Dario Dzamonja. Cartas desde el manicomio.

abril 3, 2025

Dario Dzamonja, Cartas desde el manicomio
Sajalín, 2024. 180 páginas.
Tit. or. Prisma iz ludnice. Trad. Marc Casals Iglesias.

Antología de relatos de Dario Dzamonja, al que podríamos definir como un Bukowsky de Sarajevo. Escritor maldito que creció en las calles de Sarajevo en los años 70, emigró a Estados Unidos, y regresó porque prefería morir como escritor en Sarajevo que como cocinero en América.

Los temas suelen ser la vida bohemia, el alcohol, sus problemas como padre irresponsable, los recuerdos del Sarajevo en la guerra, la miseria de su vida en los EEUU, incluso hay un cameo del propio Bukowsky. La calidad es bastante irregular. Los hay buenísimos, que escapan de los tópicos del malditismo e incluso tienen un aire poético. Otros, sin embargo, caen de lleno en los clichés y no pasan de aventuras que ya hemos leído mil veces.

Pero por esos momentos en los que se respira la vida de verdad, merece la pena la lectura.

Muy bueno.

Dubravka, la mujer de Mujo, me dice que ha salido hace media hora y que es probable que el muy inútil se haya perdido. En el otro extremo de la barra hay un viejo borracho hecho polvo. Como tengo un imán para los pasados de rosca, sé que en algún momento se pondrá a hablar conmigo:

—La mayor parte de la humanidad me da asco. Me he follado a 2.500 mujeres, he apostado en 12.500 carreras de caballos, me he bebido el equivalente al lago Michigan en alcohol, he publicado 12 libros… Y tú, pimpollo, ¿qué has hecho con tu vida?

—Venga, Charles, basta ya… —le dice la camarera.

Pero yo la interrumpo:

—No pasa nada —la interrumpo—. Ponle una de mi parte (whisky con agua).

Porque en esa cara sin afeitar, llena de surcos profundos que tan solo el dolor puede haber abierto, en ese pelo despeinado y canoso, en esos ojos claros y azules, reconozco algo: Vratnik, Bistrik, Marindvor, el Korzo, el Istria, el Sueño, el Paseo, el Sótano Azul y el Hamán, el Jardín y el Pantano de Marinko.* En resumen, a toda la buena gente, a la gente de fiar.

—Salud, capullo —le digo—. He dejado escapar a 2.500 mujeres, me he follado a 12.500 caballos, he robado centenares de libros y tengo dos hijas. Eso es lo que he hecho con mi vida.

Veo una sonrisa brillar en sus ojos.

—Sandy, ponle una al pringadillo de mi cuenta.

—Gracias, pringado mayor.

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