Benito Pérez Galdós. La familia de León Roch.

diciembre 25, 2019

Benito Pérez Galdós, La familia de León Roch

León Roch, científico y ateo, se casa con una creyente empeñada en hacerle cambiar de opinión, el choque de las dos personalidades conducirá a un trágico final.

Novela de tesis destaca como es habitual en ela utor por el excelente retrato de la sociedad de su época. Los aristócratas venidos a menos que siguen con su vida a todo trapo pegando sablazos a quien se le ponga por delante sin pensar en cambiar de hábitos. La hipocresía de la gente que no duda en arrastrar por el fango el buen nombre de quien se le ponga por delante aunque ellos mismos tengan mucho que callar.

La primera mitad se me hizo un poco larga, pero después el libro se anima mucho y te arrastra a esa sociedad que, en muchos aspectos, sigue siendo igual a la nuestra. La última novela de la primera época de Galdós y el final de la obra ya nos anuncia lo que vendrá.

Recomendable.


León estaba profundamente abstraído,
como un matemático que busca en insondable mar de cálculos.
-¿En qué piensas? -le dijo Pepa interpelándole repentinamente.
Necesitaríamos tres capítulos para decir lo que pensaba León en aquel
instante.
-En nada -repuso con afectada indiferencia-, en miserias y farsas del
mundo.
-No puedes arrancar de la memoria a tu querida mamá política -dijo
Pepa riendo-. ¿No vas a sus reuniones? Las ha empezado con gran lujo al
llegar la época de alivio por la muerte de Luis Gonzaga, que acaeció hace
siete meses, si no me engaño. Tengo presentes las principales fechas de tu
familia. No creas… van adquiriendo fama esas reuniones.

La llevaron a su habitación. León se quedó junto a la niña. ¡Cuántas
cosas pensó en un minuto, en un solo minuto! Él mismo se maravillaba de
que la pena que sentía fuera bastante grande para llenar por entero su
alma, como si la pobre Monina fuese todo lo que el mundo contenía de
amable e interesante. Después de la muerte de su padre no había sentido él
que su espíritu se aferrase tan fuertemente a un ser querido en el momento
último. Ningún parentesco tenía con la madre ni con el padre de Monina, y,
sin embargo, sentía lo mismo que si aquel morir doloroso le arrebatara
algo que era suyo, muy suyo, íntimamente suyo. Sin duda, la madre y la
hija se confundían en aquel sentimiento de compasión inmensa, entrañable,
que ocupaba su alma no dejándole hueco para ningún otro sentimiento.
Pocos meses antes del ataque de crup [57] había intimado con Monina,
entablando con ella esas amistades que jamás son desinteresadas por la
parte menuda, pues exigen frecuentes visitas a la Mahonesa y la casa de
Schropp. Muchas veces le aconteció abandonar quehaceres graves sólo por ir
al palacio de Fúcar a jugar con Monina. ¡Era tan linda, tan alegre, tan
vivaracha, tan sabedora; era tan elocuente y expresiva su media lengua sin
gramática!… ¡Hacía observaciones tan agudas y mostraba tanto despejo y
gracia, junto con tanta amabilidad y dulzura!…

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