reconocerán esquemas complicados, descubrirán nuevos teoremas matemáticos importantes, etc. Dreyfus está persuadido de que tales esperanzas están condenadas de antemano.
¿Por qué? Porque, sostiene, el razonamiento humano es tan diferente del razonamiento de los computadores que no puede ser imitado en un grado importante hasta que aprendamos a construir una persona artificial, con algo semejante a un cuerpo humano, capaz de crecer, de percibir el mundo por gestalts, interactuar continuamente con su entorno; en resumen, hasta que construyamos un humanoide. El cerebro, declaró en una ocasión Minsky, sólo es un computador hecho de carne. Dreyfus parece afirmar implícitamente que ningún computador que no esté hecho de carne calculará nunca de un modo que merezca llamarse «pensar».
Es instructivo comparar el ataque de Dreyfus a Minsky (su blanco principal) con el libro de Mortimer J. Ad-ler de 1967, La diferencia del hombre y la diferencia que crea. Adler tiene el mismo escepticismo sobre el futuro de la inteligencia artificial, pero su escepticismo reposa sobre una base teológica. Para Adler, tomista o ex tomista, hay una «diferencia cualitativa radical» entre una persona y un chimpancé, y entre una persona y toda máquina posible hecha por el hombre. Por esto Adler quiere significar, aunque es remiso en decirlo abiertamente, que una persona tiene un alma trascendental que no puede ser atrapada por las leyes de este mundo.
Las animadversiones de Dreyfus tienen postulados diferentes. A juzgar por sus declaraciones y los filósofos que cita más favorablemente, es un fenomenólogo influido principalmente por Maurice Merleau-Ponty, el filósofo francés, que murió en 1961. Por lo que creo entender, Dreyfus admite que una persona no es más
que un ordenamiento fantásticamente intrincado de moléculas. Pero puesto que el cerebro está insertado en un cuerpo que puede crecer y deambular, aprende a «apuntar» (la frase favorita de Dreyfus) hacia los aspectos relevantes de una totalidad perceptual borrosa y pensar de una manera que ningún computador digital puede, en principio, imitar.
De esta concepción brotan profecías tan sombrías como optimistas eran las de Simón. Ningún computador digital, Dreyfus está convencido de ello, jugará nunca al ajedrez como los grandes maestros. Bobby Fisher no piensa en forma digital. Es verdad que MacHack, el famoso programa de ajedrez del Laboratorio de Inteligencia Artificial de Minsky en el MIT, no juega siquiera como un maestro de ajedrez, aunque hace unos pocos años, para júbilo de los críticos de Dreyfus, le dio una paliza en una partida. Además, MacHack no planea jugadas del mismo modo que Fisher. (Nadie sabe cómo funciona el cerebro de Fisher o de cualquier otro. Ni siquiera sabemos cómo recuerda algo.) Pero tampoco una máquina de tres en raya calcula del mismo modo que un niño de-diez años que juega de manera insuperable. En ninguna parte Dreyfus explica por qué MacHack no puede aprender a jugar al ajedrez como un maestro con sus propias técnicas electrónicas.
Dreyfus elogia (débilmente) a Minsky por crear un robot que percibe y levanta adoquines, pero duda que un robot pueda ser programado digitalmente para jugar al ping-pong. Hallo estas dudas incomprensibles. Un computador nunca puede escribir un buen poema, amar y odiar, divertirse o estar triste, o preguntarse por qué existe, pero jugar al ajedrez, traducir del chino y jugar al ping-pong son justamente las cosas que un computador puede aprender a hacer bien.

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